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Full text of "Jose Pedro Varela La Legislacion Escolar. Tomo 2"

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LA LEGISLACION 
ESCOLAR 



Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social 



BIBLIOTECA ARTIGAS 

Art. 14 de la Ley de 10 de agosto de 1950 

COMISION EDITORA 

Prof. Juan E. Pivel Devoto 
Ministro de Instrucción Pública 

María Julia Ardao 
Directora Interina del Museo Histórico Nacional 

Dionisio Trillo Pays 
Director de la Biblioteca Nacional 

Juan C. Gómez Alzóla 
Director del Archivo General de la Nación 



Colección de Clásicos Uruguayos 

Vol. 52 
Jos£ Podro Vasela 
OBRAS PEDAGOGICAS 
La Legislación Escolar 

Tomo II 

Preparación del texto a cargo de 
Josi Pedio Barban y Benjamín Nahum 



JOSE PEDRO VARELA 

OBRAS 
PEDAGOGICAS 

LA LEGISLACION ESCOLAR 




MONTEVIDEO 
1964 



0.3 90 925 



CAPITULO X 



Del dstema de inspección 

Sí nos es permitido, emplearemos una comparación 
sencilla, casi trivial, para mostrar a los ojos de todos 
cuál es la grande importancia de un sistema regular 
de inspección» 

El sistema de educación común que organiza nues- 
tro proyecto, es una máquina relativamente complica- 
da: de esa máquina cada niño y cada padre es una 
pequeña pieza^ cada maestro y cada Comisión de Dis- 
trito un engranaje, cada escuela una rueda; aquellas 
piececitasy estos dientes del engranaje, y estas ruedas 
se combinan en el conjunto para formar el todo de la 
admirable máquina encargada de hacer instruidos a 
los ignorantes, activos a los indolentes, ricos a los po- 
bres, y fuerte y feliz a un pueblo débil y desgraciado; 
pero, desde el momento en que la máquina se ponga 
en movimiento, cada piececila en su lugar, cada diente 
al engranarse, cada rueda al girar, producirán un 
roce. Suponiendo, y la suposición sería muy aventurada, 
que al empezar a funcionar, la máquina estuviera per- 
fectamente bruñida, al principio marcharía fácilmente 
y sin tropiezos, pero, a poco andar, el roce resecaría 
demasiado algunas partes, el polvo iría depositándose 
en los intersticios y trabaría el movimiento de algunas 
piezas, hasta que al fin la máquina tendría que déte* 
uerse por completo por falta de aceite. La inspección 
es el aceite de esa máquina, que necesita tanto más de 
él cuanto es compuesta de más diversas y compUcadas 
piezas* 

£7] 



JOSS FBDRO VARELA 



La inspección en general, se distribuye del modo 
siguiente: 1^ Inspectores Seccionales, nombrados por 
todas las Comisiones de Distrito de la sección a que 
el Inspector ha de pertenecer; 2^ Inspectores Departa* 
mentales, nombrados por todas las Comisiones de Dis- 
trito del Departamento; 3^ Un Inspector Nacional, 
nombrado por todas las Comisiones de Distrito de la 
República. £1 Inspector Seccional debe visitar todas 
las escuelas de su sección por lo menos una vez al 
mes; el Inspector Departamental debe visitar todas 
las escuelas del Departamento por lo menos una vez 
cada seis meses; el Inspector Nacional debe viajar por 
diferentes partes de la República por lo menos dos 
meses durante el año. Todo el personal de Inspección 
tiene por cometido velar, en la zona que respectiva- 
mente le está confiada, por el cumplimiento de la ley 
de educación común; pero, salvo en unos pocoa casos, 
expresamente determinados por la ley, los Inspectores 
no tienen más facultades que las de observar y acon- 
sejar. 

Si es grande, sin embargo, la importancia de los 
Inspectores por el auxilio que pueden prestar al maes- 
tro con sus consejos y su experiencia, más, mucho más 
grande aún, es por su acción como encargados de man- 
tener vivo en el pueblo y en las Comisiones escolares 
el celo por la educación. 

Un buen sistema de educación común necesita para 
tener vida y dar fecundos resultados, del concurso ac- 
tivo, decidido y entusiasta del pueblo: propiciar a la 
educación ese concurso debe ser el objetivo principal 
de los esfuerzos de los Inspectores; los de Sección en 
su sección, los de Departamento en su departamento, 
el Inspector Nacional en toda la República. Cuando 
se han visto los resultados que se han obtenido con la 
propaganda, naturalmente reducida y en cierto modo 



LA LIGISUCXON ESCOLAR 



intermitente, de las flociedades educacionistas, es fácil 
comprender la inmensa influencia que ejercería un per- 
sonal numeroso de Inspectores, encargados de propen- 
der al desarrollo y difusión de la educación común, 
visitando las escuelas, hablando a los niños y a los 
padres, convocando reuniones de maestros y de ami- 
gos de la educación, pronunciando discursos, escri- 
biendo artículos, publicando infonnes, en una palabra, 
ocupándose constantemente de despertar y mantener 
vivo y entusiasta el celo del pueblo por la educación. 
¿Cuántas localidades hay en la República que no tie- 
nen escuela, y en las que bastaría que un hombre em- 
peñoso se propusiese reunir a los vecinos, hacerles 
comprender la conveniencia de unirse con ese objeto 
e inducirlos a fundar una escuela, para que lo consi- 
guiese? Con el sistema de inspección que proponemos 
no habrá localidad que no tenga ese hombre empeñoso, 
porque si falta entre sus habitantes estará el Inspector 
Seccional que despierte la actividad dormida, el celo 
amoTliguado, iluminando a los que están a oscuras, y 
robusteciendo la convicción en los que ya la tienen. 

Pero, podría observarse, el personal de inspección 
estará sujeto a los mismos desfallecimientos y al mismo 
abandono que todo personal numeroso, cualquiera que 
sea el trabajo en que se le ocupe; y si habría algunos 
Inspectores dignos de estimación y aprecio que cum* 
pliesen fielmente con sus deberes, y evocasen y man- 
tuviesen vivo el celo del pueblo por la educación, ha- 
bría otros^ quizá la mayoría, que se abandonarían por 
completo, convirtiéndose en automáticos ejecutores de 
los deberes que expresamente les fueran impuestos por 
la ley, y aun algunos que ni con esos deberes cumpli- 
rían. Hay en esta observación alguna parta de verdad, 
aunque no tanta como pudiera creerse a primera vista. 
En toda corporación de hombres, reclutados entre la 



[9] 



JOSK PEDBO VABELA 



masa general, hay que dejar siempre su parte a la 
ineptitud, al egoísmo sórdido y aun al mal, ya que 
son esos elementos que entran siempre, en más o me- 
nos proporción, en la composición de todas las socie- 
dades humanas; pero hasta donde pueden prevenirse 
están prevenidos esos peligros en la ley. Por una parte 
los Inspectores Seccionales sólo durarán en sus fun- 
ciones por un año, y por dos los Inspectores Depar- 
tamentales; y no es de suponer que las Comisiones de 
Distrito reelijan a aquellos que no hayan cumplido 
fielmente con los deberes de su cargo. Hay, pues, en 
esto una primera valla opuesta a la ineptitud o al 
abandono: además, cada año o cada dos años, al prac- 
ticar la elección, las mismas Comisiones de Distrito 
señalan el sueldo de que debe gozar el Inspector, sea 
seccional o departamental, es decir, tienen en sus ma- 
nos el medio de ajustar la retribución al servicio que 
se preste. Sobre todo esto, está el aguijón de cada au- 
toridad de la inspección, que para poder cumplir su 
cometido necesita que la autoridad inferior haya cum- 
plido el suyo, siendo todas responsables ante el pueblo 
que conocerá y apreciará su conducta leyendo los ín* 
formes anuales del Inspector Nacional. Ese control del 
pueblo sobre todas las autoridades escolares es, a núes- ^ 
tro juicio, la grande idea del sistema norteamericano 
de educación común, que nos ha servido de modelo al 
formular nuestro proyecto. En las administraciones cen- 
tralizadas^ el jefe superior de la administración, llá- 
mese Ministro de Instrucción Pública o jefe del De- 
partamenlo de Educación, tiene siempre en la práctica, 
aun cuando no se consigue explícitamente en la ley, 
facultades amplísimas; ejerce casi una dictadura, en 
realidad irresponsable. Efectivamente: aun cuando un 
Ministro de Instrucción Pública o un Jefe de Educa- 



[10] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



ción sea responsable de su conducta ante la Asamblea, 
¿a quién le ocurrirá que se le siga un juicio político 
porque haya abusado de su posición nombrando un 
maestro poco idóneo para una escuela, favoreciendo a 
una localidad determinada en la distribución de la 
educación, o no mostrándose bastante activo, empe- 
ñoso e inteligente? En una administración centraliza- 
da, un Ministro hábil, ejerciendo su disfrazada dicta* 
dura, puede hacer grandes bienes; pero también un 
Ministro ignorante o abandonado, puede causar males 
que el trabajo de generaciones enteras no conseguiría 
compensar, pervirtiendo las escuelas, momificando la 
administración escolar, y desnaturalizando la sagra- 
da causa de la educación del pueblo, Y esto, sin que 
la verdad se conozca, en toda su desnudez, hasta des- 
pués que el mal se haya producido, ya que las admi* 
nistracioncs centralizadas sólo hacen conocer del pue- 
blo aquellos de sus procederes que les interesa sean 
conocidos: no hay que esperar que ün Ministro de 
Instrucción Pública o im Jefe de Educación ponga en 
conocuTiienLo de todos la decadencia de un sistema es- 
colar y el descuido de la educación pública, cuando 
esa decadencia y ese descuido deban atribuírsele, en 
gran parle, ya que no por completo. 

En el sistema de educación común que desarrolla- 
mos en nuestro Proyecto, el Inspector Nacional, que 
es el empleado de mas elevada categoría, tiene muy 
reducidas, facultades coercitivas sobre los empleados 
y autoridades inferiores. En realidad, su misión espe- 
cial, casi única, es presentar anualmente a la Asam- 
blea, en época determinada, un informe en el que se 
haga conocer el estado de la educación en la República 
en el año transcurrido; en el que se consignen tablas y 
datos estadísticos minuciosos sobre los niños que haya 



[11] 



JOBS FSORO VARELA 



en la República, los que concurran a las escuelas y los 
que dejen de concurrir a ellas; sobre los gastos y los 
recursos de la educación; sobre el número de escuelas 
que haya en cada distrito y el tiempo que hayan per- 
manecido abiertas; sobre los trabajos realizados por 
las Comisiones de Distrito y las Comisiones Departa- 
mentales ; sobre el servicio de inspección, y por último, 
sobre el modo como haya desempeñado sus f unciones, 
indicando también las mejoras y reformas que su ilus- 
tración y experiencia le sugieran: en una palabra, un 
informe que haga conocer, detallada y fielmente, el 
estado de la Educación así en toda la República, como 
en cada localidad; debiendo ese informe imprimirse 
y circularse profusamente, tan luego como haya sido 
presentado a la Asamblea. Así, pues, el cometido prin- 
cipal del Inspector Nacional es hacer que la luz de la 
publicidad penetre, cuando menos una vez todos los 
años, hasta en los más escondidos rincones de la Repú- 
blica, de manera que pueda saberse por todos, lo que 
se hace y lo que pasa, no sólo en los grandes centros, 
sino también en las pequeñas localidades; no sólo en 
puntos determinados, sino en todas partes. Y para que 
haya más independencia y más libertad en sus opinio- 
nes, los abusos que se cometan no serán obra suya, ni 
obra suya serán tampoco las mejoras que en cada lo^ 
calidad se realicen. El Inspector Nacional aconseja, 
recomienda los mejores métodos, dilucida las cuestio- 
nes, pronuncia discursos, publica artículos y diserta- 
ciones, provoca reuniones de maestros y de amigos 
de la educación; en una palabra, es propagandista de 
la educación del pueblo y del sistema establecido por 
la ley ; pero las autoridades, como el pueblo, son libres 
de aceptar o no sus indicaciones, de seguir o no sus 
consejos. Al fin del año escolar^ en un día determinado. 



[121 



I.A LEGISLACION ESCOLAR 



presenta su informe y expone el estado de la educa- 
ción en el país; pero, para la coníección de ese infor- 
me necesita datos que le son transmitidos así por las 
autoridades, locales, maestros y Comisiones, como por 
los Inspectores de sección y de departamento: recibe, 
pues, los datos necesarios de la fuente misma y los 
recibe también de los Inspectores, como medio de que 
sean verificados por los que, sin dirigir la escuela ni 
la educación, inspeccionan personalmente los procede- 
res de los maestros y de las autoridades escolares, Y es 
para esa recolección de datos e informes que el Ins- 
pector Nacional primero, y los Inspectores departa- 
mentales y seccionales después, tienen grandes facul- 
tades. El Inspector Nacional no está autorizado para 
imponer cambio, modificación, ni regla alguna a los 
maestros, salvo en reducidos casos, expresamente de- 
signados por la ley; pero tiene facultad para exigir 
autoritariamente de cualquier empleado o autoridad de 
la educación, todo dato o informe que conceptúe nece- 
sario para ilustrar su conocimiento sobre el estado de 
la educación en el país. Así, a la luz de la publicidad, 
la vista del pueblo alcanza a todas las escuelas, a todas 
las localidades, a todas partes. Aun sin necesidad de 
un sistema regular de inspección, hoy, ¿cuántos abu- 
sos hay en las escuelas de la República, que desapare- 
cerían por completo con solo hacerlos públicos, nada 
más que quitándoles el misterio que los rodea, los cu- 
bre y los engendra tal vez? Acaso para que sean siem- 
pre benéficos y fecundos los resultados de un buen 
sistema de educación es que, con más energía y más 
constancia, deben repetirse las últimas palabras de 
Goethe: «Luz, más luz». 

A diferencia de lo que sucede con un Ministro de 
Instrucción Pública o uu Jefe de Educación, el Ins* 

[lil 



JOSE PEDRO VARELA 



pector Nacional tiene una responsabilidad para ante 
el pueblo, que se hará efectiva siempre, puesto que, 
elegido por las Comisiones de Distrito, sólo podrá con- 
tinuar en su puesto, por reelección, cuando con su buen 
proceder haya sabido captarse el aplauso y las simpa* 
tías de la opinión pública que es quien lo elige, por 
intermedio de las Comisiones de Distrito» 

Así, pues, los Inspectores de sección, de departamen- 
to y el Inspector Nacional, conservan constantemente 
la vida al sistema de educación común, estimulando el 
celo y la actividad de los maestros, de las Comisiones 
y del pueblo, siendo a su vez estimulados los unos por 
los otros, y todos por el pueblo que los observa y los 
juzga. 

Como complemento natural de esa apelación cons- 
tante a la opinión pública, lodos los empleados de la 
educación son declarados personal y civilmente respon- 
sables de las violaciones conscientes de la ley que sean 
por ellos cometidas, y en cada localidad^ cualquiera 
de los respectivos habitantes, que sea elector, tiene la 
facultad de hacer efectiva esa responsabilidad ante las 
autoridades competentes. 

En cuanto a los resultados obtenidos en la práctica 
por todo sistema regular de inspección, así en los países 
donde la educación se halla centralizada^ como en los 
Estados Unidos y el Canadá, abundan los testimonios 
elocuentes en su favor. 

En el informe presentado por Horacio Mann, des- 
pués de haber visitado las escuelas de varios países de 
Kuropa, dice ese distinguido educacionista, cuyas opi- 
niones nunca serán demasiado citadas, liablcinrío de la 
Prusia; «El extraordinario sistema de medidas con que 
han sido elevadas v son hoy sostenidas las escuelas pru- 
sianas, no se comprendería sin tener en cuenta el em- 



[14] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



pleo y el carácter de los inspectores escolares» El reino 
está dividido en círculos o distritos^ y en cada uno de 
éstos hay uno o más connisionados o inspectores esco- 
lares. Esos empleados tienen algunos deberes, como los 
de nuestros comités escolares, pero sus funciones se pa- 
recen más a laa de los superintendentes, diputados pa- 
ra cada condado por el Estado de Nueva-York, de- 
biendo éstos últimos, según la ley, visitar y examinar 
todas las escuelas de sus respectivos condados, en in- 
vierno y verano, y pasar un informe de su condición 
al Superintendente del Estado. Visitando escuelas, con- 
curriendo a exámenes, y por relaciones personales, he 
visto a varios de esos Inspectores^ Han sido elegidos 
evidentemente entre los hombres más ilustrados de la 
comunidad: el empleo es a la vez de honor y bien re- 
tribuido. Es fácil comprender cuán eficaz tiene que ha- 
ber sido una clase de empleados semejantes, para ele- 
var al principio el tipo de las condiciones del maestro, 
y para crear, cuando menos, entre ellos un espíritu de 
emulación y de mejora propia». 

El Superintendente del Estado de Illinois, Mr. New- 
ton Bateman, dice, hablando de los Inspectores, en su 
informe de 1866: «La inspección de condado de nues- 
tras escuelas es el brazo derecho del poder de nuestro 
sistema: no se puede pasar sin ella: ha hecho más que 
cualquier otro agente para hacer de nuestras escuelas 
lo que ellas son, y su vivificadora influencia es más y 
más evidente a cada año. Más trabajo y mejor se ha 
realizado en el último año, que en otro año cualquiera 
desde que el sistema está establecido. Algunos de los 
resultados de la labor de esos empleados, se ven en los 
hechos y las cifras de este informe. Varios de los con- 
dados han sido casi puestos en revolución con respecto 
a las escuelas, durante el año pasado, y son los Sup er- 



[15] 



JOSE PEDRO VARELA 



intendentes de condado quienes han hecho eso. Han 
visitado las escuelas, visitado a los padres, tenido ins- 
titutos, se han dirigido al pueblo, han pasado circula- 
res, escrito para la prensa, publicado informes, y des- 
pertado y activado vivamente el espíritu público. Gra- 
cias a su influencia y a sus esfuerzos, se han conso- 
lidado distritos, se han graduado escuelas, se han 
empleado maestros superiores, se han perfeccionado 
los cursos de estudios, se han resuelto dudas, se han 
construido y fomecido casas de escuela: y el aspecto 
general de los negocios de educación se ha cambiado, 
mejorando. Sé que loa hechos se han producido así 
porque los he visto: he visitado a varios de esos bue- 
nos y fieles empleados en el escenario de su trabajo 
y he sido testigo de los resultados que describo. Y 
declaro, que es mi más íntimo convencimiento que la 
destrucción o la debilitación de las superintendencias 
de condado, sería el más rudo golpe que pudieran 
sufrir nuestras escuelas comunes». 

Mr, E. Laveleye, ocupándose de la organización ge- 
neral de la Educación en Estados Unidos, consigna es- 
tas palabras: «En el centro está la Comisión de Instruc- 
ción Pública fboard of education) a cuya cabeza se 
encuentra un funcionario de un rango muy elevado, el 
Director General o Superintendente fSuperintendent 
of Public Instruction) . En ciertos Estados como el de 
Nueva York, el Superintendente es elegido por la Le- 
gislatura; en Pennsylvania lo es por el Gobernador, 
con acuerdo del Senado; en el Oeste es nombrado al 
mismo tiempo que el Gobernador por todos los elec- 
tores del Estado. Prueba cierta de la importancia que 
se da a la instrucción pública, su sueldo iguala y so- 
brepuja a veces al de que goza el jefe del Poder Eje* 
cutivo del Estado. Por muy elevada que sea su posición. 



[16] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



no puede obrar por vfa de autoridad sobre los comités 
locales que no le están sometidos bajo ningún aspecto. 
Su misión es sólo la de ilustrar a la Legislatura y al 
público en todo lo que concierne a la enseñanza. Re- 
coge las estadísticas, visita las escuelas, y se esfuerza 
por medio de conferencias públicas, de meetings y de 
manifiestos al pueblo, en aumentar el interés general 
por el servicio que representa. Todos los años somete 
a la Legislatura un informe detallado sobre la situa- 
ción de la enseñanza en el Estado: se tira de ese docu- 
mento un gran número de ejemplares y se les distri- 
buye en todos los distritos. Los vacíos o las faltas _ 
del sistema en vigor son en ellos atrevidamente de» 
.nunoiados, y las reformas necesarias señaladas y de- 
mostradas. Algunos de esos informes, principalmente 
los de los señores E. Potter, de Rhode Island, Víctor 
Rice, de Nueva York, Horacio Mann y Henry Bar- 
nard, de Massachussets, forman admirables trabajos 
que no pueden consultarse demasiado. La belleza del 
papel y de la impresión, la elegancia de la encuader- 
nación, todo^ hasta esos pequeños detalles, muestran 
que se trata de una cosa que toca al corazón mismo de 
la nación entera. Hace treinta años no existía ninguna 
dirección superior, ni ningún sistema de inspección* 
La constitución de una oficina central y de un Super* 
intendente general ha venido a llenar ese vacio. Pero 
se han convencido de que esto no basta, y por doquiera 
hoy se han nombrado Inspectores de condado, cuya 
utilidad y necesidad es más y más apreciada. «Es ne- 
cesario, dice Mr. Rice, antiguo Superintendente de 
Nueva York, Inspectores inteligentes y enérgicos a fin 
de obtener un sistema uniforme de enseñanza^ econo- 
mía en los gastos, y una actividad real y eficaz de 
parte de loa maestros de escuela* Todo depende de la 

[IT] 

a*' 



JOSE PEDRO VARELA 



inspección: sin ella el resto poco sirve, y las escuelas 
no aprovechan al público en razón de lo que cuestan 
y de lo que se tiene derecho a esperar*. He aquí cómo 
el Inspector General comprende la misión de ios Ins- 
pectores de condado, sus subordinados: «Visitar cada 
día las escuelas, ponerse en relación con los maestros 
y los discípulos, tener reuniones públicas en las aldeas 
y en las pequeñas localidades, instruir a los otros e ins- 
truirse a sí mismos» inspirar celo y recibir a su vez 
aliento, ayudar a la organización de los cursos nor- 
males, discutir los planes de instrucción que puedan 
servir para guiar y desarrollar la razón de la juven- 
tud, despertar la solicitud de los padres, exhortar a los 
institutores y a los niños a elevarse sin cesar en la 
esfera intelectual, en una palabra, esparcir por do- 
quiera la vida y el entusiasmo; he ahí lo que se nece- 
sita para perfeccionar nuestro sistema de instrucción 
pública. Es así cómo se harán apreciar más y más al 
pueblo los beneficios de la enseñanza^ y cómo se hará 
nacer ese deseo intenso de aumentar los conocimientos 
de la juventud, que es indispensable para el éxito de 
nuestros esfuerzos». Este modo de comprender los de- 
beres de la inspección es completamente americano. 
En la mayor parte de los países europeos un Inspector 
que ae permitiera convocar a un meeting para demos« 
trar a los padres que deben instruir a sus hijos, sería 
considerado como un entusiasta que para llamar la 
atención olvida la reserva impuesta por el cargo que 
desempeña. En la organización que acaba de bosque* 
jarse, dos rasgos me llaman principalmente la aten- 
ción. En primer lugar, es la aplicación del principio 
económico de la división del trabajo. En el continente 
europeo los cuerpos administrativos ordinarios están 
encargados del cuidado de la enseñanza primaria: en 



lA LEGISLACION ESCOLAR 



América se nombran Comisiones en todos los grados 
para ocuparse únicamente de las escuelas. La ventaja 
está en que pueden elegirse así hombres especiales, 
encargados de una misión especial, y especialmente 
responsables de todos sus actos. Es el medio más se- 
guro de sacar partido de todas las fuerzas de que se 
dispone. El segundo rasgo» que merece ser notado, es 
que el solo resorte que hace marchar todo, es la -^pu- 
blicidad. La palabra y la prensa, he ahí las fuerzas 
vivas que imprimen el movimiento. El Superintendente, 
cuya influencia es inmensa, no obra sobre los legisla- 
dores, sobre los comités, sobre los electores, de quie- 
nes en el fondo todo depende, sino por medio de dis- 
cursos y de informes. La convicción hace todo: la im- 
posición nada. Este sistema supone más luces y exige 
más esfuerzos, pero es mucho más eficaz porque es 
sostenido por el apoyo decidido de todos». 

Podríamos multiplicar al infinito citaciones seme- 
jantes; pero no lo creemos necesario. La práctica cons- 
tante y uniforme muestra que la inspección regular es 
imprescindible para el progreso de cualquier sistema de 
educación: con más motivo lo es para los sistemas de 
educación común, a los que fáltales el aire vital cuan* 
do no tienen el concurso y la solicitud activa del pue- 
hlo. 

CAPITULO XI 

De la acción y la iniciatíva local 

Por nuestro Proyecto, la República se divide en de- 
partamentos, secciones y distritos. Cada Departamen- 
to actual forma un departamento escolar: cada ciudad, 
villa o pueblo^ y cada sección rural forman una seo- 



JOSE PEDRO VARELA 



ción escolar: forma un distrito toda área de terreno 
en la que se encuentren comprendidos, en Montevideo, 
de 2.000 a 4.000 habitantes; en Paysandú de 1.000 a 
2.000; en las demás ciudades, villas y pueblos, de 
500 a 1.000; y en las secciones rurales de 300 a 500 
habitantes. 

Se calcula que los niños entre 5 y 15 años de edad, 
es decir, en lo que se fija como edad de escuela, for- 
man aproximadamente el 20 por 100 de la población 
total. Tomando por base ese cálculo, cada distrito ten- 
dría que atender a la enseñanza, en Montevideo, de 
400 a 800 mños; en Paysandú de 200 a 400; en las 
demás ciudades, villas y pueblos, de 100 a 200; y en 
las secciones rurales de 60 a 100 niños. El mínimum 
está calculado, pues, de modo que en cada distrito se 
establezca^ cuando menos, una escuela primaria, y la 
razón que aconseja esa diferencia en la población que 
debe constituir cada distrito, es que, cuanto más densa 
es la población de un punto cualquiera, más fácil es 
que la escuela sea numerosa, puesto que hay muchos 
niños que fácilmente pueden concurrir a ella. En Mon- 
tevideo, donde la población está relativamente muy con* 
densada, será fácil establecer grandes escuelas, sin 
que los niños estén obligados a atravesar largas dis- 
tancias para asistir a ellas, ya que será pequeña el área 
de terreno donde se halle comprendido el número de 
habitantes que se establece para cada distrito y, pro- 
porcionalmente, lo mismo sucederá en las demás ciu- 
dades, villas y pueblos; y en Paysandú, para el que 
hemos establecido un número de habitantes interme- 
dio, porque sin ser tan densa la población como en 
■- Montevideo, lo es mucho más que en los otros pueblos 
de la República. En los centros más poblados como 
Salto, ^ray Bentos, Colonia, Mercedes, San José, etc., 

EÍO] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



los distritos alcanzarán probablemente al límite máxi- 
mo, sin que una escuela de 200 alumnos ofrezca difi- 
cultades de acceso a los niños que a ella deban concu- 
rrir; en los menos poblados, los distritos descenderán, 
probablemente, al mínimum, y entonces la escuela de 
100 niños se pondrá sin dificultad al alcance de todog. 
Restan las secciones rurales; aquí el distrito des- 
ciende hasta el mínimum a que puede llegarse para 
no acarrear enormes gastos en el sostenimiento de las 
escuelas: pero, aún así, en algunos puntos, los más 
despoblados, el distrito no podrá sostener una escuela 
permanente que esté al alcance de todos los niños, 
puesto que puede presentarse el caso de que aun el 
reducido número de 300 a 500 habitantes sólo se en- 
cuentre en una zona relativamente extensa. Para salvar 
esa dificultad, dos o más distritos de una misma sec- 
ción pueden unirse y establecer escuelas volantes, en 
las que todos los mños puedan recibir educación. Allí 
donde Iq diseminado de la población hace imposible 
la escuela fija, puede y debe establecerse la escuela 
volante, que va a buscar a los niños a donde se en- 
cuentran, y que enseña durante dos o tres meses en 
el año a 6 u 8 niños que se hallan reunidos o cerca 
de aquí, y otros dos o tres meses a otros 10 ó 15 que 
se reúnen allí, y otros meses a los de más allá, reali- 
zando de ese modo la sabia parábola del Alcorán: «Si 
lá montaña no viene hacia Mahóma, Mahoma irá ha- 
cia la montaña». Donde el niño no puede venir a la 
escuela, la escuela va hacia el niño, lo busca, lo en- 
cuentra y lo enseña* Forzosamente la escuela volante 
será siempre deficiente, escasa su enseñanza, pobres 
sus resultados, sobre todo si se le compara con la es- 
cuela establecida constantemente en el mismo punto, 
organizada con detenimiento, y regida y vigilada con 



JOSE PEDRO VARELA 



solicitud. Pero, inmensos, prodigiosos son los resulta- 
dos de la escuela volante si se le compara con la ig- 
norancia secular que va a destruir. Donde la escuela 
fija no puede establecerse, porque la población se halla 
muy diseminada^ la ignorancia presenta todos los ca- 
racteres de la naturaleza primitiva» El aislamiento en 
que viven, la presión de la naturaleza inculta que los 
rodea, la falta de estíniuloa sociales, de ejercicio de las 
facultades mentales en procederes diversos, y de los 
sentimientos delicados que se pulen y elevan en el roce 
diario de la vida social, aumentan y enlugubrecen la 
oscuridad intelectual que rodea a los ignorantes que 
viven en el desierto: y en la generalidad de los casos 
debilitan y aun inutilizan, casi por completo, el caudal 
de conocimientos que llevan en si mismos los hombres 
cultos que van a habitar por largo tiempo en el de- 
sierto. En esos casos, pues, la escuela volante que va a 
buscar hasta su retiro a las infelices criaturas a quie- 
nes el desierto rodea, sofoca y cuenta como seguras 
víctimas, realiza un trabajo de la mayor importancia 
uniendo, hasta cierto punto^ la escuela y la misión* 
Todos se explican fácilmente la inmensa influencia 
que ejerce el ferrocarril que llega al desierto: el habi- 
tante de las vastas soledades de la campaña lo ve ade- 
lantarse atónito; es la civilización que va a buscar a 
la barbarie en su misma guarida: llegarán con la lo- 
comotora, con el tren, emanaciones y efluvios de la 
vida civilizada, que irán transformando, más o menos 
rápidamente, pero de un modo constante, el salva- 
jijgmo primitivo del desierto: éste, ayer mudo, se siente 
invadido por extraños rumores que lo sacuden; es el 
bullicio de la vida civilizada, el tumulto de las ideas 
en la vida social. La escuela volante servirá para des- 
empeñar las mismas funciones: algo como una inva- 



[22] 



LA LEGISLACION ESCOLAB 



sión al desierto, como una colonización, que se pro- 
ponga, no introducir nuevos brazos, sino convertir en 
seres útiles^ en elementos de progreso, a los que la ig- 
norancia y el desierto conservaban alejados del mundo 
actual: porque con la escuela y con el maestro, con 
sus métodos^ con su disciplina, con su orden, con sus 
textos, con sus útiles, irán también gérmenes fecundos 
destinados a transformar, no sólo a los niños, sino a 
todos los habitantes del desierto. Donde quiera que la 
población vive agrupada, el ejemplo, la vida social, 
las exigencias de la vida, el trabajo, todo contribuye a 
educar y formar al niño: pero en el aislamiento del 
desierto, es la escuela la única que puede educarlo, 
instruirlo y formarlo, cuando por la ignorancia de los 
padres, falta también la educación de la. familia. Asi 
como la escuela primaria, aunque menos perfecta que 
el colegio, es más importante en sus resultados porque 
sirve para destruir por completo la ignorancia, edu- 
cando a todos los niños, asi también la escuela volante, 
en las condiciones actuales de nuestro país, y a pesar 
de su deficiencia, será una de las más importantes y 
de las más fecundas en resultados, de las instituciones 
de educación pública* 

La gradación en el número de habitantes que ha de 
constituir cada distrito tiene, pues, su explicación en 
el diverso modo cómo se distribuye la población, y 
en las diversas condiciones que exige cada escuela, 
según las necesidades a que tenga que dar satisfac- 
ción. 

En cada distrito habrá una Comisión compuesta de 

tres miembros, elegidos a pluralidad de votos, por to- 
dos los electores del distrito. Se reconocen como elec- 
tores para el nombramiento de las Comisiones de Dis- 
trito: 1^ A todos los ciudadanos legalmente habilita* 

E2S] 



JOSE PEDRO VAHELA 



dos para votar en las elecciones generales; 2^ A los 
extranjeros que, residiendo en el distrito, paguen Con- 
tribución Directa, y a lo3 que sin pagarla sean padres 
o cabeza de familia; 3*? A las mujeres, sean naturales 
o extranjeras, que residiendo en el distrito, paguen 
Contribución Directa o sean cabeza de familia, y ma- 
yores de edad. 

No hay necesidad de justificar la concesión del voto 
hecha a todos los ciudadanos legalmente habilitados 
para votar en las elecciones generales, ya que esa con- 
cesión fluye naturalmente de nuestra organización po- 
lítica: pero, no sucede lo mismo con respecto a los 
extranjeros que paguen Contribución Directa o sean 
cabeza de familia, y a las mujeres. Es esta una inno- 
vación que puede sorprender a muchos, y cuyo alcan- 
ce y tendencia puede ser fácilmente desconocido y des- 
naturalizado. 

Las Comisiones de Distrito tienen por único come- 
tido ocuparse de lo que a la escuela y a la educación 
se refiere, y a la escuela deben concurrir todos los 
niños del distrito, ya sean sus padres naturales o ex- 
tranjeros, debiendo la educación obligatoria alcanzar 
igualmente a todos: por otra parte, las contribuciones 
que se impongan sobre la propiedad para el sosteni- 
miento de la escuela y de la educación pública pesa- 
rán lo mismo sobre todos los propietarios, cualquiera 
que sea su nacionalidad. Todos están, pues, igualmente 
interesados en la buena dirección de los negocios esco- 
lares y, en consecuencia, en la elección de los miem- 
bros de la Comisión: y parece que habría injusticia 
y error en no conceder el voto a los que pagan Con- 
tribución para sostener la escuela, y a los que están 
obligados a mandar a ella sus hijos, aun cuando sean 
extranjeros, sobre todo, si tenemos en cuenta que más 

[MI 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



de la tercera parte de la población de la República no 
son hijos del país. Las niismas observaciones pueden 
aplicarse a las mujeres. Por otra parle, escaso, exce- 
sivamente escaso^ con relación al total de la población, 
es el número de ciudadanos orientales legalmente ha- 
bilílados para votar, y no concediendo el voto más 
que a éstos, para el nombramiento de las Comisiones 
de Distrito, dada la subdivisión que los distritos exi- 
gen^ habría muchos casos en los que fuera reducidí- 
simo el número de votantes, de manera que, en reali- 
dad, unas pocas personas podrían decidir a su antojo 
de la educación pública en cada distrito. Hay que 
agregar a esto, que, en las épocas anormales que tan 
a menudo se suceden entre nosotros, puede abrigarse 
el temor de que, si sólo los ciudadanos tomaran parte 
en el nombramiento de las Comisiones de Distrito, 
intervinieran en la elección las opiniones y las pa- 
siones políticas, desnaturalizando así el carácter de 
esas elecciones. La concesión, pues, del voto así a los 
extranjeros como a las mujeres* que paguen Contri- 
bución Directa o sean cabeza de familia, extendiendo 
la base electoral, serviría de correctivo al extravío que 
suele producirse en los hijos del país en las épocas de 
convulsión política, y respondería al buen principio 
de que tengan voto todos los que pagan Contribución, 
y de que inlen^engan en el nombramiento de la Co- 
misión encargada de los negocios escolares, todos los 
que tienen que mandar sus hijos a la' escuela. 

Razones semejantes nos han inducido a establecer 
que puedan ser miembros de las Comisiones de Dis* 
trito los extranjeros y las mujeres, con la limitación, sin 
embargo, de que dos, cuando menos, de los tres miem- 
bros de cada Comisión, deben ser naturales de la Re- 
pública. En realidad, no es esta una innovación en 



[25] 



JOSE PEDHO VABELA 



nuestro país; de tiempo atrás los extranjeros pueden 
ser, y son a menudo, nombrados miembros de la Co- 
misión de Instrucción de Montevideo, lo que quiere 
decir que la nacionalidad no se considera condición 
indispensable para tomar parte activa en la dirección 
de los negocios escolares: y en cuanto a las mujeres, 
el ejemplo de la Comisión Directiva de la Sociedad 
de Beneficencia está ahí para probar cuán útil puede 
ser la mujer^ empleando sus esfuerzos en auxiliar al 
desvalido o en educar al ignorante. A nadie le ocu- 
rrirá sostener, sin duda, que no tiene aptitudes para 
formar parte de una Comisión de Distrito, encargada 
de ejercer la dirección de la escuela, la madre de fa- 
milia, ese maestro ex cátedra, como la llama Horacio 
Mann, ese modelo de los maestros, como la considera 
el padre Cirard. Agréguese a esto que las Comisiones 
de Distrito tendrán que proveer lo mismo a la educa- 
ción de las niñas que a la de los niños, y se compren- 
derá que la mujer no estaría fuera de lugar intervi- 
niendo, en esas condiciones, en la dirección de los ne- 
gocios escolares. Pero hay también causas peculiares 
al estado de nuestro país que sirven para robustecer 
esas consideraciones. Al dictar una ley de educación 
es necesario tener en cuenta las condiciones generales 
de la existencia en la República, y no olvidar las tem- 
pestades que tan a menudo nos combaten. Todo siste^ 
ma de educación común funcionará mejor, dará más 
proficuos resultados, será más eficaz, cuando estemos 
tranquilos y la vida del pueblo se desenvuelva de una 
manera regular: y es principalmente para la pa2, para 
el orden^ para la vida normal que debe organizarse: 
pero, en cuanto sea posible, deben prevenirse los males 
que puedan resultar de las convulsiones políticas y ha- 
cer esfuerzos para que el soplo de la guerra civil no 



[261 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



destruya por completo toda la obra de la educación. 
Los hombres, y los ciudadanos especialmente, están 

expuestos a cada paso en nuestro país, sobre todo en 
la campaña, a verse arrancados a su hogar, a su vida 
normal, al centro en que viven: no sucede lo mismo 
con la mujer; ésta no emigra a cada paso, no sigue 
los ejércitos, no es perseguida con tanta saña por el 
encono político. Supongamos, pues, que las Comisio- 
nes de Distrito debieran componerse sólo de ciudada- 
nos: a la menor convulsión política, ¡cuántos distritos 
quedarían acéfalos! ¡cuántas escuelas serían abando- 
nadas a sí mismas! [cuántos niños se verían privados 
del alimento intelectual! Mientras que por el contra- 
rio, pudiendo formar y formando parte de las Comi- 
siones de Distrito las mujeres y los extranjeros, los 
niales de la guerra o de la agitación política no lle- 
garían hasta destruir el sistema de educación común: 
cuando los ciudadanos hubiesen empuñado las armas, 
o anduviesen perseguidos, expatriados o proscriptos, 
quedarían aún las mujeres para sostener la escuela, 
mantener la educación, y salvar el porvenir, como sal- 
van la familia, entre las agonías del presente. Por 
último, hay incontestable y positiva conveniencia en 
utilizar, en favor de la educación del pueblo, el in- 
menso caudal de inteligencia que representa la mujer, 
y que hoy se pierde por falta de empleo útil a que se 
dedique. Sólo los que creen todavía que las mujeres 
no sirven más que para hacer el puchero, y esos, para 
honor de nuestra época, son muy pocos, pueden en- 
contrar absurdo el que las mujeres formen parte de 
las Comisiones de Distrito: los demás podrán encon- 
trar pequeñas resistencias en las inveteradas preocu- 
paciones que nublan el criterio, entre nosotros, de tan- 
tas inteligencias sinceras y aun elevadas, pero no po- 



[27] 



JOSE PEDRO VARELA 



drán desconocer que nunca las funciones que la mujer 
desempeñe en las Comisiones de Distrito, y aun en la 

dirección de la escuela primaria, serán tan graves e 
iraportantes copio las que desempeña en el hogar, como 
madre de familia y primera educadora de los niños» 
Excluir totalmente a la mujer de la dirección de los 
negocios escolares, sería hacer acto de demencia; olvi- 
dar qu^ la buena escuela primaria es una prolonf^a- 
ción del hogar, y que la mujer, la madre, es la piedra 
angular de la familia. 

Las -facultades de la Comisión de Distrito no pueden 
ser más extensas con respecto a la educación de la 
localidad: nombra y destituye el preceptor, organiza 
la escuela, fija el local, establece el programa, hace 
efectiva la obligación escolar, y cobra las multas a los 
que a ella faltan, decide respecto a la enseñanza del 
Catecismo, y fija la cuota que cada uno de los propie- 
tarios del distrito debe pagar para el sostenimiento de 
la educación. En el uso de esta ultima facultad tiene, 
sin embargo, limitaciones: la cuota total del distrito 
no puede bajar de un mínimum ni exceder de un máxi- 
mum señalado por la ley: siempre que la Comisión 
crea necesario pasar de ese máximum, necesita apelar 
al voto y a la decisión de lodos los electores del dis- 
trito. Id mismo que en los casos en que quiera vender 
o permutar las propiedades escolares. La escuela y sus 
pertenencias son propiedad exclusiva del distrito, que 
puede disponer libremente de ellas. 

El pueblo es, pues, en definitiva el que organiza la 
educación pública, quien la extiende o la limita, y 
quien resuelve todo lo que a ella se refiere: el Estado 
contribuye con su parte de renta y fija ciertos límites 
más bien que a la acción, a la inacción de las locali* 
dades. Más allá de cierto límite éstas pueden obrar 



[26] 



LA L&GISLACION ESCOLAR 



Sbremente; lo que no pueden es dejar de hacer, al me- 
nos, lo que es necesario para dar a todos los niños el 
mínimum de instrucción declarado obligatorio por el 
Estado. Cada localidad entiende y obra^ pues, en cosa 
propia: sabe lo que la escuela le cuesta y los benefi- 
cios que le produce, y está en aptitud de juzgar por sí 
misma de las mejoras que le conviene introducir y de 
los esfuerzos que puede y quiere realizar» 

Observando cómo se organizan y se sostienen actual* 
mente las escuelas públicas, es fácil comprender por 
qué el pueblo las mira con indiferencia y poco se pre- 
ocupa de 9U estado. En primer lugar, la escuela pública, 
.en sus condiciones actuales, sólo siiTe a las clases po- 
bres de la sociedad; su programa, sus condiciones y 
sus medios son demasiado estrechos para que puedan 
sadsfacer las aspiraciones naturales de las clases pu- 
dientes: éstas educan sus hijos en la escuela privada, 
pagando caro para recibir una educación muy defi- 
ciente, aunque superior a la de las escuelas públicas. 
Así se establece un antagonismo y un divorcio muy 
perjudicial entre las escuelas privadas y las publicas; 
a éstas sólo deben concurrir los que no pueden pagar 
el pupilaje de sus hijos en una escuela privada; a 
aquélla no podrían asistir sin desdoro los hijos de las 
clases ricas, ya que enviar los hijos a la escuela públi- 
ca es casi hacer una declaración de pobreza, o de in- 
diferencia culpable por la educación de la prole. De 
aquí resulta que la escuela pública se considera como 
un establecimieuto de caridad, bueno para los pobres, 
pero nada más: partiendo de esa base no es fácil ele- 
var ni su nivel ni su carácter. Por otra parte, las clases 
pudientes, que son, en general, las más ilustradas y las 
que mayores esfuerzos podrían realizar en favor de la 
educación, ¿para qué ee esforzarían en mejorar las 



JOSE PEDRO VAHELA 



condiciones de la escuela pública si a ella no concu- 
rren ni concurrirán sus hijos? ¿No emplean ya gran- 
des sumas en la educación que Ies hacen dar en las 
escuelas privadas? ¿Por qué habrían de emplear ade- 
más nuevas cantidades en el sostén de las escuelas pú- 
blicas? Así las clases ricas no tienen más estímulo que 
el de la filantropía para trabajar en el mejoramiento 
de las escuelas públicas: se da para éstas como se da 
para los asilos de huérfanos o para los hospitales^ en 
nonibre de la caridad, del auxilio que debe prestarse 
a los desgraciados, pero sin que a nadie le ocurra que 
sus hijos irán a la escuela púbHca, como no le ocurre 
que irán al Asilo de Huérfanos, ni al Hospital: de ese 
modo falta a las clases ricas el grande estímulo, el más 
poderoso, el que obra más activamente sobre la gene- 
ralidad de los hombres: el interés propio. 

Por otra parte, las ciases pobres que envían sus hijos 
a la escuela pública, ¿por qué se esforzarían tan poco 
en mejorar sus condiciones? Cuando el hombre po- 
bre aprecia lo bastante los beneficios Je la educación 
para hacer sacrificios en favor de la que deben reci- 
bir sus hijos^ en vez de esforzarse para que se mejore 
la escuela publica, los manda a la escuela privada^ y 
paga el pupilaje, siguiendo así el ejemplo que le dan 
los que por su posición y su fortuna se encuentran en 
las alturas sociales. Hasta a lag mismas autoridades 
encargadas de ella llega la influencia de ese desdén 
con que se mira la escuela pública: en primer lugar, 
sin necesidad de averiguarlo, sabemos todos que los 
miembros de la Junta Económico- Administi atíva de 
Montevideo, como los miembros del Instituto de Ins- 
trucción Pública, no mandan sus hijos a la escuela del 
Estado, aun cuando son esas las corporaciones encar- 
gadas de administrarla y organizaría: son, pues, eUas 



[30] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



- mismas, las corporaciones que dirigen la enseñanza, 
las que juzgan el nivel a que se encuentran las escue- 
las públicas, y dan el ejemplo de lo que deben hacer 
las clases pudientes. Por otra parte; ¿quién ignora 
que es entre nosotros materia de todos los días, el 
andar escatimando la instrucción, y sobre todo la bue- 
na instrucción, a los niños, para ahorrar algunos cen- 
tesimos o algunos pesos? ¡Qué importa que el texto 
sea malo, si es barato! [qué importa que la casa sea 
estrecha, si el alquiler es reducido! ¡qué importa que 
todos los niños chicos, las infelices criaturas de cinco 
a ocho años, no hagan más en la escuela que sufrir el 
horrible tormento de permanecer cuatro o seis horas 
al día, inmóviles, sobre un banco duro, con los píes 
colgando, sin respaldo, repitiendo con atrofiante mo- 
notonía el A, B, C!; ¡qué importa, si así se ahorran 
algunos maestros y algunos pesos al fin del año! En 
sus condiciones actuales está muerta, pues, la escuela 
pública: es hoy la escuela de los pobres y no tendrá 
vida mientras no sea la escuela común, la escuela de 
todos. ^ 

Ese es el primer mal que resulta de la organización 
que actualmente tiene la educación pública entre no- 
sotros: el segundo es que se dispersan fuerzas que 
reunidas serian poderosas y que en la dispersión se 
esterilizan. Si se reuniesen en la República, y princi- 



1. La Intensidad de la crisis económica ha hecho que se de- 
biUte algo la exactitud de estas observaciones, puesto que 
es indudable que las clases ricas empiezan ahora a enviar 
sus hijoa a la escuela pública: sin embargo, a nuestro juicio, 
es esto más aparente que real, puesto que no resulta del con- 
vencimiento de que es necesario mejorar y popularizar la 
escuela pública» sino que ésta es gratuita, y, en los momentos 
actuales, todos piensan en ahorrar y quieren hacerlo. Eso no 
quita, sin embargo, que las condiciones generales de la escue- 
la pública sean las que hemos indicado en las observacionei 
enterioirefl. 

[SI] 



JOSE PEDRO VARELA 



pálmente en Montevideo^ las sumas que el Estado con- 
sagra a la educación y las que consagra el pueblo^ ha- 
bría quizá cómo dar satisfacción a todas las necesi- 
dades de instrucción primaria educando mucho más 
y mucho mejor. Con la división se tienen pobres es^ 
cuelas públicas y pobres escuelas particulares; com- 
binando el esfuerzo de loa individuos y del Estado, 
podrían tenerse buenas escuelas comunes que diesen 
instrucción a todos los niños. 

A este propósito responde el sistema de educación 
común que estamos comentando. La escuela, adminis- 
trada y organizada por la Comisión de Distrito, es sos* 
tenida por las contribuciones que pagan todos los pro- 
pietarios del distrito, especialmente destinadas a la 
educación. Cada uno, pues, sabe lo que paga al año 
para el sostenimiento de la educación^ y sabe que sus 
hijos tienen derecho a participar de esa educación 
costeada con los dineros de todos; es de creer, pues, 
que, cuando no más elevados motivos, el interés per- 
sonal induzca a los padres a elegir personas capaces 
para la Comisión de Distrito, con el objiíto de que la 
escuela se organice bastante bien para que sus hijos 
puedan concurrir a ella y no se esterilicen las sumas 
pagadas por cada propietario. Al contrario de lo que 
ahora sucede, el interés propio aconsejará a cada pa- 
dre de familia, y especiahnente a los miembros de las 
clases pudientes, que al cabo serán las que con mayor 
suma concurran al sostén de la educación, que haga 
todos los esfuerzos a su alcance para mejorar la es- 
cuela común. Si persistiesen, como ahora, en enviar a 
sus hijos a la escuela privada, eso no los salvaría de 
pagar su parte correspondiente de la contribución es- 
colar, debiendo notarse que para la generalidad de loa 
hombree es distinto pagar algo más en la& contribu-. 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



cienes generales del Estado, como parte que le destín* 
a la educación, a pagar una cuota determinada^ espe- 
cialmente destinada al sostén de lat escuelas: en el 
último cafio cada contribuyente te sentirá defraudado 
si, a causa de la deficiencia de la educación, no quiere 
o no puede enviar sus hijos a la escuela pública: cada 
uno se dirá a si mismo «pagamos para tener buenas 
escuelas» 9 y como tendrá siempre el remedio a mano, 
no es de creer que el abandono que haya podido pro* 
ducirse se perpetúe. El mis elevado de los motivos 
que pueden inducir a los hombres a obrar no es, segu- 
ramente, el interés personal; pero es, sin duda alguna, 
uno de los que obran con mayor actividad y más ener-* 
gia en la generalidad de los seres humanos. La gene- 
ralidad no se siente defraudada, aunque lo sea en 
realidad, cuando se aumentan las contribuciones, por* 
que una parte de ellas se dedica a la educación, si no 
se recibe esa educación que es causa del aumento del 
impuesto: ¿quién se acuerda, al pagar sus contribu- 
ciones, de que una parle de ellas es para sostener las 
escuelas públicas, y a quién le ocurriría decir que 
esas escuelas no responden a lo que cada uno tiene 
derecho a esperar de ellas con mrreglo a lo que da para 
su sostén? La verdad es que para la generalidad, la 
parte de la educación se confunde, se pierde en el con- 
junto de las rentas nacionales» Muy distinto es lo que 
sucede, por ejemplo, con el pago del impuesto de alum- 
brado y sereno; no ha mucho, cuando se suprimieron 
los serenos, hemos visto al público oponiendo resis- 
tencia para el pago de ese impuesto; lo mismo sucede 
con el alumbrado y lo mismo sucedería con el impuesto 
de educación: cada uno al pagarlo se esforzaría para 
que ae empleara bien. Además, y es esto tal vez lo 
«aencial, el nombramiento de la Cominón de DistritOi 

[93] 



JOSS PEDRO VABSLA 



U fonnaclon del censo escolar, el pago de las contri- 
buciones, los estímulos de los inspectores, todo contri- 
buye a mantener vivo en el pueblo el celo por la edu- 
cación, a hacer que se ocupe de ella, y como conse- 
cuencia, se preocupe de mejorarla y difundirla. Si 
queréis que una institución popular cualquiera, lan- 
guidezca y muera« rodeadla de silencio, haced que 
nadie hable de ella, ni la recuerde; pero al contrario, 
si queréis que las instituciones populares tengan vida 
propia, activa, enérgica, haced que el pueblo ee ocupe 
constantemente de ellas, que sean asunto de las conver- 
saciones diarias y de las preocupaciones de todos los 
momentos. Al principio, la obligación impuesta por el 
Estado a cada distrito de nombrar una Comisión, de 
levantar un censo escolar, de organizar y mantener las 
escuelas necesarias, servirá para estimular la actividad 
dormida del pueblo en favor de la educación: después, 
el convencimiento propio de cada uno continuará la 
obra dándole más vastas proporciones. Para compren- 
derlo fácilmente, basta recordar que hoy, acaso, no 
hay en toda la Nación más de cien o doscientas per- 
sonas que se preocupen algo de la educación pública, 
excluyendo naturalmente de ese número a los maestros 
de escuela: son pocas las corporaciones que, por mi- 
nisterio de ley, deben ocuparse y se ocupan de esa 
materia, y son pocos también los amigos de la educa* 
ción popular que profesan a ésta algo más que un 
amor platónico. Mientras que, organizado el sistema 
de educación común de que nos ocupamos, habría en 
la República tres o cuatro mil personas directamente 
ocupadas e interesadas en la difusión y mejoramiento 
de la educación del pueblo. Si algo, y no muy poco, 
se ha hecho con los escasos elementos actuales, ¿qué 
no se haría con ese poderoso ejército, tanto más pode- 



[94] 



LA LEGISLACION ESCOX4AB 



roso cuanto que se encontraría distribuido en todo el 
paíd, en contacto directo con los padres de íamília y 
con los sostenedores de la escuela? Un solo distrito 
que en cada sección organice bien la escuela haría en 
poco tiempo que la sección entera siguiera su ejemplo: 
en esas condiciones es incalculable la influencia que 
puede ejercer una sola escuela bien organizada, y una 
sola Comisión de Distrito hábil, empeñosa e inteli- 
gente. Por otra parte, ¿no cambiarían radicalmente 
las condiciones de la escuela pública desde que todos 
los niños, pobres y ricos, debieran concurrir a ella? 
En vez de mirarla con indiferencia, las clases más inte- 
ligentes y más ricas harían esfuerzos para elevarla a 
una altura en la que pudiera responder a sus aspira- 
ciones respecto a la educación de sus hijos, y se pre- 
ocuparían seriamente de mejorar sus condiciones, en 
vez de dejarla abandonada. En lugar de bajar la es- 
cuela pública hasta el nivel que tiene la que sirve hoy 
a las clases pobres, la educación común la elevar ia, 
cuando menos, hasta el nivel a que alcanza la que 
sirve ahora a las clases ricas. Estas nada perderían 
y aquéllas ganarían inmensamente. 

Por último, los espíritus ilustrados y los corazones 
generosos, hallarían campo fecundo donde ejercitar bu 
actividad. Sólo las inteligencias muy superiores y bien 
templadas emprenden esos grandes trabajos que re- 
quieren, para tener éxito, el concurso de todo un 
pueblo: para realizarlos son necesarias condiciones de 
tenacidad en los propósitos, de extensión en las vistas, 
de confianza en resultados lejanos, que no se hallan a 
menudo en loa hombres ; y el celo filantrópico se siente 
poco estimulado cuando teme que la ofrenda^ siempre 
relativamente pequeña del individuo, vaya a perderse 
entre el caudd de la comunidad entera representada 



[35] 



JOSE PKDRO VARELA 



por el Estado: su dádiva sería una gota de agua en el 
Océano. No sucede lo mismo cuando se trata de la 
escuela local y del distrito. El escenario es reducido, 
los resultados se obtienen pronto, las dificultades son 
menores, los medios a emplear más al alcance de todos* 
Ni en la República Oriental, ni en ninguna parte, son 
muy comunes los hombres que emprendan la tarea de 
convencer a toda la Nación de que es conveniente in- 
troducir tal o cual mejora en la organización de la 
escuela primaria: mientras que se encontrarán a cada 
paso hombres que, estando convencidos de su utilidad, 
emprendan el trabajo de convencer a sus vecinos de 
que es conveniente introducir esa misma mejora en la 
escuela de la localidad. Sucede en esto lo que en la 
propaganda oral; la generalidad de los hombres de 
alguna ilustración» hablan y discuten, y se esfuerzan 
por convencer a los demás ante una reunión de ocho 
o diez personas; pero son pocos los que se atreven a 
hacerlo ante asambleas numerosas: en las antesalas 
de la Cámara todos discuten, pero en el salón de se- 
siones la mayoría vota en silencio. Lo mismo sucede 
en los trabajos para mejorar y difundir la educación 
del pueblo: en las reuniones de distrito y en las con- 
versaciones de todos los días, habrá muchos que tra- 
bajen activamente para convencer a los demás de la 
conveniencia y la necesidad de mejorar la escuela lo- 
cal: pero de esos, pocos, muy pocos, se animarían a 
tomar la palabra en la Legislatura Nacional, o ante 
grandes asambleas, para sostener como principio y 
conveniencia general, lo mismo que hubiesen sosteni- 
do, aplicándolo a su localidad, ante sus vecinos y en 
las reuniones de distrito. 

En cuanto a los esfuerzos de la filantropía, basta 
enunciar la idea para que se -comprenda ¡ el que está 



[3«] 



liA LEGISLACION ESCOLAR 



dispuesto a donar 100 pesos, por ejemplo, los donaría 
con gusto a la escuela de su localidad porque com* 

prendería fácilmente el auxilio que irían a prestar y 
lo útiles que serían; pero, ¿qué son 100 pesos más 
arrojados en las arcas del Estado, para aumentar con 
ellos las cantidades destinadas a la educación pública? 
La verdad de esta sencilla observación ha podido cons- 
tatarse en la práclica, aun entre nosotros. Hasta ahora, 
que nosotros sepamos al menos, no se ha presentado 
el caso de que persona alguna haya donado al Gobier- 
no o al Instituto de Instrucción Pública cantidad at 
guna para la educación pública: y sin embargo, en los 
años que lleva de existencia, muchas donaciones ha 
recibido la Sociedad de Amigos de la Educación Po- 
pular de Montevideo. Es que para la Sociedad de 
Amigos» a pesar de que tiene otra extensión e interesa 
menos a una localidad determinada, una donación 
cualquiera tiene importancia, mientras que no la tiene 
para el Estado» Cierto es que, como vulgarmente se 
dice, muchos pocos hacen un mucho , y que si muchas 
pequeñas dádivas se hicieran al Estado, las cantidades 
destinadas a la educación podrían aumentarse nota* 
- blemente. Pero el que quiere y puede dar 20, 50 ó 100 
pesos, no se acuerda de que otros pueden hacer lo 
mismo; nota sólo la relativa insignificancia de la suma 
y se abstiene de hacer la dádiva* No hay que dudar, 
pues, de que la organización del sistema de educación 
común estimularía activamente la filantropía de los 
amigos de la educación, y de que, al fin del año, los 
-poquitos dados a cada distrito formarían, sumados, un 
mucho, dado a toda la educación en toda la República. 

Plácenos hacerlo notar, y aun hacerlo notar sin 
grandes frases, ya que estamos convencidos de que, 
lo que tiene de más admirable la causa de la educa- 



[37] 



JOSE PSDHO VARELA 



ción del pueblo, es que con detalles sencillos, pequeños 
para los espíritus superficiales, insignificantes en la 
apariencia, forma un conjunto donde se reflejan la 
vida y la prosperidad de las naciones. 

CAPITULO XII 

De las rentas generales de educación 

Las rentas generales destinadas especialmente, por 
nuestro proyecto, al servicio de la educación, proceden 
de dos fuentes. Los distritos levantan una contribución 
directa cuyo mínimum es de 3 pesos por cada niño en 
edad de escuela, y cuyo máximum es de 2 %c sobre 
el valor de la propiedad imponible del distrito. El 
Estado, por su parte, destina al servicio de la educa* 
ción el 10 % del valor de todas las tierras públicas 
que se vendan en adelante; lo que le corresponda por 
herencias de intestados; las multas que se impongan 
por las autoridades policiales y judiciales, y el 2 %o 
de la Contribución Directa; debiendo el Estado desti- 
nar a cada distrito una cantidad igual a la que ese 
mismo distrito haya levantado con las contribuciones 
locales» 

No pertenecemos nosotros al número de aquellos 
que, aun en el terreno esencialmente positivo de los 
gastos y recursos con que puede atenderse un servicio 
cualquiera, se complacen en formular presupuestos sin 
preocuparse de averiguar cómo han de pagarse los 
gastos que originen, ni pretendemos desconocer tam- 
poco la situación precaria en que se encuentran las 
finanzas del Estado» Así, pues» antes de exponer las 
razones que aconsejan destinar fondos especiales a la 



[3B] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



educación pública^ demostraremos que el Estado, en 
la situación en que se halla nuestra Hacienda^ puede 
destinar las cantidades que nosotros asignamos a esa 
materia, y aun que^ tal vez, sería conveniente para la 
Hacienda pública el hacerlo. 

Nada es necesario observar respecto a la parte co- 
rrespondiente al 10 % de las tierras públicas que en 
adelante se vendan: a las multas y a las herencias por 
intestados, ya que lo que esas fuentes pueden produ- 
cir en adelante no figura en nuestros presupuestos de 
recursos, de manera que el destinar a la educación lo 
que puedan dar en todo o en parte, en nada afectará 
los recursos que se le calculan ahora a la Nación para 
atender a sus presupuestos: y además, esas diversas 
fuentes representan en realidad exiguas cantidades sin 
importancia, que podrían suprimirse si no fuera por- 
que, puestas al servicio de la educación pública, au- 
mentaran algo los recursos de ésta, mientras que des- 
tinándose a las rentas generales de la Nación, poquí- 
sima o ninguna influencia tendrían para modificar 
las condiciones de la Hacienda pública. Es, pues, en 
realidad el 2 %o de la Contribución Directa lo que el 
Estado destina a la educación pública, la fuente de 
donde saldrán los recursos con que la Nación con- 
curra al sostén de las escuelas comunes. Ahora bien: 
la Contribución Directa ha producido en Montevideo 
en el año 1875, 400,000 pesos, o tal vez un poco más, 
aunque no mucho: no sabemos lo que ha producido 
en campaña, ni los datos que pudieran tenerse darían 
base sólida para los cálculos, porque la guerra debe 
haber alterado grandemente el rendimiento de ese im- 
puesto fuera de la Capital. Sin embargo, según los 
datos que contiene la obra del señor Vaillant, La Re- 
pública OrierUal del Uruguay en ¡a exposición de 

[80] 



JOSB PEDRO VARSLA 



Viena, puede calcularse que en realidad, la Contribu- 
ción Directa de Montevideo y la campana habría pro- 
ducido normalmente, un total aproximado de 700.000 
pesos en el año. Se sabe que es el 4 %o lo que se paga 
por Contribución Directa: así, pues, lo que destine* 
mos por nuestro proyecto a la educación pública, sería 
la mitad del producido total de ese impuesto, o sean 
350.000 pesos, Pero, en las condiciones actuales de la 
Hacienda pública, ¿puede el Estado destinar esa can- 
tidad a la educación? ¿No le será una carga insopor* 
table, y los otros servicios más apremiantes, más im- 
perativos, aunque no tan importantes para el porvenir, 
no se presentarían reclamando la prioridad? No: el 
Estado puede dedicar esa suma a la educación pública, 
y es esto tanto más cierto cuanto que ya la dedica, de 
manera que al asignar el 2 %o de la Contribución Di- 
recta como renta especial para la educación pública, 
no se recarga absolutamente ese rubro del Presupuesto 
General de Gastos de la Nación, He aquí la prueba 
numérica. ^ 

Según el presupuesto de 1875, que está en vigen- 
cia, el Estado destina 8 la educación pública las ei- 
guíenles cantidades: 

Educandos en Europa, etc $ 5.181 

Universidad » 31*920 

Biblioteca y Museo » 7«370 

Suscripción a la obra La Educación del 
Pueblo^ publicada por la Sociedad de 
Amigos de la Educación Popular de 
Montevideo > 1.000 



1. Véase el cuadro que publicamos al fin del volumen, en 
el que presentamos los gastos que se harán en 1876, si se 
cumple estrictamente el presupuesto que se acaba de san- 
cionar. 

[4ft] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



JUNTAS ECONOMICO-ADMINISTRATIVAS 



Montevideo, InsL Pública « . • 


% 137.600 




> 28.040 


Maldonado > » 


» 16.880 




» 16.100 


Soriano > > 


> 14,640 




» 14,340 




> 13.680 








. 10.420 




. 9.780 




> 9.040 




» 7.960 




» 7.600 299.000 


Total empleado en la educa* 





ción pública $ 344.471 



Suponiendo, pues, que la Contribución Directa pro- 
duzca un total de 700.000 pesos al año, el Estado de- 
dica hoy a la educación la mitad de esa renta, es decir 
el 2 o lo que es lo mismo, lo que por nuestro pro- 
yecto asignamos especialmente a la educación pública. 
La diferencia está, pues, en la forma y nada más: 
en lugar de fijar en el Presupuesto General de Gas- 
tos de la Nación, como se hace ahora, la cantidad de 
350.000 pesos destinados al servicio de la educación 
pública y de elevar las contribuciones lo bastante para 
que produzcan, como aumento, esa cantidad, nosotros 
suprimimos del Presupuesto General de la Nación los 
300.000 pesos destinados a la educación pública, y el 
2 ycc de la Contribución Directa que produce esa su- 
ma. No se altera, pues, el resultado final del Presu* 



[41 ] 



JOSE PEDRO VARELA 



puesto ya que se deduce una cantidad igual de los 

gastoa y de los recursos. Hay que notar, sin embargo, 
que asignando a la educación del pueblo no una can- 
tidad fija, sino el 2%d de la Contribución Directa, la 
suma con que el Estado concurra al sostén de la edu- 
cación, disminuirá o aumentará según disminuya o 
aumente el producido total de la contribución. To- 
mando por base una serie de años, es lo juicioso su- 
poner que aumentará, y no poco tal vez, el producido 
de esa contribución, pero es juicioso suponer también 
que, continuando con el sistema actual, aumentarán, 
cuando menos proporcíonalniente, las sumas deslina- 
das por el Estado a la educación pública. En realidad, 
pues, ni ahora ni en adelante el Estado destinaría más 
al sostén de la educación publica asignándole el 2 %o 
de la Contribución Directa, que lo que destinaría si 
continúa haciendo ese servicio en las condiciones ac- 
tuales: mientras que, por otra parte, en caso de que 
la Contribución Directa produjese menos de lo que 
se le calcula, el Estado habría ahorrado tanto cuanto 
fuera la diferencia entre el producido total de la con- 
tribución, y el monto total del presupuesto de educa- 
ción pública. Ahora bien: después de la honda crisis 
que acaba de atravesar el país, de los males naturales 
producidos por la guerra, y de las mil causas que han 
contribuido a detener a la República en su camino de 
progreso, casi aniquilándola, fuera utópico suponer 
que la Contribución Directa ha de producir lo que se 
calculaba por los Ministros del doctor EUauri, cuando 
estábamos en plena paz, y engañosas y falaces espe* 
ranzas halagaban el espiritu de todos. Lo que la ra< 
zón y el buen criterio aconseja, es calcular que, por 
algún tiempo al menos, la Contribución Directa no 
alcanzará a producir la cantidad da 700.000 pesos en 



[43] 



LA UCGISIiACION ESCOLAR 



el año. Lejos, pues, de imponer al Estado mayores sa- 
crificios de los que hoy hace en favor de la educa- 
ción^ no hacemos más' que disminuir» tal vez, la im- 
portancia de esos sacrificios al asignar a aquélla, co< 
mo renta especial, el 2 %c de la Contribución Directa. 

Casi llegarían a duplicarse, sin embargo, las sumas 
que a la educación pública se dedicasen, ya que cada 
distrito tendría que levantar, cuando menos, la canti- 
dad de 3 pesos por cada niño que hubiera en edad de 
escuela, lo que con arreglo al cálculo que nos ha aer- 
vido de base para apreciar el número de habitantes 
que debe tener cada Distrito, y suponiendo que la 
población total de la República sea de 500.000 almas, 
produciría por lo menos un total de 300.000 pesos 
anuales levantados por los distritos, duplicándose en 
consecuencia la cantidad que hoy se destina a la edu- 
cación pública. 

Hemos creído dejar demostrado que el Estado po- 
dría dedicar a la educación del pueblo el 2 %o de la 
Contribución Directa, sin hacer por eso mayores sacri- 
ficios de los que hoy hace, o tal vez haciéndolos me- 
nores: vamos a tratar de demostrar ahora que el pue- 
blo podría pagar las contribuciones levantadas por los 
distritos para el sostén de la educación pública, a pesar 
de lo inmensamente recargado de impuestos que se 
encuentra, y a pesar de las dificultades económicas 
por que atraviesa el país. 

Según los informes publicados por el señor Vaillant 
en el interesante libro que antes hemos citado, en 1872 
se educaban en toda la República 16.786 niños, dis- 
tribuidos del modo siguiente: 

En- escuelas privadas 5.494 

» » públicas 11.292 



[43 3 



JOSX F2DRO VARELA 



Hay que obseirar, sin embargo, que entre las escue- 
las públicas figuran, no sólo las sostenidas por el Es* 

ta do, sino también las que sostienen la Sociedad de 
Amigos de la Educación Popular, la Sociedad Filan- 
trópica, la de San Vicente de Paul, las Hermanas de 
Caridad^ las señoras de Jackson, y las que había en 
el pueblo de La Paz, que formaban un total de 813 
alumnos en el Departamento de Montevideo, a los que 
habría que agregar 200 niños educados en las escuelas 
de la Sociedad de Amigos de la Educación Popular en 
Nueva Pahnira y el Carmelo» Con arreglo^ pues, a los 
cálculos del señor Vaillant, que hasta donde hemos po- 
dido verificarlos, son bastante aproximados, la pobla^ 
ción total de las escuelas en 1872 se distribuía del modo 
siguiente: 

Escuelas públicas sostenidas por el Estados 10.279 
» > » » particulares 1.013 
* privadas 5.494 

Total de niños y niñas que se educaban . . 16.786 

Supongamos que desde entonces acá, es decir, en 

los tres últimos año», la población total de las escuelas 
haya tenido un aumento de un 15%, lo que no es exa- 
gerado, porque es últimamente que se ha hecho sentir 
algo el interés del pueblo por la educación; y si bien 
es cierto que en campaña puede no haber seguido esa 
progresión a causa de la guerra, no lo es menos que 
esa diferencia estaría más que compensada por el rá- 
pido incremento que han tenido las escuelas de la 
Junta Económico-Administrativa de Montevideo, gra- 
cias a los patrióticos esfuerzos de don José María Mon- 
tero (hijo), Director de Instrucción Pública: la ins- 
cripción en Ia3 escuelas de la Junta de Montevideo se 

t441 



I 



LA U&GXSLACION ESCOLAR 



ha elevado de 5.710 que era en 1872, a más de 7.400 
en 1875, es decir, un aumento de más de 30 % para 
esas escuelas, y de más de 10 % sobre el total de la 
población de las escuelas en toda la República en 1872* 
Suponiendo, puea« un aumento, en término medio, de 
15 %, la población actual de las escuelas seria apro* 
ximadamente: 



Escuelas públicas sostenidas por 
el Estado 

Escuelas públicas sostenidas por 
particulares i 

Escuelas privadas < 

Total de aliimnos en las escuelas 

en 1875 



11.306 niños 

1J14 » 
6.043 » 



18.463 » 



Sabemos lo que gasta el Estado: lo que necesitamos 
averiguar ahora es lo que el pueblo gasta en la edu- 
cación de los 1,114 niños que se instruyen en las es- 
cuelas publicas sostenidas por particulares y de los 
6.043 que se educan en las escuelas privadas. Para los 
niños que se educan en las escuelas públicas, sosteni- 
das por particulares, tomaremos por base lo que cos- 
taban en 1872 las escuelas públicas de la Jimta de 
Montevideo y la escuela de la Sociedad Filantrópica. 
Según el señor Vaillant, la instrucción en las escuelas 
de la Junta cuesta al año, por cada niño, 18 pesos 20 
centesimos, o aproximadamente 1 peso 50 centesimos 
al mes ; incluyendo en ese costo lo que se paga por al- 
quileres de casa, que era en 1872, 32.000 pesos para 
5.710 niños, o lo que es lo mismo 5 pesos 60 centési- 
mos por cada niño. En la escuela de la Sociedad Fi- 
lantrópica, en un período de diez años, los gastos dan - 

[46] 



JOSE PEPRO VARELA 



un término medio de 11 pesos 60 centesimos al año 
por cada niño, sin contar lo que corresponde al alqui- 
1er de la casa: ei, pues, agregamoa a esa suma lo que 
gasta la Junta en alquileres, resultará que la educación 
de cada niño cuesta a la Sociedad Filantrópica 17 pesos 
20 centesimos al año, o 1 peso menos que lo que le 
cuesta a la Junta de Montevideo» Podemos calcular, 
pues-, que la educación de cada niño que se educa en 
las escuelas públicas sostenidas por particulares cuesta, 
por lo menos, 1 peso 50 centesimos al mes, o sean 
18 pesos al año, o para los 1.114 niños un total de 
20.052 pesos. En cuanto a los niños que se educan 
en las escuelas privadas^ la apreciación tiene que ser 
más hipotética, puesto que hay mucha variedad en la 
clase de las escuelas privadas -y en la mensualidad 
que se paga por asistir a ellas. El mínimum, sin em- 
bargo, de la mensualidad para los niños chicos, en la 
generalidad, casi en la totalidad de los casos, es de 
3 pesos al mes, o sean 36 pesos al año: mientras que 
en muchas escuelas y colegios, sobre todo cuando se 
da una instrucción algo extendida, y se aprenden idio- 
jtnas, la mensualidad se eleva a 8 y 10 pesos mensuales 
o sean 120 pesos en el año. A esto se agrega el costo 
de los textos y útiles, que los padres saben bien no es 
insignificante en la mayoría de los casos. Calculamos, 
pues, bajo, exageradamente bajo tal vez, si fijamos la 
suma de 4 pesos como término medio de la mensua* 
lídad, incluso los textos, que paga cada niño que se 
educa en las escuelas privadas. Aceptando esa base, 
la educación de los 6.043 niños que asisten a escuelas 
privadas, costaría anualmente a sus padres la suma de 
290.064 pesos, y tendríamos entonces, que se gasta 
ahora en la educación, aproximadamente: 



[46] 



lA LEGISLACION ESCOLAR 



En las escuelas sostenidas por el Estado | SOO.OOO 
Universidad, educandos en el extranjero 
y Biblioteca, etcétera > 44.471 

Total que gasta el Estado t 344.471 

Mantenimiento de escuelas 
públicas sostenidas por 
particulares $ 20.052 

Sostén de escuelas privadas » 290.064 » 310J16 

Total que se gasta en la educación en to- 
da la República I 654.587 

Ahora bien: lo que obUgatoríamente, y como míni- 
mum, se dedicaría al sostén de la educación común, 
según nuestro proyecto, seria aproximadamente: 

Por el Estado: 2 %o de Contribución 

Directa S 350.000 

Por los Distritos: 3 pesos por cada niño» 

100.000 niños * 300.000 

Total mínimo empleado en la educación 
común S 650.000 



No se aumentarían, pues, loa gastos del Estado ni 
los de los particulares: la Nación, en su conjunto, em- 
plearía en la educación lo mismo que ahora emplea, 
sólo que esas cantidades se distribuirían mejor, de 
manera que en lugar de recibir educación no más de 
18 a 20.000 niños, pudieran recibirla 70 u 80.000. 
Naturalmente, no pretendemos sostener que con esas 
cantidades pudiera darse una educación esmerada a 
todos los niños de la República; lejos, muy lejos de 
eso; perOj si, dejar demostrado que la parte con que 



[47] 



JOSE PEDRO VARELA 



obligatoriamente tendría que concurrir el pueblo par* 
el sostén de la educación común, no le exigiría mayo* 
res Bacrificios de los que hoy hace. Tendrían» sin em- 
bargOp que hacer mayores, mucho mayores esfuerzos 
los Distritos y las localidades que quisieran dar una 
buena educación a todos sus niños. Caro nos parece 
que es lo que cuesta la instrucción de cada niño en las 
escuelas públicas, según los datos del señor Vaillant, 
pero como no es esta una cuestión de opiniones sino 
de hechos, tomamos esa base y hacemos notar que, 
con arreglo a ella, habría cómo mantener abiertas du- 
rante seis meses en el año, escuelas bastantes para edu* 
car 70 u 80.000 níños^ con el 2 %c de la Contribución 
Directa y el mínimum de contribución que cada distri-» 
to está oMigado a levantar para el sostén de la educa- 
ción común. Aún así, quedarían no pocos niños sin 
recibir instrucción, y estaríamos lejísimos de los re- 
sultados admirables obtenidos por algunos estadoa de 
la Unión Americana, que, como Illinois^ Ohio e In- 
diana, tienen un niño en las escuelas para cada 3.3, 
3.5 y 3-6 habitantes, lo que haría que, proporcional- 
mente, debiéramos tener nosotros, para 500.000 habi- 
tantes, aproximadamente 150.000 alumnos en las es- 
cuelas, o cerca de diez veces más de los que tenemos; 
no hay, sin embargo, para qué soñar con perfecciones 
que sólo pueden alcanzarse después de muchos esfuer- 
zos continuados, de una larga serie de años, y de la 
concurrencia armónica de mil causas que en el Norte 
de América concurren a favorecer la educación, y que 
entre nosotros permanecen inactivas o la contrarían. 
Por el momento, y por algunos años aún, podríamos 
darnos por satisfechos, si de 18.000 eleváramos hasta 
70 u 80.000 el número de los niños que concurriesen 
a las escuelas y recibieraji educación: pudiéndose afir- 
es] 



LA LEGISLACION ESCOLAE 



mar, además, sin temor de equivocarse, que cuando 
a tal estado llegáramos nos parecería mucho más fácil 
llegar a los nuevos sacrificios que nos demandaría 
la educación pública para duplicar el número de niños 
en las escuelas, que lo que nos parecería hoy elevar 
las cifras que gastamos en la educación, de 600.000 a 
1:000.000 de pesos en el año. 

Convertido en ley el proyecto que presentamos, con 
los 650.000 pesos que, como mínimum, se destinarían 
a la educación común, habría cómo educar 70 h. 
80.000 niños, pero dándoles simplemente una escasa 
instrucción elemental» Desde que conceptuamos eleva- 
do el costo actual de la enseñanza, podríamos suponer 
que, dándole una mejor organización, algo se ahorra- 
ría, pero preferimos creer, porque es lo probable, que 
no se disminuyesen los gastos, sino que mejorara la 
educación: es decir, que gastando, como ahora, 18 pe- 
sos anuales en cada niño, se diese en las escuelas co- 
munes una instrucción muy superior a la que se da 
hoy en las escuelas del Estado: se tendría, pues, por 
el mismo precio, mejor educación. Confirman esta su- 
posición los mismos datos que nos sirven de base: 
según ellos, cuestan lo mismo las escuelas de la Junta 
de Montevideo que la de la Sociedad Filantrópica, y 
es fuera de toda duda que la instrucción que se da en 
ésta es muy superior en cantidad y calidad a la que se 
da en la mayoría de las escuelas del Estado. De todos 
modos, y aun cuando mucho mejoraran las condicio- 
nes de las escuelas primarias que con esos recursos 
se podrían establecer, quedarían sin ser satisfechas las 
aspiraciones de cultura más elevada que tienen las 
clases pudientes de la sociedad, y que son las que dan 
vida hoy a las escuelas privadas. Es para responder 
á fisas exigencias^ para dar satisfacción a esas legíti- 

[«] 

4*» 



JOSE PEDRO VARELA 



mas aspiraciones^ que las localidades donde ellas se 
manifestaran tendrían que hacer mayores sacrificios 

de los que hoy hacen. En ese terreno figuraría, sin 
duda alguna, Montevideo en primera línea; no basta 
a las exigencias de cultura de las clases pudientes de 
la Capital» la instrucción elemental que podrían ofre- 
cer las escuelas comunes cuando en ellas no debiera em- 
plearse más que 18 pesos anuales por cada alumno^ 
pero, ¿no podría Montevideo hacer los sacrificios, si 
es que sacrificios pueden llamarse, que serían necesa- 
rios para extender el programa de las escuelas comu- 
nes y fundar escuelas de gramática, y de enseñanza 
primaria superior, y aun de enseñanza secundaria, o 
colegios? Por nuestra parte estamos convencidos de 
que a este respecto no. pueden, siquiera, abrigarse du- 
das: Montevideo podría no querer gastar lo necesario 
en la educación de sus hijos, y con eso daría sólo una 
prueba de atraso moral que contrastaría con el ade- 
lanto material de que se enorgullece ; pero hasta cierto 
punto ea absurdo decir que no podría pagar los gastos 
de una buena educación para sus hijos, la fastuosa 
ciudad que emplea no sabemos cuántos centenares 
de railes o millones de pesos en rodearse de quintas 
de recreo: que gasta más de 300,000 pesos al año en 
funciones de teatro; no sabemos cuántos centenares 
de miles en brillantes y encajes, y lo que es peor, máa 
de 50,000 pesos anuales en corridas de toros, y otro 
tanto, si no diez veces más, en números de lotería» 

No hay para qué preocuparse, pues, de Montevideo: 
tiene de sobra, y si^ lo que no suponemos, una vez 
puesto en práctica un sistema de educación común, no 
tuviese el número de escuelas y colegios que le serían 
necesarios, serviría eso para acusar no pobreza, sino 
atraso en las clases pudientes. Observaciones seme- 



LA LEGISLACION ESCOLAH 



jantes pueden aplicarse proporcionálmente a la mayor 
parte de las demás ciudades, villas y pueblos de la 
República: en más o menos grande escala, todos po- 
drían hacer sin dificultad los esfuerzos necesarios para 
responder cumplidamente a las exigencias de una bue- 
na educación común. 

* Es en la campaña, en las secciones y distritos rura- 
les, donde la pobreza podría presentar obstáculos 
dignos de tomarse en cuenta: pero, aun éstos, podrían 
vencerse en la generalidad de los casos por las Comi- 
siones de Distrito. En general el propietario es relati- 
vamente rico en nuestra campaña, donde tan poco frac- 
cionada se halla la propiedad: así que las dificultades 
surgirán muchas veces, más bien que de falta de me- 
dios, de carencia de capital disponible: es decir, que 
se presentarán muchos casos en los que los estancieros 
o' los agricultores tendrían grandes dificultades para 
pagar una contribución escolar algo elevada, si debie- 
ran hacerlo en moneda circuíanle, pero no les suce- 
dería lo mismo, si pudieran hacer el pago en especies, 
¿No se cree que sería fácil, relativamente, obtener los 
recursos necesarios para mejorar las condiciones- de 
una escuela, si en vez de pedir tal o cual cantidad de 
dinero se aceptase que el estanciero diera dos o tres 
vacas y el agricultor otras tantas hanegas de trigo? 
En algunos puntos de la campaña de Suecia y de No- 
ruega, y aun en algunos puntos de Francia, el maestro 
no recibe su sueldo en dinero, sino en especie: el con- 
tribuyente para el sostén de la escuela no paga una 
suma determinada de contribución en medio circulante, 
sino que entrega una cantidad de trigo, de papas, de 
leña, etc, que representa su parte de impuesto. De ese 
modo el sostén de la escuela se hace menos gravoso pa- 
ra el pobre y el pago de su parte de contribución se le 



[51] 



JOSE PEDRO VARBLA 



presenta en condiciones que le parecen menos^ onero- 
sas. ¿No podrían, entre nosotros, seguir un proceder 
semejante las Comisiones de Distrito en los distritos 
y secciones rurales? ¿No se cree que habría en cam- 
paña muchos pequeños estancieros que tendrían difi- 
cuitad para pagar 20 ó 30 pesos de contribución para 
el sostén de la escuela, pero que con facilidad se pres- 
tarían a dar gratuitamente la casa para escuela, o a 
entregar algunas vacas por su parte de contribución, 
o algunas ovejas, o algunas arrobas de lana, o en fin, 
una parte de los productos de sus establecimientos? Es 
incalculable lo que las Comisiones de Distrito podrían 
hacer siguiendo procederes como estos, y ajustándose 
en cada caso a las necesidades de la localidad. 

No pretendemos significar con esto que a los maes« 
tros de los distritos rurales no deba pagárseles su suel- 
do en medio circulante, ni tampoco que las Comisiones 
de Distrito deban cobrar todas las contribuciones en 
especie, sino indicar algunos de los mil medios que 
pueden presentarse para que las Comisiones locales 
faciliten a los contribuyentes el pago de los impuestos, 
de manera que éstos les sean lo menos gravosos posi- 
ble, y en consecuencia, opongan menos resistencia para 
pagarlos y aun den mayores sumas con menos dificul- 
tad. En muchos casos podrían también las Comisiones 
de Distrito cobrar las contribuciones en varias mensua- 
lidades o plazos, de modo que distribuyéndose en todo 
el año la suma que debiera pagarse se hiciera menos 
pesado su pago. Supuesta una regla uniforme para 
toda la República, colectándose las contribuciones en 
la forma que se adopta para los impuestos generales 
del Estado, es absolutamente imposible descender a 
esa organización de los detalles, que tengan en cuenta 
las exigencias y las ventajas de cada localidad; pero 



[52] 



LA I^GISLACION ESCOLAB 



dada la organización que establece nuestro proyecto, 
fácil Ies sería a las Comisiones de Distrito arreglar 

esos detalles y tener cada una en cuenta las condicio- 
nes y las exigencias de su localidad. El agricultor, por 
ejemplo, pagará sin duda alguna, con menos resisten- 
cias una contribución de 30 pesos, si se le cobra cuan- 
do acaba de vender su cosecha, y en consecuencia ten- 
ga fondos abundantes a mano, que otra de 20 pesos si 
se le obliga a pagarla a la mitad del año^ cuando haga 
largo tiempo ya que ha dispuesto del producto de su 
cosecha anterior y cuando todavía la tierra no le baya 
producido lo que en ese año debe darle. Las disposi- 
ciones generales no pueden tomar en cuenta esas cir- 
cunstancias peculiares de cada uno, y es esa la razón 
por qué son tan difíciles de cobrar las contribuciones 
directas que sorprenden al contribuyente, en un mo- 
mento dado que el Estado fija apreciando las conve- 
niencias de la generalidad, pero no de cada uno, y que 
muchas veces es el menos cómodo para el que ha pa- 
gado esa contribución. Es un hecho constatado que 
todos los pueblos, aun los más ilustrados, tienen menos 
dificultad para pagar las contribuciones indirectas que 
las directas, no siendo otra la causa sino la de que 
las contribuciones indirectas, por una parte se presen- 
tan menos definidas a los ojos del que las paga, y por 
la otra las cubre en una situación en la que le es rela- 
tivamente fácil pagarlas, puesto que al hacer su consu- 
mo paga la parte de contribución como si no fuera 
más que mayor costo de lo que consume: mientras 
que la contribución directa se le presenta descarnada 
y le exige un sacrificio especialmente destinado a pa- 
gar su parte de contribución que ve, en ese caso, sin 
que nada la disimule, con todos los caracteres de la 
imposición, y del sacrificio hecho exclusivamente en 



[63] 



JOSE PEDRO VARELA 



favor del Estado. Ni la más sangrienta y desenfrenada 
tiranía, con todo el terror que inspiran los gobierno» 
tiránicos, sería capaz de hacerle pagar al pueblo en la 
forma de contribución directaj lo que pagamos, por 
ejemplo, nosotros en derechos de Aduana: por esa 
razón son las contribuciones e impuestos indirectos los 
que dan a todas las naciones su principal fuente de re- 
cursos, aunque sea por todos sabido que la percepción 
de los impuestos indirectos es más dispendiosa que 
la de los directos» Así, pues, las Comisiones de Distrito, 
teniendo en cuenta las exigencias de su respectiva lo- 
calidad, podrían hacer mucho para minorar lo que 
tienen de odioso y de ciego las contribuciones directas, 
pudiendo asegurarse que cada localidad aumentaría el 
producido de sus contribuciones en relación a lo que 
se le facilitaría el modo de pagarlas, y que se mino* 
rarían, en consecuencia, las resistencias que natural- 
mente subleva ese género de contribuciones. 

Las consideraciones que preceden explican bien por 
qué causa hemos establecido que no sea el Estado 
quien imponga y perciba las contribuciones de distrito 
destinadas a las rentas generales de educación. Son 
fáciles de comprender y de explicar las razones que 
nos han inducido a destinar 612 %c de la Contribu- 
ción Directa, al sostenimiento de la educación, como 
renta especial de ésta, en vez de hacer que el Estado 
destinara una cantidad cualquiera sacada de las rentas 
generales, al sostén de la educación común. En todas 
las Repúblicas sudamericanas, y en la República Orien- 
tal lo mismo que en las demás, excepción hecha de 
Chile, las convulsiones políticas se repiten con frecuen- 
cia, las crisis financieras y económicas se hacen sentir 
a menudo, y la situación normal de las finanzas del 
Estado está lejos de ser halagüeña. Nuestros presu- 



[54] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



puestos se fonnan siempre con déficit y el pago de lo» 
sueldos a los empleados se retrasa muy a menudo hai- 
ta tres y cuatro meses. Ahora bien, y por causas que es 
fácil comprender y que inlencionalmente no quere- 
mos exponer aquí para no sublevar infundadas pero 
fuertes resistencias, los últimos a quienes se atiende 
y se paga son los maestros y los gastos de la educa- 
ción. Antes que los maestros, está el ejército y las cla- 
ses militares y las policías, cuando menos: y el ejército 
y las clases militares, y las policías representan en 
nuestro Presupuesto General de Gasloa más de 50 % : 
no es raro, pues, que los maestros, de campaña sobre 
todo, sufran tres o cuatro meses de demora en el pago 
de BUS sueldos, y a veces en las épocas difíciles, hasta 
ocho y diez meses. En esas condiciones no hay posi- 
bilidad de organizar bien la educación ni de tener 
buenos maestros. Si se pagasen bien los sueldos de 
que gozan actualmente los maestros de enseñanza pri- 
maria, y más aún las maestras, estarían lejos de ser 
bajos; en las condiciones en que se hace el pago, nin- 
gún sueldo es muy elevado ni ningún sueldo es bueno. 
Como el único medio de organizar, pues, la educación 
pública., de tener buenos maestros,- y aun de ahorrar 
algo y tal vez no poco» hay que destinar a aquélla 
rentas especiales, de manera que la escuela no esté 
expuesta a sufrir los males de las convulsiones políti- 
cas y de las crisis financieras, o los inconvenientes de 
la mayor atención que se presta a las influencias del 
día. Con rentas propias, el servicio de la educación 
pública puede reglamentarse y regularizarse comple- 
tamente. Se sabe lo que se tiene y en consecuencia se 
gasta con arreglo a ello. En vez de formular arbitra- 
riamente un presupuesto de gastos sin saber si se ten- 
drán o no los recursos necesarios para cubrirlos, lo 



[55] 



JOSE PEDRO VARELA 



que da por resultado que se abra la escuela y se em- 
plee el maestro, y haya después que demorar el pago 
de los sueldos a éste y que no atender a aquélla como 
se debiera; en vez de eso, se cuentan los recursos y se 
formula el presupuesto de gastos con arreglo a ellos: 
la escuela se tiene abierta hasta que se tiene con qué 
sostenerla; el maestro se emplea hasta que hay con 
qué pagarle el sueldo de que goza; de ese modo todo 
marcha con regularidad y hay derecho para ser severo 
y para exigir de lodos que cumplan estrictamente con 
sus deberes, como cumplen el Estado y los distritos con 
los suyos. ¿Hay que extrañar acaso que descuide sus 
deberes escolares el maestro a quien no se le paga su 
sueldo hace cuatro o seis meses, es decir, a quien se 
le obliga, sea a realizar el milagro del camaleón vi- 
viendo del aire, sea a seguir las huellas de los que 
son poco dignos, viviendo de trampas? ¿Y podrá ser 
severa con el maestro que falte a sus deberes, la auto- 
ridad que le da el ejemplo faltando a los suyos? 

Fijemos rentas especiales a la educación; ajustemos 
los gastos a los recursos; coloquemos al maestro en 
condiciones regulares de existencia; y podremos le- 
ventar las escuelas públicas del abatimiento en que se 
encuentran, interesar al pueblo en el mejoramiento de 
la educación, y obtener resultados que correspondan a 
los sacrificios. De otro modo continuaremos, como 
hasta ahora, viendo nuestras escuelas expuestas a de- 
bilitarse más y más, nuestros maestros condenados a 
la miseria, y a todos los malos consejos que ella da, 
cada vez que se levante en campaña una partida o que 
una crisis cualquiera nos combata. 

Para el maestro será más conveniente, y para la edu- 
cación pública dará más proficuos resultados, mante* 
ner la escuela sólo durante seis meses, en perfectas 



£56J 



LA UCGI8LACION ESCOLAR 



condiciones» »i no hay recurso» con qué soatenerla 

más tiempo, que mantenerla, como se hace ahora» dw 
rante el año, sin pagar con regularidad el sueldo del 
maestro, y sin atender con regularidad a las exigen- 
cias de la escuela. Así como media onza de oro de 
ley, vale más que una onza falsa, seis meses de buena 
escuela y de buen maestro, tienen más valor que un año 
de maestro malo y de escuela abandonada» 

CAPITULO XIII 

De las conirlbuciones especiales de distrito 

Es el Estado quien inviste a las mayorías locales 
de cada distrito con la facultad legislativa de imponer 
contribuciones para el sostenimiento de la educación 
común; pero^ al hacerlo, les impone la obligación de 
levantar, cuando menos, 3 pesos por cada niño de 5 
a 15 años que haya en el distrito, para las Rentas Ge- 
nerales de Educación, estableciendo como límite má- 
ximo de la contribución el 2 ^ %fí sobre el valor total 
de la propiedad imponible. Esa fijación de un límite 
máximo tiene por causa que el Estado debe concurrir 
al sostenimiento de la educación común en cada dis- 
trito con una suma igual a la que ese mismo distrito 
haya levantado: si, pues, se dejara a los distritos la 
facultad de elevar la cuota de la contribución hasta 
donde quisieran hacerlo^ podría presentarse fácil* 
mente el caso de que el producido total del 2 %o de 
Contribución Directa, y las demás sumas afectadas 
al servicio de la educación, no alcanzaran para que el 
Estado pudiera concurrir con una parte igual a la de 
los 4Í3l;rito9. Por otra parte, podría presentarae tam- 



[67] 



JOSE PEDBO VARIELA 



bien el caso de que las Comisiones de Distrito abusa- 
ran de sus facultades, imponiendo contribuciones ex- 
cesivas contra la voluntad y el deseo de los electores 
que las hubiesen nombrado. Es por eso que hay sobra- 
do motivo para fijar un límite máximo a las contribu- 
ciones de distrito destinadas a Rentas Generales para 
la educación, y esto con tanta más razón cuanto que, 
en el caso de que las Comisiones de Distrito concep- 
túen que deben y pueden hacerse mayores gastos, im- 
poniendo más elevadas contribuciones, tienen la facul- 
tad de apelar a la decisión de sus electores. Así, los 
gastos extraordinarios de construcción de casas de es- 
cuela, extensión del programa de estudios, fundación 
de Jardines de Infantes o de Colegios, requieren ex- 
presamente el voto aprobativo de la mayoría de los 
electores para poderse hacer, y, en consecuencia, para 
levantar las contribuciones extraordinarias con que 
hayan de pagarse. Además, para esos gastos extraordi- 
narios, el Estado no concurre con una parte igual como 
en las Rentas Generales de Educación. 

De ese modo cada localidad, cada distrito, se impo- 
ne los sacrificios que cree necesarios y que se siente 
capaz de realizar, evitándose asi uno de los peores ma- 
les que produce la uniformidad en las contribuciones 
extraordinarias para el sostén de la educación, y es que 
si para ellas sirven de tipo las localidades ricas, se 
agobia con la contribución a las que son pobres; mien- 
tras que cuando son éstas las que sirven de tipo, las 
localidades ricas no hacen todos los sacrificios que 
podrían hacer» Dejando a la mayoría de los electores 
de cada distrito el resolver, siempre que lo proponga 
la Comisión, si deben hacerse mayores gastos^ y con 
qué objeto y hasta qué límite, se deja la resolución a 
quien mejor puede tomarla, confiando, para obtener 



[58] 



LA LEGISLACION ESCOLAR - 



resultados benéficos con ese sistema, en la influencia 
de las buenas ideas, de las opiniones ilustradas y de 
las tendencias progresistas. 

Cuando apenas hay en toda la República una que 
otra casa especialmente construida y destinada para 
escuela, fácil es comprender que la construcción de 
casas adecuadas para escuela será una de las mate- 
rias que mayores sacrificios extraordinarios demande 
.a cada localidad y a todo el país. No debe esperarse 
que, a ese respecto, pueda responderse en un día a to- 
das las necesidades, pero a nadie se oculta que hay 
muchas localidades en la República en que, una vez 
organizado el sistema de educación común, podrían 
imponerse contribuciones destinadas especialmente a 
la construcción -de casas de escuela. Montevideo, las 
ciudades y villas del litoral uruguayo, y en el inte- 
rior la mayor parte de los pueblos cabeza de departa- 
mento, podrían fácilmente construir casas de escuela, 
adecuándolas cada uno a sus necesidades y sus me- 
dios, sin salvar el límite natural de los sacrificios pe- 
cuniarios posibles: no sucedería lo mismo, tal vez^ con 
algunas de las secciones y distritos rurales; pero, ¿no 
habría evidente error en no dar a los distritos ricos 
los medios de construir casas especiales para escuelas, 
si pueden hacerlo, sólo porque los distritos pobres no 
podrían hacerlo también? Y en sentido contrario, ¿no 
seria absurdo imponer a los distritos pobres sacrifi- 
cios superiores a sus fuerzas para la construcción de 
casas de escuela, sólo porque los distritos ricos lo 
hicieran para el mismo objeto, y aun cuando los que 
éstos realizaran estuvieran lejos de ser superiores a sus 
fuerzas? 

Parécenos innecesario^ sin embargo, insistir sobre 
este tópico, ya que creemos que son evidentes las razo- 



JOSE PSDHO VAHSLA 



nes que aconsejan la dividión que hemos establecido 
entre las contribuciones obligatoriamente levantadas 

por los distritos para las Rentas Generales de Educa- 
ción, y las contribuciones extraordinarias que volun- 
tariamente pueden levantar esos mismos distritos para 
objetos determinados; basta enunciar los fundamentos 
que aconsejan esa división para que todos los com^ 
prendan y les presten su verdadero alcance. 

CAPITULO XIV 
De la independencia de la administración escolar 

Consideraciones generales igualmente aplicables a 
todas las naciones democráticamente constituidas, y 
consideraciones especiales derivadas del estado actual 
de nuestro país, son las que aconsejan hacer indepen- 
diente la administración de la educación pública. 

Entre aquéllas figura en primer término la evidente 
conveniencia que hay en aplicar, en cuanto sea posi- 
ble, a todos los ramos de la administración pública el 
fecundo principio económico de la división del traba- 
jo. Encargando de la administración de la educación 
pública a las corporaciones administrativas ordinarias 
no es posible buscar hombres especiales en esa mate- 
ria, sin hacer sufrir a los otros ramos que están con* 
fiados también a esas corporaciones: lo que sucede 
muy a menudo es que debiendo responder a exigencias 
múltiples, esas corporaciones son incapaces de respon* 
der cumplidamente a las de uno solo de los ramos que 
les están confiados, y aun, en la generalidad de los 
casos, lo que menos se tiene en cuenta son las exigen- 
cias especiales de la educación* Con ese sistema se 

(60] 



LA LEGISLACION ESCOLA» 



pierden toda^ Ua ventajas que podrían obtenerse em- 
pleando en esa administración a los hombres especia- 
les, que pueden no reunir, además de su especialidad 
conao educacionistas, las otras condiciones exigidas 
para el desempeño de las funciones ordinarias de 
los que atienden a diversos ramos de la administración 
pública, y además se ponen trabas a la formación 
de hombres especialistas en materias de educación. 

Por el contrario, con el sistema de completa inde- 
pendencia de la administración de la educación común, 
se abre una carrera a loa hombres que se dediquen 
preferentemente al estudio de sus importantes cuestio- 
nes. Dada esa organización, es de suponer que sean 
los hombres especiales en la materia los que en la 
administración de la educación pública se empleen: y 
una vez ocupados en ella, como nada habrá en el des- 
empeño de sus funciones que los distraiga de prestar 
constante atención a los variados e interesantes pro- 
blemas que con ella se relacionan, irán haciéndose 
más y más aptos para el desempeño de esas mismas 
funciones educacionistas. Es ley invariable que en to* 
das las esferas y en todas las materias, el ejercicio 
continuado nos hace más capaces cada vez de realizar 
el mismo trabajo. Eso sucedería también con el per- 
sonal de educación en todas sus categorías, y eso es 
lo que ha sucedido, produciendo magníficos resulta- 
dos, en los países que, como los Estados Unidos, han 
aplicado a la organización y administración de la edu- 
cación común, el fecundo principio económico de la 
división del trabajo. Es sólo con un sistema semejante 
que han podido formarse hombres especialistas en ma- 
terias de educación, como los que tanto abundan en 
la América del Norte; y nunca se atribuirá un alcance 
exagerado a la influencia que ejercen hombres sem#- 

[«n 



JOSE PEDRO VARELA 



jantes para mejorar y cambiar los destinos de una 
nación. 

Como todo está por hacerse en la República, con 
respecto a la educación común, están por formarse 
también los hombres especialistas en esa materia: aun 
los pocos que con más entusiasmo y constancia se han 
dedicado a ella, están lejos del grado de conocimientos 
a que pudieran alcanzar, ya que, como resultado de 
nuestro modo, de ser y del estado de la educación en 
nuestro país, sólo han podido ocuparse de ella inci- 
dentalmente, en las horas que dejan libres las apre- 
miantes exigencias de la vida: el estudio de las cues- 
tiones de educación no conduce entre nosotros a nin- 
gún resultado positivo para el que lo hace, y la gene- 
ralidad de los hombres ni puede ni quiere, dedicar 
esfuerzos continuados a una labor que .ni ahora ni des* 
pués ha de producirle retribución alguna. Entre no- 
sotros no se realizan ambiciones por legítimas que 
sean, ni de influencia, ni de posición, ni de fortuna, 
dedicándose especialmente al estudio de las cuestio» 
nes de educación: y el aplauso de la propia concien- 
cia, y el fallo lejano de la historia futura, no son estí- 
mulos bastante activos para inducir a obrar a la gran 
mayoría de ios hombres: esto con tanto más motivo, 
cuanto que muchas veces los más vehementes deseos 
y la más, firme voluntad se estrellan contra las exigen- 
cias materiales de la vida, que no hay cómo llenar 
entre nosotros dedicándose al estudio de las cuestiones 
de educación. No nos faltan, sin embargo, buenas inte- 
ligencias, y vasto y fecundo como ninguno sería el 
campo que les abriría la educación una vez que se or- 
ganizara debidamente en la República. Hay, pues, más 
que sobrados motivos para suponer que se obtendrían 
en nuestro país los mismos resultados que han obte- 



[«2] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



nido al Norte de la América, y que, a loa pocos añoi 
de estar en ejercicio el sistema de educación común, 
podríamoa tener y tendríamos un personal idóneo y 
.capaz, así para la dirección de las escuelas como para 
todo el sistema de inspección: se habrían difundido 
además, entre el pueblo, los conocimientos educacio* 
nistas, gracias al numeroso personal que sucesivamente 
iría desempeñando las funciones de miembros de la» 
Comisiones de Distrito. No pretendemos que cada una 
de las personas llamadas a desempeñar el puesto de 
miembro de una Comisión de Distrito se convirtiera 
por e&e solo hecho en un especialista en materias de 
educación; pero no puede desconocerse que, en la ge- 
neralidad de los caso&p los miembros de esas Comisio» 
nes prestarían a las cuestiones relativas a la educa- 
ción del pueblo una atención mucho mayor de la que 
les prestan hoy» entre nosotros, aun la mayoría de las 
personas que están habituadas al estudio y a los tra- 
bajos intelectuales. Las ideas que por ese medio se 
difundiesen en el pueblo respecto a las ventajas y exi- 
gencias de la educación común, no tardarían en con- 
vertirse en hechos. Es así como el sistema de educa- 
ción común sirve para poner las escuelas al alcance 
de todos los niños, haciendo que todos concurran a 
ellasi y a la vez para interesar e ilustrar al pueblo con 
respecto a todas las cuestiones que a la educación se 
refieren. Es esto lo que da vigor y robustez perma- 
nente al sistema: no sólo las generaciones nacientes 
se educan, sino que también las generaciones actuales, 
que tienen en sus manos el gobierno y la dirección de 
la sociedad, se instruyen en las cuestiones educacionis- 
tas, elevándose cada vez más el nivel a que esas cues- 
tiones alcanzan en el espíritu general de la sociedad. 
Pero a esas consideraciones generales que aconsejan 

[«] 



JOSE PEDRO VAltBLA 



hacer independiente la administración de la educación, 
de todos loa otros ramos de la administración pública, 
vienen a unirse, entre nosotros, robusteciéndolas, otras 
consideraciones que reciben su fuerza del estado en 
que se encuentra nuestro país. 

En el desenvolvimiento de nuestra vida política, las 
doctrinas y los partidos descienden demasiado a me* 
nudo a luchar al campo ensangrentado de la guerra 
civil para que no deba extrañarse que, si no las ideas, 
las pasiones políticas se mezclan a todos los ramos de 
la administración pública en dosis que están lejos de 
favorecer la buena marcha de esa misma administra* 
ción. De aquí resulta que, si no en el espíritu de los 
directores políticos^ en la masa de nuestra población 
y nuestros partidos sea principio aceptado, como in- 
contestable verdad, el que proclamó, aunque tal vez no 
lo practicara, el general don Bartolomé Mitre, cuando 
decía poco más o menos estas palabras: «Cada Presi- 
dente de la República debe gobernar con su partido» ; 
y aun en mucha parte también, acéptase como verdad 
y como regla, la frase del general don Lorenzo Batlle 
al subir al gobierno: «Gobernaré con mi partido y para 
mi partido». Como no tratamos de resolver aquí cues- 
tiones políticas^ no entramos a averiguar lo que, a 
nuestro juicio, pueda haber de falso o de verdadero 
en esa regla de conducta fijada a los gobiernos: basta 
para nuestro objeto observar que, establecida esa base, 
la administración pública sólo contará con el concurso 
del partido que esté en el Poder, mientras que el otro 
o los otros partidos que se hallen fuera de él, le serán 
reconocida y naturalmente hostiles- De esa manera la 
administración pública refleja siempre parcialmente las 
aspiraciones del pueblo, y sólo cuenta con el apoyo de 
fracciones, más o manos importantes» pero que no He- 



[«4] 



LA LEGISLACION ESCOLAH 



gan a constituir nunca toda la comunidad. Descendien- 
do de esas regla» generales a los detaUes, tendremos 
el ejemplo, que tan a menudo se presenta entre 
nosotros, de gobiernos que no emplean a los hombres^ 
por más idóneos que sean, si no pertenecen a su partido, 
o de esos mismos hombres que se niegan a desempeñar 
funciones públicas» solo porque a ellas son llamados 
por un gobierno que no sea del partido político a que 
ellos pertenecen. 

No nos toca averiguar ahora si ese estado de cosas 
produce resultados aceptables en los otros ramos de 
la administración pública, ni si en la actualidad de 
nuestro país es posible reaccionar contra él, pero lo 
que nos es indudable es que, aplicado a la educación 
del pueblo, ese orden de ideas y ese sistema produce 
resultados fatales y debilita enormemente» ya que no 
haga del todo ineficaces, los más patrióticcs» abnega- 
dos y decididos esfuerzos. Escasa como es nuestra po- 
blación, más escasos aún son los elementos ilustrados 
que pueden concurrir activamente al mejoramiento y 
difusión de la educación del pueblo» y aun cuando to- 
dos esos elementos aunasen y annonizasen sus esfuer* 
Z09, todavía tendría que hacer uso de una actividad, 
de una inteligencia y de una energía muy superiores 
a las que ac encuentran en la generalidad de los hom- 
bres; ahora bien» si esos mismos escasos elementos se 
fraccionan y se dispersan a causa de las opiniones po- 
líticas; si el pertenecer a un partido o a una fracción 
cualquiera es causa de que se excluya a los que quie- 
ran contribuir al trabajo reparador de educar al pue- 
bIo« o es causa de que se abstengan de concurrir los que 
concurrirían si no fuese por móviles políticos: si con* 
tinuamos en el recinto de la escuela la lucha que esta- 
mos BOsteniejodo hace tantos años en los campos de ba» 

[65] 

a*» 



JOSE PBDRO VARELA 



talla y en las alturas del gobierno, debemos desesperar 
del porvenir de la educación en la República, y resol- 
vernos a agitarnos constantemente en el abismo de la 
ignorancia, del error y de loa sufrimientos sin fin« 

Por el contrario, haciendo completamente indepen* 
diente de los otros ramos de la administración públicaj 
la administración de la educación común seria posible, 
y aun fácil, hacer de las escuelas un campo neutral 
en el que todos se reuniesen para aunar sus esfuerzos, 
de modo que se buscasen los hombres por sus aptitu- 
des para el desempeño de las funciones que se lea 
confiaran, sin que en nada influyeran las opiniones 
políticas para la designación de las personas; un cam- 
po neutral hasta el que no llegara el incendio de las 
pasiones políticas y en cuyo tranquilo recinto no reso- 
nase el eco ronco de las animosidades y los odios que 
naturalmente genera la guerra civil; un campo 
neutral donde se reflejaran no los resentimientos, 
las luchas y los sinsabores en los hombres, sino la 
inocente serenidad y la ingenua emulación de los ni- 
ños que fueran a recibir en la escuela el bautismo de 
la educación y del saber. 

Y la esperanza de obtener esos resultados, la suposi- 
ción de que pueda hacerse de la educación un campo 
neutral, no es un miraje engañador, ni tampoco una 
de esas generosas y quiméricas ilusiones que alimen- 
ta tan a menudo la imaginación de los pueblos meri- 
dionales y que arrastran en pos de sí tantos y tan crue- 
les desengaños. Aunque en pequeña escala, en esfera 
relativamente reducida, el hecho se ha producido ya en 
la República, dando base sólida, experimental y prác- 
tica a las suposiciones que acabamos de formular. La 
Sociedad de Amigos de la Educación Popular de Mon- 
tevideo y la de Nueva Palmira están establecidas y fun- 

[M] 



LA LEGISLACION MCOLAlt 



clonan regulannente desde 1868: las del Carmelo, Co- 
lonia, Paysandú y Florida funcionan también desde 
algunos años después, habiendo venido a confirmar 
la verdad que las dos primeras habían puesto en evi- 
dencia. En los ocho años transcurridos desde 1868 
hasta hoy, ¡cuántas tormentas políticas se han desen- 
cadenado en La República! ¡Cómo ha ardido inmensa 
la hoguera de las guerras civiles! ¡Cómo se han cho- 
cado enconadas, en la prensa^ en la tribuna^ en el Go- 
biemo, en los campos de batalla, las más agrias pa- 
siones! ¡Cómo se ha nublado y enlugubrecido por ins- 
tantes el horizonte de la patria! ¡Cómo se han desata- 
do y roto violentamente todos los lazos, y cómo el 
viento de la desgracia ha dispersado hacia los cuatro 
puntos del horizonte, los hombres, y las ideas, y las 
aspiraciones! Y sin embargo, las sociedades populares 
educacionistas han salvado ilesas, han soportado sin 
perecer la prueba terrible del hierro y el fuego: en 
el Juicio de Dios han salido triunfantes. En las horas 
de calma, como en las horas de agitación, las socie- 
dades populares educacionistas se han conservado co- 
mo un campo neutral en el que han podido reunirse, 
sin chocarse, hombres a quienes separaban en el cam- 
po ardiente de la política, las ideas y los sentimientos 
más encontrados. Y no es esto resultado de que sólo 
tomaran parte en los trabajos de las sociedades popu- 
lares educacionistas los hombres moderados, aquellos 
que no ocupan un puesto activo en la política militante 
en las horas de convulsión y de lucha: muy al contra- 
río. Recordaremos siempre como un ejemplo, acaso 
único en los anales de la República, que del seno de 
la Comisión Directiva de la Sociedad de Amigos de la 
Educación Popular de Montevideo salieron el año 70 
para ir a incorporarse a los lespectivos ejércitos, el 



[67] 



JOSS PIEDRO VARELA 



■ecretario del general Aparicio, jefe de la Rerohiciaiii, 
y el secretario del general Suárez, Jefe de los ejércitol 

del Gobierno en campaña, sin que jamáa se hubiera 
hecho sentir en el debate de lag cuestiones de educa- 
ción el extravío de las pasiones polilícas que llevaba 
a los adversarios a luchar en los campos de batalla: 
recordaremos también que, nosotros mismos que ser- 
víamos poco después en la guarnición de Montevideo, 
hemos recibido como Presidente de la Sociedad de 
Amigos de la Educación Popular de Montevideo, co- 
municaciones relativas a la educación del pueblo^ del 
Presidente de la Sociedad de Amigos de la Educación 
Popular de Nueva Palmira, datadas en el ejército de 
la Revolución que avanzaba sobre la Capital. Y esas 
ideas de neutralidad en la educación que han puesto 
en práctica las sociedades populares educacionistas han 
hecho rápido camino en la conciencia pública. Pode- 
mos citar como elocuente prueba un hecho reciente. 
Cuando la Sociedad de Amigos de la Educación Po- 
pular de Montevideo resolvió publicar la obra de que 
le habíamos hecho donación. La Eductición del Pueblo, 
dirigióse al Gobierno de la República solicitando que 
éste Be suscribiera a un número de ejemplares. El Go- 
bierno no creyó deber hacerlo mientras no lo autori- 
zara para ello la Asamblea: y la Comisión de Hacienda 
de la Cámara de Representantes, en la elaboración del 
Presupuesto de 1875, por moción, si no estamos equi- 
vocados, del señor Vedia, resolvió destinar una parti- 
da de 1.000 pesos para que el Gobierno se suscribiera 
a La Educación del Pueblo^ El señor representante don 
Pedro E. Carve hizo moción en la Cámara, para que 
constase en el acta que la aprobación de esa partida' 
había sido unánime. Hay que notar que esa votación 
unánime se hacía a fines de 1874, pocos meses antea 



[66] 



X.A LEGISLACION ESCOLAR 



de que estallara el moTimíento revolucionario del 15 
de enero de 1875, y cuando hacia tiempo ya que hon- 
das e invencibles resistencias separaban a la derecha 
y a la izquierda de la Cámara. Hay que notar también 
que nosotros^ autores del libro a que la Asamblea re- 
solvía unánimemente suscribirse, hemos ocupado du- 
rante algún tiempo un puesto en la prensa y aun en la 
prensa exaltada de la República, de manera que bajo 
el punto de vista de las opiniones políticas estábamos 
lejos de ser una personalidad indefinida: y que el 
señor Carve, que hizo la moción para que constase en 
el acta que la votación había sido unánime, signifi- 
cando así que la resolución respondía a un sentimiento 
aceptado por todos, el señor Carve^ militaba en filas 
políticas contrarias a las nuestras, y hasta nos incli- 
namos a creer que personal, como politicamente, no le 
somos simpáticos, ni con mucho. Es^ pues, esa resolu- 
ción tomada por la Cámara en 1874, una prueba evi- 
dente de que se ve en las sociedades populares educa- 
cionistas un campo neutral en el que todos pueden en- 
contrarse, aun los que más alejados están por las opi- 
niones políticas; en el que pueden votar acordes la 
izquierda y la derecha de la Cámara, olvidando sus di- 
senciones, y las resistencias que levanta el autor de 
La Educación del Pueblo, en algunas de las fracciones 
y de los hombres políticos. Se desconocería» sin embar- 
go, el espíritu de esa resolución si se atribuyera al 
mérito de la obra o a simpatías por el autor: no, esa 
resolución debe atribuirse a simpatías por las socie- 
dades populares educacionistas y por la materia de 
que trata La Educación del Pueblo. 

No hacemos, pues, suposiciones sin base cuando de- 
cimos que, haciendo independiente la administración 
de la educación común, podrá hacerse de ella un cam- 



JOSE PEDRO VAHELA 



po neutral en el que se reúnan todos los elementos del 
país para trabajar juntos en la labor común: de ma- 
nera que cuenten las escuelas no con el concurso de al- 
gunos hombres o de algún partido , sino con la de todo 
el pueblo, de la comunidad entera. 

Pero sí los hechos producidos autorizan a creer que 
haciendo independiente la administración de la educa- 
ción común de todos los otros ramos de la administra- 
ción pública, se obtendrán los más propicios resulta* 
dos, los hechos también demuestran que esos resulta- 
dos son imposibles haciendo que las corporaciones ad- 
ministrativas ordinarias continúen dirigiendo la edu- 
cación. En la elección y composición de éstas, es qui- 
mérico pretender que no influyan las opiniones y las 
pasiones políticas; y mientras eso suceda continuará la 
lucha y reflejará también algo de sus ardores sobre 
la administración de la educación común, debilitán- 
dola, haciéndola ineficaz y arrastrándola por el cami- 
no de nuestros viejos errores. 

Asi, pues, en todas partes hay ventajas y convenien- 
cias positivas en hacer independiente de los . otros ra- 
mos de la administración pública, la administración 
de la educación común: pero en la República Oriental, 
como en todo pueblo que en la misma situación polí- 
tica se encuentre, esa independencia es condición in- 
dispensable para tener completo éxito: sin ella la edu- 
cación del pueblo seguirá el vaivén de laa convulsio- 
nes políticas, y tendrá una existencia i;itermitente| dé- 
bil y enfermiza. 



LA LEGISLACION &SCOLAR 



CAPITULO XV 
El sistema de educación común en actividad 

Antes de dar por terminada esta segunda parte de 
nuestro libro y de presentar nuestro proyecto de ley 
acompañando varios artículos de algunos comentarios 
que conceptuamos convenientes, para demostrar en 
seguida la practicabilidad de la ley, parécenog que no 
estará de más presentar en resumen un cuadro del mo- 
do cómo se desenvolverá y funcionará en la República 
el sistema de educación común que proponemos, una 
vez que esté completamente en vigor. De esa manera 
el .conjunto será mejor comprendido y podrá ser mejor 
apreciado por la generalidad, que recorriendo uno por 
uno los doscientos doce artículos e incisos que forman 
la Ley de Educación Común. En vez de seguir el orden 
que naturalmente hemos debido seguir al formular el 
Proyecto de Ley, empezando por la Comisión Nacional 
de Educación» seguiremos un orden inverso y empe* 
zaremos por la fuente, es decir, por las Comisiones de 
Distrito. 

No es posible establecer de antemano cuál será el 
número de distritos escolares en que se dividiría la 
República, porque falta un censo que nos haga cono* 
cer en detalle la población de cada localidad, y por- 
que además la población de cada distrito no es fija y 
puede variar entre un máximum y un mínimum esta- 
blecido por la ley. Puede calcularse, sin embargo, que 
el número de distritos estaría entre setecientos y no- 
vecientos para toda la República. Si no puede estable- 
cerse de antemano cuántos serán los distritos, se puede 
fijar, casi con completa seguridad, el número de Sec- 
ciones en que ee dividiría la República. Para mostrar 



[71] 



JOSE PEDRO VARELA 



esa división nog sirve de base el presupuesto de gas- 
tos de 1876, Con arreglo a él las «Secciones escolares» 
serían en toda la República y en cada departamento 
las siguientes: 



DEPARTAMENTO DE MONTEVIDEO 



Montevideo (la ciudad y su ejido) 

La Unión 

El Paso del Molino 

Atahualpa 

Villa del Cerro 

Secciones rurales 



9 secciones 



DEPARTAMENTO DE CANELONES 



Guadalupe y su ejido 
San Juan Bautista « « . . 

Pando 

Piedras . « . « 

San Ramón . , 

Tala 

Sauce 

Migues 

La Paz 

Secciones rurales 



6 15 secciones 



DEPARTAMENTO DE SAN JOSE 

San José y su ejido 1 

Trinidad 1 

San Gregorio 1 

Secciones rurales 7 10 secciones 



LA LÍGISIACION ESCOLAR 



DEPARTAMEPÍTO DE LA FLORIDA 

La Florida y su ejido 1 

25 de Agosto 1 

Chamiso 1 

23 de Mayo 1 

Secciones ruraks 6 10 secciones 



DEPARTAMENTO DEL DURAZNO 

Durazno y su ejido 1 

Tapes 1 

Sarandi 1 

Secciones rurales 5 8 secciones 



DEPARTAMENTO DE LA COLONIA 

Colonia y su ejido 1 

Palmira 1 

Rosario * 1 

Carmelo . « 1- 

La Paz 1 

La Unión 1 

Secciones rurales 3 9 secciones 



DEPARTAMENTO DE SORIANO 

Soriano y su ejido 1 

Mercedes 1 

Dolores 1 

Secciones rurales 6 9 secciones 



[79] 



JOSS PEDRO VARELA 



DEPARTAMENTO DE PAYSANDÜ 

Paysandú y au ejido 1 

Fray Bentos 1 

Secciones rurales 11 13 secciones 

DEPARTAMENTO DEL SALTO 

Salto y su ejido 1 

Santa Rosa 1 

San Eugenio 1 

Constitución 1 

Belén 1 

Lavalleja 1 

Secciones rurales 7 13 secciones 

DEPARTAMENTO DE TACUAREMBO 

Tacuarembó y su ejido 1 

Rivera 1 

San Gregorio 1 

Secciones rurales 8 11 secciones 

DEPARTAMENTO DE CERRO LARGO 

Meló y su ejido 1 

Artigas , < . . , 1 

Treinta y Tres 1 

Secciones rurales 9 12 secciones 

DEPARTAMENTO DE MALDONADO 

Maldonado y su ejido 

Rocha 

San Carlos 

San Vicente 

Secciones rurales 7 11 secciones 

[741 



LA t^BGISLACION ESCOLAH 



DEPARTAMENTO DE MINAS 

Minas y su ejido 1 

Secciones rurales 7 8 secciones 



Total de secciones escolares en toda 
la República 138 

De éstas son formadas por ciuda- 
des, villas y pueblos de más o 
menos importancia 52 

Secciones rurales 86 



Los Departamentos escolares serán los mismos De- 
partamentos en que se halla dividida la República. 

Cada distrito tendrá una Comisión de tres miem- 
bros, duradera por tres años, renovable por terceras 
partes, y elegida a pluralidad de votos por todos los 
electores del distrito. Esa Comisión dirigirá la escuela 
y todo lo relativo a los negocios escolares del distrito, 
y nombrará de su seno, el Secretario del distrito, y, 
además, el Tesorero de distrito, el Comisario del censo 
escolar, y el Recaudador de las contribuciones escola- 
res del distrito: estas diversas funciones pueden reunir- 
se en una misma persona. £1 Comisario del censo esco- 
lar levanta el censo de todos los niños que haya en el 
distrito de 5 a 15 años, en los primeros veinte días del 
mes de noviembre de cada año, e informa de su resul- 
tado el 25 de noviembre al Inspector Seccional y a la 
Comisión de Distrito. Esta fija la cuota que debe pa- 
gar cada contribuyente y hace que el Recaudador la 
cobre dentro de los primeros diez días de diciembre. 
El Tesorero de distrito informa del resultado el 2 de 
enero al Tesorero Departamental; éste informa el 10 
de enoro al Tesorero Nacional del resaltado de las con- 



jrOSE PEDRO VARELA 



tribuciones correspondientes a cada Bección y distrito 
del departamento: el Tesorero Nacional hace el resu- 
men de todos log Departamentos e informa el 30 de 
enero al Inspector Nacional de Educación, quien asig- 
na inmediatamente a cada departamento, sección y dis- 
trito la parte que le corresponde de las rentas destina- 
das por el Estado, en suma igual a la que haya levan- 
tado cada distrito. El año escolar empieza el 1^ de 
diciembre y concluye el 30 de noviembre del año si- 
guiente, de manera que las Comisiones de Distrito co- 
nociendo el censo del año que empieza, conocen, cuan* 
do menos, el mínimo de la Contribución y pueden 
ajustar a él los gastos. 

Una serie de informes sirve de base al Informe anual 
presentado a la Legislatura por el Inspector Nacional 
de Educación. El Director de cada escuela pasa el 20 
de noviembre al Inspector Seccional un informe so- 
bre el estado de la escuela en el año que acaba de 
transcurrir: en la misma fecha la Comisión de Distrito 
pasa al Inspector Seccional un informe sobre las escue- 
las del distrito y sobre los gastos e ingresos de la edu- 
cación en el año que finaliza: el Inspector Seccional 
hace el resumen de todos los distritos de su sección, 
y pasa en 28 de noviembre un informe por duplicado, 
al Inspector Departamental y al Inspector Nacional, 
que comprenda también un informe por separado de 
todos los establecimientos de educación privados que 
haya en la sección; el Inspector Departamental hace 
el resumen de todo el Departamento y en los primeros 
diez días del mes de diciembre pasa un informe al Ins- 
pector Nacional de Educación: éste^ en fin, hace el r& 
sumen de todos los departamentos y en 18 de febrero 
presenta a la Legislatura un informe detallado sobre 
el eatado de la educación en la República y sobre los 



£781 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



gastos e ingresos durante el año escolar. Eae informe 
se imprime en forma de libro y se distribuye a todas 
las Comisiones de Distrito, a las Bibliotecas Naciona- 
les de todas las Repúblicas sudamericanas» y a laa per* 
sonas a quienes se crea conveniente enviarlo. 

Después de la Comisión de Distrito que entiende en 
todos los asuntos de educación en el distrito respec- 
tivo, está la Comisión Departamental^, compuesta de un 
miembro de la Junta Económico- Administrativa del 
Departamento, del Inspector Departamental y de tres 
ciudadanos nombrados por la Junta; esa Comisión di- 
rige y administra los colegios públicos, o escuelas de 
enseñanza secundaria, y concede títulos de maestro, 
válidos en el deparlamento. Por último, está la Comi- 
sión Nacional de Educación que dirige y administra 
la Escuela Normal de varones y de mujeres, adopta 
los textos que han de regir en las escuelas publicas, 
formula la lista de los libros entre los que han de 
escogerse los que sirvan a las Bibliotecas escolares y 
populares de distrito, y concede títulos de maestro vá- 
lidos en toda la República. Asi, en la administración 
de los negocios escolares todo parte de las extremi- 
dades para reunirse en el centro. 

En la Inspección, después de la que ejercen las Co- 
misiones de Distrito, están los Inspectores Seccionales, 
que inspeccionan las escuelas de la sección, velan por 
el cumplimiento de la ley de educación común, infor- 
man al Inspector Nacional de Educación, hacen cobrar 
las contribuciones cuando la Comisión de Distrito no 
las ha hecho cobrar en la época establecida por la ley, 
y avisan a la Comisión Departamental para que nom- 
bre los miembros de las Comisiones de Distrito cuan- 
do los electores no los han nombrado en el tiempo 
señalado por la ley. Está después el Inspector Depar- 



C7T] 



JOSE PEDRO VAHELA 



tamental que viaita todaa las escuelas del depaitamentop 
vela por el cumplimiento de la ley, convoca y preaid* 
convenciones de maestros, y hace levantar las contri- 
buciones de distrito en el caso de que ni la Comisión 
de Distrito, ni el Inspector Seccional lo hayan hecho 
en la época establecida por la ley. Está» por último, el 
Inspector Nacional, que recibe loa informes de todas 
las autoridades inferioieg, viaja por lo menos durante 
dos meses en el año, visitando escuelas y maestros, y 
estimulando el celo del pueblo, y presenta su Informe 
anual a la Legislatura» formando del extrácto de todos 
los informes parciales, un resumen que permita cono- 
cer y apreciar el estado de la educación en toda la 
República y en cada localidad. 

Es por medio de ese Informe que se ve y puede 
juzgarse el conjunto y la manera cómo todo el siste<* 
ma se ha desenvuelto: los detalles se presentan res- 
pondiendo a las exigencias y las necesidades de cada 
localidad, y aunque aisladamente considerados parezca 
a veces que se contrarían los unos a los otros, forman 
reunidos esa fecunda y admirable armonía del con- 
junto: ley suprema que rige asi las transformaciones 
de la naturaleza física que nos rodea, como el desarro- 
llo de los fenómenos económicos, y el desenvolvimiento 
de ese mundo misterioso de las ideas que dirigen y 
arrastran a las sociedades humanas en su larga, cons- 
tante y progresiva ascensión al ideaL 

FIN DE LA SEGITNDA PARTE 



n»3 



TERCERA PARTE 
APLICACION DE LOS PRINCIPIOS 



CAPITULO XVI 



Proyecto de Ley organicando un sistema de edu- 
cación común en la República Orienlal 
del Uruguay 

PROYECTO DE LEY 
D« la Comisión Nacional de Educación 

Artículo 1^ — Habrá una Comisión Nacional de 
Educación que jse compondrá de los siguientes miem*- 
bios: 

El Ministro secretario de Estado, en el Departamen- 
to de Gobierno, como Presidente. 

£1 Inspector Nacional de Educación, como Secreta- 
rio, y como Vocales 

El Rector de la Universidad; 

£1 Director de la Escuela Normal del Estado; 

El Inspector Departamental de Montevideo; 
» » » > Canelones; 

> » » » San José; 

y de cuatro miembros más, nombrados por el Inspector 
Nacional de Educación, con acuerdo de los demás 
mie^ibros de la Comisión Nacional de Educación. La 
Comisión Nacional de Educación nombrará de su seno 
un Vicepresidente que presida en los casos de ausen- 
cia del Presidente. 

Arí, 2^ — 1? Los miembros natos de la Comisión 
Nacional de Educadóa eerin convocado» por tL Ins- 

[ftll 



JOBE PSDRO VARELA 



pector Nacional de Educación para constituirse, y po* 
drán hacerlo, procediendo a la designación de los 
inieinbros electivos, siempre que se hallen reunidos cin* 
co de los miembros natos. 

2^ Una vez que los miembros electivos hayan acep- 
tado el cargo se requerirá la presencia de seis miem- 
bros para formar quorum y tener sesión. 

3^ Los miembros electivos durarán por cuatro años 
en sus funciones y no gozarán de sueldo o retribución 
alguna. 

Art» 3^ — La Comisión Nacional de Educación ten- 
drá una sesión cada tres meses, cuando menos, y se 
reunirá siempre que sea convocada extraordinariamente 
por el Inspector Nacional de Educación» 

Art. 4^ — Son facultades y deberes de la Comisión 

Nacional de Educación: 

1^ Administrar y dirigir la Escuela Normal del Es- 
tado, con arreglo a lo establecido en los artículos 76$ 

77, 78, 80 y 81; 

2^ Adoptar una serie uniforme de libros de texto, 
que deberán usarse en todas las escuelas públicas; 

3^ Adoptar una lista de libros adecuados para las 
Bibliotecas Escolares y Populares de Distrito, con arre- 
glo a lo dispuesto en el artículo 85; 

4^ Suscribirse a un' periódico exclusivamente dedi- 
cado a la educación, en número bastante para remitir 
un ejemplar a cada Comisión Departamental de Edu- 
cación, a cada Inspector Seccional, a cada Comisión 
de Distrito» y a cada Biblioteca Escolar y Popular de 
Distrito» debiendo publicarte gratuitamente en el men- 



ESS] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



Clonado periódico las circulares y documentos que el 
Inspector Nacional de Educación estime conveniente, 
5^ Examinar a los aspirantes al titulo de maestro? 
del Estado, con arreglo a los programas que deberá 
establecer previamente, y que serán iguales para todos 
los que aspiren al mismo título; y conceder diplomas 
que deberán ser de cuatro grados: 

1"? Diplomas de 1*^ grado, válidos por seis años 
29 » » 2*? > » » cuatro » 
S*? » » 3^ » » » dos » 

49 » 3» 4m » > » un año 

Los diplomas de i*^ grado autorizan a sus poseedo- 
res a enseñar en las escuelas de enseñanza secunda- 
ria; los de 2^ grado en las escuelas de enseñanza pri- 
maria superior; los de S'"'" grado en las escuelas de 
gramática, y los de 4*? grado en las escuelas primarias 
de I**" grado. Los diplomas de maestros del Estado, 
concedidos por la Comisión Nacional de Educación, 
son válidos en todo el territorio de la República para 
el grado a que se refieren y para todos los grados in- 
íeriores. La Comisión "Nacional de Educación podrá 
conceder voluntariamente diplomas de maestro del Es- 
tado, válidos por toda la vida del que los reciba; pero 
esos diplomas no podrán recaer en personas que no 
hayan dirigido por lo menos durante cuatro años una 
escuela pública, o que hayan desempeñado durante dos 
años el empleo de Inspector Seccional, Departamental 
o Nacional, Los aspirantes al título de maestro paga- 
rán por el diploma: 

Si es válido por toda la vida 6 pesos 

» » » > 6 años , , 4 » 



[83] 



JOBB mmO VÁMJSLJk 



Si 69 válido por 4 años 
» > » m 2 » 
> » » año 



3 pesos 
2 . 

1 peso 



no debiendo pagar ningún otro impuesto o contiibu* 
ción para obtener el diploma. ^ 

Del Inspector Nacional de Educación 

Arl. 5^ — El Inspector Nacional de Educación será 
elegido a pluralidad de votos por las Comisiones de 
Distrito, debiendo contarse cada distrito por un solo 
voto. Los votos se remitirán en nota cerrada, dirigida 
al Inspector Nacional de Educación, el 1^ de octubre 
del año en que deba tener lugar la elección, debiendo 
ponerse en el sobre de la nota, al dorso: «Voto para 

Inspector Nacional de Educación del Distrito 

Sección del Departamento de El Ins- 

pector Nacional de Educación deberá convocar a la 
Comisión Nacional de Educación el 19 de noviembre 
siguiente o antes ei hubiese recibido ya los votos de 
todos los distritos de la República, para que proceda 
a la apertura de los pliegos y al escrutinio de la elec- 
ción. Hecho esto, será designado para Inspector Na- 
cional de Educación, en el próximo período, el que 
haya obtenido mayoría de votos, comunicándole al 
nombrado el resultado de la elección. En el caso de que 
no aceptase el que haya sido elegido, se procederá a 
nueva elección, continuando entretanto en el desempe- 
ño de las funciones de su cargo el Inspector actual, 
hasta que haya sido designado y aceptado el que deba 
reemplazarlo; pero en este caso el tiempo para la du« 



1. Véase el cosMntario en el Capítulo XVXI. 



im 



LA LXGISLACI0N ESCOLAR 



racidn en sus funciones del nuevo Inspector se contará 
desde la época en que, con arreglo a esta ley, debió 
cesar el Inspector saliente. 

Ari. 6^ — El Inspector Nacional de Educación en- 
trará al desempeño de sus íuneiones el 1^ de enero 
y durará por cuatro años, gozando de un sueldo de 
4.800 pesos al año* 

Art* 7^ — El Inspector Nacional de Educación po- 
drá nombrar un Secretario de la Inspección Nacional 
de Educación, quien gozará de un sueldo de 1,800 pe- 
sos anuales, y quien podrá ser expresamente autorizado 
por el Inspector Nacional de Educación para represen- 
tarlo, ocasionalmente, en el desempeño de sus fun- 
ciones. 

Arl. 8^ — El Inspector Nacional de Educación pa- 
sará anualmente a la Legislatura el 18 de febrero de 
cada año, un Informe sobre el estado de la educación 
en la República. Dicho Informe será publicado en for- 
ma de libro, entregándose doscientos cincuenta ejem- 
plares encuadernados al Inspector Nacional de Educa- 
ción, quien deberá remitir diez ejemplares a la Biblio-' 
teca Nacional, uno a cada Inspector Departamental, 
uno a cada Inspector Seccional, quienes los conserva- 
rán como propiedad pública, entregándolos a sus suce- 
sores en el empleo; el resto será distribuido enviando 
un ejemplar a cada una de las Bibliotecas Nacionales 
de todas las Repúblicas sudamericanas, y los dem,ás 
entre aquellas sociedades o personas a quienes el Ins- 
pector Nacional de Educación juzgue conveniente en- 
viarlos. Se entregarán además al Inspector Nacional 
de Educación cuando menos 2.000 ejemplares a la rús- 
tica del mencionado informe, para ser distribuidos en- 
viando ano a cada Biblioteca o Comisión de Distrito» 



JOSE FEDHO VABELA. 



y fl cada Biblioteca Pública, y el resto a los empleados 
de educación u otras personas a quienes el Inspector 

Nacional de Educación, o la -Comisión Nacional de 
Educación juzguen conveniente enviarlo, 

Art, 99 — El costo de impresión del informe anual, 

así como el sueldo anual del Inspector Nacional de 
Educación y del Secretario de la Inspección Nacional 
de Educación, se pagarán de his Rentas Generales de 
Educación, asignándose una cantidad que no podrá ser 
mayor de mil quinientos pesos al año, para alquiler 
de casa, gastos de oficina y gastos no presupuestados. 

Art. 10. — £1 Informe anual del Inspector Nacio^ 
nal de Educación debe comprender: 

Un Estado de la Educación en la República en el 
año escolar concluido el 30 de noviembre próximo 

pasado; 

Tablas estadísticas que muestren en total, por de- 
partamento y por secciones: 

El número de niños en edad de escuela que haya en 

la República; 

El número de los que se hayan inscrito en las escue- 
las públicas y la asistencia media; 

El número de los que asistan a escuelas privadas; 

El número de los que no hayan asistido a ninguna 
escuela; 

£1 número de casos en que haya sido necesario apli- 
car las penas relativas a la obligación escolar; 

El total producido por las «Rentas Generales de 
Educación», con especificación de las fuentes que lo 
hayan producido; 

El total levantado por los departamentos, secciones 
y distritos por contribución u otros medios; 



[86] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



El total gastado en sueldos de maestros; 
El número de maestros de cada sexo y grado, y los 
sueldos de que gocen; 

El total gastado en construcción de casas de escuela; 

El número de casas de escuela» con especificación 
del material de que sean construidas y de su capaci* 
dad; 

El total gastado en textos para los niños; 

El total gastado en útiles y eventuales; 

La marcha, estado, condición y resultados de la Es- 
cuela Normal del Estado, 

y aquellas indicaciones para el progreso y la difusión 
de la educación pública que la experiencia y el estudio 
puedan aconsejar al Inspector Nacional de Educación, 

Art. IL — Es deber del Inspector Nacional de Edu- 
cación propender por todos los medios legítimos a su 
alcance a estimular el celo de todos los empleados en 
la educación y del pueblo, promoviendo convenciones 
de maestros y amigos de la educación, difundiendo in- 
formes y conocimientos sobre esa materia, y esforzán- 
dose por que la conciencia pública se forme robusta 
con respecto a las ventajas, a los beneficios y a las exi- 
gencias de una buena educación para todos los habí* 
tantes de la Kepública. Con ese objeto, el Inspector 
Nacional de Educa 'jíóíi deberá viajar por diferentes 
partes del Estado, lo menos durante dos meses en el 
año, sin perjuicio de los otros deberes de su cargo, vi- 
sitando las escuelas, conferenciando con los Inspecto- 
res Departamentales y Seccionales, con las Comisiones 
de Departamento y de Distrito, y dando lecturas en los 
Institutos de maestros y públicos, que propendan a es- 
timular en el pueblo el celo por el mejoramiento de la 



[87] 



JOSE PKDXCO VABSLA 



Educación. Los gastos hechos por el Inspector Nacio- 
nal de Educación en cumplimiento de lo dispuesto por 
este artículo serán pagados de las Rentas Generales 
de Educación, no pudiendo exceder de seiscientos pe- 
sos en el año. 

Arí. 12. — Inmediatamente después que haya reci- 
bido del Tesorero Nacional de Educación el Informe 
establecido por el artículo 19, inciso 1*?, el Inspector 
Nacional de Educación asignará a cada distrito, sec- 
ción y departamento la parte que le corresponda en 
las «Rentas Generales de Educación», deduciendo pre- 
viamente del total de éstas lo asignado por esta ley a 
la Escuela Normal del Estado, y a la Inspección Na* 
cional de Educación. Esa parte deberá ser una canti- 
dad igual a la que haya levantado cada distrito, sec- 
ción o departamento para el pago de maestros y sos- 
tenimiento de las escuelas. En el caso de que el total 
producido por las Rentas Generales de Educación en 
el año anterior no alcanzase para asignar a todos los 
distritos, secciones y departamentos una cantidad igual 
a la por ellos levantada, el Inspector Nacional de Edu- 
cación asignará a cada distrito la cantidad de tres pe- 
sos por cada niño en edad de escuela que resida en el 
distrito, distribuyendo el saldo que resulte, después 
de hecha esa asignación, proporcionalmcnte a lo que 
cada distrito, sección o deparl¿anento hubiese levan- 
tado. 

Arí» 13. — Hecho el cálculo estabicciJo en el artícu- 
lo anterior, el Inspector Nacional de Educación remi- 
tirá un extracto al Ministro de Gobierno, al Tesorero 
Nacional de Educación, a los Tesoreros Departamen* 
tales, a los Inspectores Seccionales y a los Tesoreros 
de Distrito, ordenando al Tesorero Nacional de Edu- 
cación pofnga a la orden de cada Tesorero Departa- 



[0] 



lA LSGaSlACFM ESCOLAR 



mental la paite que eonresponda a sn respectiro depar- 
tamento, recabando al entregarla los correspoudientefl 
justificativos. 

Art, 14» — El Inspector Nacional de Educación de- 
be preparar y hacer imprimir modelos adecuados para 
la recolección de datos e informes^ y para el cumplí* 
miento de todas las prescripciones de esta ley, enviando 
los ejemplares y copias necesarias a los departamen* 
tos^ secciones y distritos. 

Art. 15* — El Inspector Nacional de Educación 
conservará como propiedad pública, y los arreglará 
y hará encuadernar cuando sea necesario, todos los 
informes, libros, circulares e impresos que se envíen 
a la Inspección Nacional de Educación, pudiendo 
igualmente hacer encuadernar los informes manuscri- 
tos que crea conveniente, y debiendo conservar los 
demáa én d archivo de la Inspección Nacional. Las 
sumas necesarias para este objeto serán pagadas de 
las Rentas Generales de Educación, no pudiendo ex- 
ceder de doscientos cincuenta pesos en el año. 

Art. 16. — A la expiración del término por que 
haya sido nombrado, el Inspector Nacional de Edu- 
cación deberá entregar al que le suceda en el empleo, 
el Archivo y Biblioteca de la Inspección Nacional de 
Eihicficion bajo inventario. 

Del Tesorero Nacional da Educación 

Art» 17. — La Comisión Nacional de Educación 
nombrará un Tesorero Nacional de Educación, quien 
gozará de un sueldo de 3.000 pesos anuales, asignán- 
dose una suma que no podrá excedo: de 1.500 pesos 



JOSE PEDRO VARELA 



al año para alquiler de casa, gastos de oficina y even- 
tuales de la Tesorería Nacional de Educación: ambas 
partidas serán pagadas de las Rentas Generales de 

Educación. 

Art, 18. — El Tesorero Nacional de Educación re- 
cibirá de las Juntas Económico-Administrativas, de 
los Recaudadores de Contribución Escolar y de toda 
otra autoridad, corporación o persona. los fondos des- 
tinados a Jas «Rentas Generales de Educación», prove- 
nientes sea de las contribuciones aplicadas a ese ob- 
jeto, sea de las multas, herencias o cualquier otra 
fuente de recursos para la educación, regulares u 
ocasionales. 

Arl, 19. — Son deberes del Tesorero Nacional de 

Educación : 

1^ Recibir de los Tesoreros Departamentales de Edu- 
cación la cuenta de las cantidades levantadas por cada 
Distrito, Sección y Departamento para objetos de edu- 
cación en el año escolar que empieza, y pasar una 
nota documentada de lo que corresponde a cada De- 
partamentOy Sección y Distrito, al Inspector Nacional 
de Educación el día 30 de enero de cada año, o antes 
si le fuere posible. 

2^ Entregar a cada Tesorero Departamental de Edu- 
cación, previa orden por escrito del Inspector Nacio- 
nal de Educación, la parte que corresponda al respec- 
tivo Departamento en la distribución de las Rentas Ge- 
nerales de Educación, y hacer el servicio de Tesorería 
de la Inspección Nacional de Educación y de la Es- 
cuela Normal del Estado. 

3^ Emplear en títulos de Deuda Pública, de los que 
ofrezcan más eficaz garantía, las cantidades que pue- 



[90] 



LA LSGISLACION ESCOIAB 



dan quedar como saldo, después de hecho el servicio 
económico del año escolar: cuyos saldos servirán para 

cubrir el déficit que pudiera haber en algún año sub- 
siguiente, formando, si así no fuera, un «Fondo Gene- 
ral de Educación», cuyos intereses se aplicarán a au- 
mentar las Rentas Generales de Educación. 

4^ Recibir de todas las Comisiones Departamenta- 
les y de Distrito una cuenta detallada de todos los gas- 
tos hechos en el año escolar, con especificación de lo 
empleado en sueldos de maestros, construcción, repa- 
ración y alquiler de edificios, compra de textos, com- 
pra de útiles, y eventuales, y de todos loa ingresos, 
con especificación de su origen; y pasar al Inspector 
Nacional de Educación el día 20 de enero, o antes, 
una cuenta general, documentada, por Departamentos, 
Secciones y Distritos, para ser ésta incluida en el In» 
forme anual presentado a la Legislatura. 

5'^ Llevar con escrupulosidad, limpieza y precisión 
los libros necesarios para que, en cualquier tiempo, 
pueda tenerse exacta constancia de las cantidades dea- 
tinadas a la educación pública y de su empleo* 

De la Comisión Deparlamental de Educación 

Arí. 20, — En cada ciudad o villa, que sea cabeza 
de Departamento, habrá una Comisión Departamen- 
tal de Educación compuesta de; 

Un miembro de la Junta Económico- Administrati- 
va, designado por ésta, como Presidente: 

El Inspector Departamental de Educación: 

Y tres personas nombradas por la Junta Económico- 
Administrativa, que durarán un año en sus funciones. 



[91] 



JOaX PSDAO VAKSLA 



Aft, 21. La Cotnisión Departamental de Educa* 
ción nombrará el Tesorero Departamental de £du* 
cación y le asignará el sueldo de qüe deba gozar. 

Arí« 22. — 19 La Comisión Departattiejital de Edu- 
cación se reanirá una vez cada tres meses, por lo me- 
nos, en el punto del Departamento que ella misma 
designe, para examinar a los aspirantes y otorgar tí- 
tulos de maestro de tres grados: 

1^ Título de maestro Departamental de I*** grado, 

válido por tres años; 
2^ Título de maestro Departamental de 2^ grado, 

válido por dos años; 
3^ Título de maestro Departamental de 3*^ grado, 
válido por un año, 

29 Estos títulos serán válidos sólo en el Departa» 
mentó en que hayan sido otorgados, y harán aptos 
a sus tenedores para enseñar; 

£n una escuela de enseñanza primaría superior, o 
escuela de 3*^ grado, a los que tengan titulo de 1"* 
grado; 

En una escuela de Gramática o escuela de 2*^ grado, 
a los que tengan título de 2^? grado. 

39 Los títulos de 1^ grado sólo se expedirán a los 
que den un examen satisfactorio en Lectura, Defini- 
ciones, Ortografía, Composición, Escritura, Aritmética, 
Algebra, Geografía, Gramática, Historia y Constitu- 
ción de la República, Fisiología e Higiene, Teoría y 
práctica de la enseñanza y leyes sobre educación vi- 
gentes en la República* Los títulos de 2^ y 3^' grados 
sólo se otorgarán a los que Jen un examen satisfacto- 
rio en las mismas materias, con exclusión de Algebra. 
Recomendaciones extra pueden aceptarse en todos los 
grados por la habilidad de enseñar el dibujo, la músi- 

[92] 



LA LEGISLACION ZSCOLA» 



ca vocal t instrumental^ y otras materias que la C<^ 
misión Departamental de Educación pueda designar. 

4P El examen en Aritmética escrita, Algebra, Defi- 
niciones, Composición, Gramática e Historia de la Re» 
pública, debe hacerse por escrito, y diez preguntas 
separadas» por lo menos, deberán hacerse sobre cada 
materia. 

5^ Al dorso de cada título deberá ir expresado 
el número a que haya alcanzado el maestro en cada 
materia y el que sirva de tipo. ^ 

6^ Los títulos de maestro de cualquier grado sólo 
podrán expedirse cuando se tenga constancia de la 
moralidad y buena conducta del examinado. 

1^ La Comisión Departamental de Educación ten* 
drá la facultad de revocar el título de cualquier maes- 
tro departamental por conducta inmoral, intemperan- 
cia> crueldad, o evidente incapacidad para el cumpli- 
miento de sus deberes de maestro. 

8^ Por toda contribución, patente o gasto de exa- 
men, pagarán por el titulo: 

Los maestros de 1^ grado «... 3 pesos 

» » ^2^ » 2» 

» » >3*' » 1 peso 

Art. 23* — Es deber y atribución de la Comisión 
Departamental de Educación: 1' Nombrar las Comi- 
siones de Distrito en los casos previstos por lo9 ar- 
tículos 31 y 36; 2^ Administrar, dirigir, formular los 
programas, y nombrar y destituir los maestros fiján- 
doles el sueldo respectivo, de los Colegios Departa- 
mentales, o Escuelas de enseñanza secundaria, que que- 
dan facultadas para establecer las Comisiones Depar- 



mi 



JOSE PEDRO VARELA 



tamentales de Educación, respetando Iíis reglas esta- 
blecidas en los incisos siguientes: 

19 No podrán establecerse Colegios o Escuelas pú- 
blicas de enseñanza secundaria, sin que haya escuelas 
primarias suficientes para que puedan recibir en ellas 
la instrucción que es obligatoria por esta ley, todos 
los niños y niñas de 5 a 15 años que residan en el 
Departamento, 

2^ Cumplida la cláusula establecida en el inciso an- 
terior, la Comisión Departamental de Educación po- 
drá y deberá dirigirse a todag las Comisiones de Dis- 
trito del Departamento, proponiendo la fundación de 
uno o más colegios o escuelas de enseñanza secunda- 
ria, y estableciendo las cantidades que se requerirían 
para su instalación y sostén, y la cuota proporcional 
que corresponda a cada cien pesos de propiedad terri- 
torial o urbana del Departamento, Las Comisiones de 
Distrito procederán con arreglo a lo establecido en el 
artículo 96, y en el caso de que la mayoría de las vo- 
taciones sea a favor de la fundación del colegio o es- 
cuela de enseñanza secundaria, se procederá a su esta- 
blecimiento nombrando cada Comisión de Distrito un 
delegado para que, reunidos a la Comisión Departa- 
mental de Educación, procedan, por mayoría de votos, 
a designar el punto del Departamento donde el cole- 
gio o escuela de enseñanza secundaria deba estable- 
cerse. ^ 

Art. 24. — La Comisión Departamental de Educa- 
ción deberá remitir al Inspector Nacional de Educa- 
ción el día 20 de noviembre de cada año un informe 

sobre el estado, condición, gastos y recursos del cole- 
gio o colegios departamentales, con arreglo a las indi- 



1. Véase «1 eoiziAntarlo en «1 Capitulo XVII. 



[94] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



caciones que le hayan sido hechas por el Inspector 
Nacional de Educación» 

Del Inspeclor Depariaxnental de Educación 

AtU 25. — El Inspector Departamental de Educa* 
cióii será nombrado por las Comisiones de Distrito 
del respectivo Departamento, siguiendo las mismas re- 
glas establecidas para el nombramiento del Inspector 
Nacional de Educación, y durará en sus funciones por 
dos años. Al enviar su voto las Comisiones de Distrito 
establecerán también el sueldo anual de que deba go- 
zar. 

Arl. 26» — Son atribuciones y deberes del Inspec- 
tor Departamental de Educación: 

1*? Asignar a cada Distrito del Departamento la 
parte que le corresponde en las Rentas Generales de 
Educación, con arreglo a la distribución hecha por el 
Inspector Nacional de Educación, deduciendo previa* 
mente y en proporción al total asignado a cada Dis- 
trito, la parte que corresponda por sueldo del Inspec- 
tor Departamental, del Tesorero Departamental y del 
Inspector Seccional de la Sección a que el Distrito 
pertenezca: y comunicar por escrito al Tesorero De- 
partamental un extracto de la asignación que a cada 
distrito corresponda, 

2*** Refrendar las órdenes giradas contra el Tesorero 
Departamental de Educación por las Comisiones de De- 
partamento y de Distrito y por los Inspectores Seccio- 
nales. ' 

3^ Visitar cada escuela del Departamento por lo me- 
nos una vez en el año. 



[W3 



JOBS FmaO VAMLA 



4^ Convocar a todos los maestros de las escuelas 
públicas del Departamento, por lo menos una ves cada 
seis meses, a una convención que se regirá de acuerdo 
con lo que prescriba en reglas generales el Inspector 
Nacional de Educación. 

5^ Hac^ qae se cumpla la prescripción de no usar 
en las escuelas públicas otros textos que los aprobados 
por la Comisión Nacional de Educación, 

6? Presidir los Institutos Departamentales de maes- 
tros. 

7*? Verificar los límites de cada Sección del Depar- 
tamento y resolver en definitiva las diferencias que con 
ese motivo puedan producirse entre dos o más Seccio- 
nes. 

8^ Presentar al Inspector Nacional de Educación 
en los diez primeros días del mes de diciembre de cada 
año un informe sobre el estado de la educación en el 
Departamento, con arreglo a las instrucciones que le 
sean dadas por el Inspector Nacional de Educación; 
y trasmitir a éste todos los informes que extraordina* 
riamente solicite, 

99 Distribuir y hacer distribuir todas las circulares, 
informes, leyes e instrucciones que le sean enviadas 
por el Inspector Nacional de Educación, por la Comi- 
sión Nacional de Educación, o por la Comisión De- 
partamental de Educación. 

10« Conservar en depósito, como propiedad públioa, 
y transmitir a sus sucesores en el puesto, todos los in- 
formes, libros y documentos que como Inspector De* 
partamental de Educación se le remitan. 

11. Llevar un libro en que consigiie metódica y cxo- 
nológicamente sus actos oficiales. 



EW] 



LA LEGISLACION . ESCOLAR 



12 > Cumplir y velar por el cumplimiento de todo 
lo preceptuado en esta ley en aquello que se relacione 
con su respectivo Departamento. 

13. Propender por todos los medios legítimos a su 
alcance a estimular en el Departamento el celo del 
pueblo por el mejoramiento y difusión de la educa- 
ción común. 

Del TMorero Deparlamenlal d» Educación 

Art, 27. — El Tesorero Departamental de Educa- 
ción será nombrado por la Comisión Departamental 
de Educación y gozará del sueldo que ésta le asigne. 

Arl. 28. — Son deberes y atribuciones dd Tesorero 
Departamental de Educación: 

1^ Recibir del Tesorero Nacional de Educación, de 
la Comisión Departamental de Educación o de cual- 
quier otra autoridad, corporación o persona, las can- 
tidades destinadas al servicio de la educación pública. 

2^ Pagar todos los giros y cuentas de las Comisio- 
nes Departamental y de Distrito, y de los Inspectores 
Departamental y Seccionales, autorizados por la ley y 
debidamente refrendados por el Inspector Departamen- 
tal de Educación. 

3^ Pasar todos los años al Tesorero Nacional de 
Educación una cuenta detallada y justificada de los 
ingresos y egresos del tesoro Departamental de Edu- 
cación el día 10 de enero o antes, y con arreglo a las 
instrucciones que le hayan sido dadas por el Tesorero 
Nacional de Educación, Siempre que lo solicite, el Te- 
sorero Departamental de Educación deberá entregar 
una copia auténtica de esa cuenta a la Comisión De- 
partamental de Educación. 

[97] 

V 



JOSE PSDBO VARELA 



4^ Llevar con precisión, limpieza y claridad los li- 
bros necesarios para que, en cualquier tiempo, pueda 
conocerse el estado y movimiento de las cantidades des< 
tinadas a la educación común en el Departamento, 
llevando una cuenta aparte para cada distrito. 

De los Inspedores SeccionalM de Educación 

Arí. 29. — En cada Sección de cada Departamento 
habrá un Inspector Seccional de Educación, que será 
elegido por las Comisiones de Distrito de su respecti- 
va Sección, con arreglo a lo dispuesto para la elección 
del Inspector Nacional de Educación, y quien gozará 
del sueldo que le sea asignado por lag Comisiones de 
Distrito, durando en sus funciones por el término de 
un año« 

Arl. 30, — Los Inspectores Seccionales de Educa* 
ción serán nombrados en los primeros diez días del 
mes de diciembre de cada año, y en el caso de que 
cualquier Sección dejara de nombrar el Inspector Sec- 
cional correspondiente, nombrará el Inspector Depar- 
tamental de Educación la persona que deba desempeñar 
ese empleo^ asignándole un sueldo igual al que gocen 
los Inspectores Seccionales de las secciones limítrofes 
del mismo Departamcnto. 

Ari. 3L — Son deberes y atribuciones de los Ins- 
pectores Seccionales de Educación: 

1^ Visitar a lo menos una vez por mes todas las es- 
cuelas de su Sección; 

2^ Rectificar los límites de los Distritos de su Sec- 
ción y fallar en las diferencias que con ese motivo se 
produzcan entre dos o más distritos; 



[98] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



39 Dar aviso por escrito a la Comisión Departa- 
mental de Educación para que nombre las Comisiones 
de Distrito y llene las vacantes en loa casos previstos 
por el artículo 36; 

4^ Fijar la cuota del distrito escolar, ordenando su 
cobro, en los casos previstos por el articulo 94; 

5^ Fallar, con apelación para ante el Inspector De- 
partamental de Educación, en los casos previstos por 
los artículos 59 y 73; 

6^ Exigir de la Comisión de Distrito, siempre que 
lo conceptúe necesario para la salud y bienestar de 
los discípulos, que se refaccione o se cambie el local 
de la escuela o el menaje. Las Comisiones de Distrito 
podrán apelar de estas resoluciones para ante el Ins- 
pector Departamental de Educación, quien fallará en 
definitiva; 

7^ En el caso de que se establezcan escuelas volan* 

tes por no poderse establecer escuelas fijas, designar 
los vecinos de cada distrito que deberán dar aloja- 
miento a la escuela y al maestro; 

8^ En toda Sección en la que haya más de diez dis- 
tritos escolares, convocar lo menos una vez cada tres 
meses, una reunión de los maestros del distrito, para 
ocuparse de cuestiones relativas a la educación; 

9^ Pasar al Inspector Nacional de Educación, en- 
viando una copia al Inspector Departamental, un in- 
forme sobre el estado de la Educación pública en su 
Sección, en el día 25 de noviembre de cada año; ajus- 
tándose a las direcciones que le serán remitidas por 
el Inspector Nacional de Educación; 

10. Pasar al Inspector Nacional de Educación en- 
viando una copia al Inspector Departamental, d dia 



[99] 



JOSE PEDRO VAHELA 



25 de noviembre de cada año, un informe sobre todas 
las escuelas, colegios y establecimientos privados de 
educación, de cualquier clase o grado, ajustándose a 
las direcciones que le serán enviadas por el Inspector 
Nacional de Educación. Los directores de estableci- 
mientos privados de educación están en el deber de dar 
a los Inspectores Seccionales de su respectiva Sección, 
los datos que sobre dichos establecimientos soliciten, 
bajo pena de una multa de IQ á SO pesos por la pri- 
mera falta y de clausura del establecimiento en el caso 
de reincidencia; 

11. Cumplir y hacer cumplir todas las disposiciones 
de esta ley en lo que se refieran a la Sección a que per- 
tenezca el Inspector. 

D» las ComlsioHM de Dlslrito 

Art. 32. — El día 30 de noviembre de cada año ha- 
brá elecciones en cada Distrito Escolar, para el nom- 
bramiento de una Comisión de educación, compuesta 

de tres miembros, que durarán por tres años en sus 
funciones, renovándose anualmente por terceras par- 
tes, Al constituirse la primera Comisión, designará a 
la suerte cuál es el miembro que debe cesar el primer 
año, cuál el segundo y cuál el tercero, siguiéndose en 
adelante el orden correspondiente en cada elección. 

Art, 33* — Es elegible para el cargo de miembro 
de la Comisión de Distrito cualquier persona, sea hom- 
bre o mujer, que tenga 21 años cumplidos de edad, 
sepa leer y escribir, y haya residido en la Sección por 
lo menos seis meses antes del día de la elección, y 
desde un mes antes en el Distrito, Por lo menos dos 
de los miembros de la Comisión de Distrito deberán 
ser naturales de la República. 



[100] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



Arí. 34. — Tendrán voto como electores en el nom- 
bramiento de las Comisiones de Distrito, además de 

todos los ciudadanos legalmente habilitados para votar 
en las elecciones generales, los extranjeros que pa- 
guen Contribución Directa y los que. sin pagar ésta, 
sean padres o cabeza de familia; tendrán igualmente 
voto las mujeres, sean naturales o extranjeras, que pa- 
guen Contribución Directa o sean cabeza de familia. 

Arí. 35. — 1^ La Concisión de Distrito deberá con- 
vocar por avisos públicos, con lo menos diez días de 
anticipación, para las elecciones anuales que deben te- 
ner lugar en el Distrito, especificando la hora y el lo- 
cal en que se verificará la elección. 

2^ En el caso de que la Comisión de Distrito deje 
de convocar en la época establecida por esta ley, dos 
electores legales del Distrito podrán hacerlo, sin que 
sea causa de nulidad de la elección el que no haya ha- 
bido convocatoria hecha por la Comisión de Distrito* 

3^ Las elecciones se harán por medio de balotas es- 
critas y todo elector tendrá facultad de tachar el voto 
de cualquier persona que se presente a votar. 

Afi En el caso de que se haya tachado un voto cual- 
quiera, el Presidente de la mesa electoral procederá 
a hacer prestar juramento a la persona cuyo voto haya 
sido tachado, en esta forma: «¿Juráis o afirmáis que 
con arreglo a la Ley de Educación Común, podéis vo- 
tar legalmente en esta elección, en este Distrito, y que 
no habéis votado antes en el día de hoy?» Si rehusa 
prestar el juramento, se rechazará el voto: si lo presta 
se considerará válido, y en el caso de que hubiese vo- 
tado ilegabnente estará sujeto a las penas aplicadas al 
perjuro. 



[101] 



JOOS MtmO YABUA 



5^ La mesa practieará el escrutinio en la forma et^ 

tahlecida para las elecciones generales y comunicará 
el resultado a los electos^ quienes se recibirán inme* 
diatamente de sus puestos» previo el juramento de esti* 
loy que será prestado ante el Secretario de la Comi- 
sión de Distrito, en esta forma: «¿Juráis o afirmáis 
desempeñar fielmente y con arreglo a vuestra concien- 
cia los deberes del cargo para el que habéis sido ele- 
gido?» 

Art» 36. — En el cago de que los miembros de la 
Comisión de Distrito no sean nombrados en la época 
fijada por esta ley, el Inspector Seccional de Educa- 
ción deberá comunicarlo inmediatamente, por escrito^ 
a la Comisión Departamental de Educación, para que 
ésta proceda a nombrarlos: así como deberá pasar el 
aviso correspondiente para que la Comisión Departa- 
mental de Educación llene las vacantes producidas por 
muerte, renuncia, ausencia o cualquier otra causa. Los 
miembros de las Comisiones de Distrito nombrados le- 
galmente por la Comisión Departamental de Educa* 
ción tendrán las mismas facultades y deberes que los 
nombrados por los electores en las elecciones anuales 
de Distrito. 

Art. 374 — Siempre que por disposición de la Co* 
misión Departamental de Educación se forme un nue* 
vo Distrito, el Inspector Seccional deberá convocar a 
elecciones dentro de los treinta días inmediatos siguien* 
tes: y en defecto del Inspector Seccional dos electores 
legales del Distrito pueden hacerlo, procediendo en ese 
caso como en las demás elecciones anuales de Comi* 
sión de Distrito. 

ArL 38. — Todo nuevo distrito se considerará or> 
ganizado, siempre que dos de los tres miembios hayan 



LA LEGISLACION SSCOLAB 



aceptado el nombramiento ; y el acta levantada por el 
Secretario del Distrito será, sin más requisito, prueba 

evidente de la organización del Distrito. 

Arh 39, — Cualquiera que sea la época del año en 
que se organice un nuevo Distrito, los miembros de 
la Comisión de Distrito se considerarán electos el 30 
de noviembre inmediato anterior. 

Arl. 40. — El nombre del Distrito deberá ser de- 
terminado por los electores en la primera elección. 

Ari* 41. — El Inspector Departamental de Educa- 
ción tendrá facultad para cambiar el nombre de un 
Distrito cualquiera» siempre que hubiese dos o más 
en el departamento del mismo nombre; y la misma 
facultad tendrá el Inspector Nacional de Educación, 
siempre que en dos o más departamentos, dos o más 
distritos hubiesen adoptado el mismo nombre* 

AxÍm 42. — En el caso de que dentro de los diez 
días inmediatos siguientes a su elección, uno o más 
de los miembros de la Comisión de Distrito no hu- 
biese comunicado su aceptación, se considerará vacan- 
te el puesto y el Inspector Seccional de Educación 
lo comunicará a la Comisión Departamental de Edu- 
cación para que ésta proceda a nombrar a los que 
deban reemplazarlos^ 

Ari. 43. — Inmediatamente después de practicada 
cualquiera elección en el distrito, el Secretario de Dis< 
trito deberá comunicar el resultado por escrito, al Ins- 
pector Seccional de Educación. 

Art. 44, — Cada Comisión de Distrito cada dicís 
días inmediatos siguientes a su elección deberá reunir- 
se en la casa de la escuela, o si esto no pudiera ser, en 
el lugar designado por el Secretarioi y proceder a 



JOSK PEDRO VARKLA 



nombrar de su seno un Secretario, que se denominará 
Secretario del Distrito, y quien deberá llevar un libro 
de actas de las sesiones de la Comisión de Distrito^ 
otro de las reuniones generales para elecciones, y otro 
en el que se hallen consignados metódica y cronológi- 
camente sus actos oficiales. 

Art« 45. — La Comisión de Distrito nombrará un 

Tesorero del Distrito cuyos deberes son: 

1^ Recibir del Recaudador de Distrito las cantida- 
des destinadas a la educación, que hayan sido cobra- 
das por contribuciones, multas o de cualquier otro 
modo. 

2^ Pagar los sueldos de maestros, alquileres de casa 
o gastos de construcción, y además gastos autorizados 
por esta ley, recabando en todos los casos loa justiíi» 
cativos correspondientes. 

39 Remitir al Tesorero Departamental y al Teso- 
rero Nacional de Educación, el 2 de enero de cada 
año, o antes, las cuentas a que se refiere el artículo 
19 inciso 49, 

49 Llevar los libros necesarios para que en cual- 
quier tiempo pueda tenerse exacta constancia del esta- 
do del tesoro de distrito y de su movimiento, 

Art» 46« — Los libros a que se refieren los artícu- 
los 44 y 45 estarán a disposición de los electores en 

los días de elección y éstos podrán inspeccionarlos, 
siendo deber de la Comisión de Distrito, siempre que 
le fuese pedido por tres o más electores del distrito, 
presentar un balance del movimiento de los dineros de 
la educación durante el año transcurrido. 

Arl. 47. — Todo distrito escolar, legalmente orga- 
nizado, se llamará y conocerá por el nombre que lleve 
en la eiguiente fórmula: «Distrito (el nombre) de la 



£104] 



LEGISLACION ESCOLAR 



(el número) Sección del Departamento de. . « y en 
su nombre la Comisión de Distrito podrá demandar y 
ser demandada en juicio ante las autoridades judicia- 
les competentes de cualquier punto de la República, 
y poseer, contratar^ comprar y vender como persona 
civil, ajustándose en los casos especiales a lo dispuesto 
por esta ley. 

AjU 48. — Son deberes y atribuciones de las Co- 
misiones de Distrito: 

1^ Nombrar y destituir loa maestros y todos los 
empleados escolares del Distrito, y íijar, aumentar y 
disminuir los sueldos de los maestros y empleados; 

2^ Dictar y aplicar reglas y órdenes para el manejo 
de la escuela o escuelas del Distrito, estableciendo el 
programa de estudios, las horas y los díaa de clase, 
el tiempo que debe funcionar la escuela, y todo lo 
concerniente al arreglo, administración y dirección de 
la escuela o escuelas, siempre que sus disposiciones 
no se opongan a lo preceptuado por esta ley ; 

3^ Suspender a los alumnos declarados incorregi- 
bles con arreglo a las disposiciones previamente esta* 
blecidas por ella misma y que serán iguales para todos 
los alumnos que se encuentren en el mismo caso; 

49 Imponer y cobrar a los padres, tutores o guar- 
dianes, las multas autorizadas por el articulo 64; 

Alquilar, amueblar, reparar y surtir de lo nece- 
sario las casas de escuela; 

6° Construir las casas de escuela y comprar y ven- 
der los terrenos escolares con arreglo a lo dispuesto 
por los artículos 95, 96 y 97; 

7'? Fundar y mantener Jardines de Infantes, o es- 
cuelas de párvulos, con arreglo a lo establecido en el 
articulo 98; 



[105] 



joaB ramo vasxia 



Hacer que todos los maestros lleven un Registro 

Escolar con arreglo a las direcciones dadas por el Ins- 
pector Nacional de Educación^ y que concurran a las 
Convenciones de maestros, Nacionales, Departamen- 
tales y Seccionales; 

9^ Pasar al Inspector Seccional de Educación un 
Informe semestral el 1^ de junio de cada año, y un 
informe anual el 20 de noviembre de cada año, sobre 
el estado, condición y progreso de la escuela o escue- 
la3 del Distrito^ según las direcciones que les sean 
dadas por el Inspector Nacional de Educación; 

10. Transmitir al Inspector Nacional de Educación, 

al Inspector Departamental de Educación o al Inspec- 
tor Seccional de Educación, los datos e informes que 
éstos soliciten en cualquier época que le sean pedidos; 

11. Graduar las escuelas dividiéndolas en escuelas 
primarias, escuelas de gramática y escuelas primarías 
superiores, o escuelas de 1^, 2^ y 3^^ grado, siempre 
que haya medios bastantes para sostener los tres depar* 
lamentos a la vez, y que haya espacio y medios de dar 
educación a todos los niños que están obligados a 
concurrir a las escuelas primarias, dando, en todos los 
casos, la preferencia a éstas últimas; 

12. Mantener todas las escuelas establecidas en el 
Distrito el mismo tiempo durante el año, y, en cuanto 

sea posible, con los mismos derechos para todos, de- 
bien do en todos los caaos ser mantenidas y provistas 
primero las escuelas primarías; 

13. Disponer de todos los dineros escolares para 
todos los objetos autorizados por esta ley, debiendo 
aplicarse especialmente, y hasta donde alcance, al pago 
de los sueldos de los maestros la cuota con que el Es- 
tado concurra para el sostenimiento da la educación. 



[106] 



14. Los saldos que puedan resultar después de cu- 
bierto el servicio de un año escolar se aplicarán al año 
siguiente, a menos que los electores resuelvan apli- 
caries a un objeto determinado con arreglo a lo dis- 
puesto en los artículos 95 y 96 ; 

15. Reunir dos o más Distritos contiguos de una 
misma Sección, o de dos Secciones limitrotes, estable* 
ciendo una «Escuela de Unión» que será sostenida por 
los fondos de los dos Distritos reunidos, y administra* 
da por las Comisiones reunidas, que para ese objeto 
constituirán una sola Comisión; 

16« Realizar arreglos con la Comisión de un distrito 
vecino con el objeto de que concurran a las escuelas 
del Distrito vecino los niños que puedan hallarse más 
cerca o concurrir más fácilmente a ellas, disponiendo 
para ese objeto de la cantidad que relativamente co- 
rresponda a cada niño en los gastos generales del Dia-* 
trito, para el sostenimiento de aquella clase de escue- 
las a que el niño debe concurrir; 

17* Nombrar un Recaudador de la contribución es* 
colar del Distrito; 

18. Cumplir y hacer cumplir las disposiciones de 
esta ley en lo que se refiere a cada Distrito» 

Art. 49, — La Comisión de Distrito nombrará el 19 
de octubre de cada año, o antes, un Comisario del 

Censo Escolar, comxmicando dicho nombramiento, por 
escrito, al Inspector Seccional de Educación. Serán 
deberes del Comisario del Censo Escolar; 

1^ Levantar anualmente en el mes de noviembre de 
cada año un censo exacto de todos los niños de 5 a 15 
años que haya en el Distrito, debiendo notar especial 
y separadamente los niños que haya, blancos, negroS| 
pardos a indios» di sexo y nacionalidad; y los nom* 



[107] 



JOSX PEDRO VABXIA 



bres y nacionalidad de los padres, tutores y guardia- 
nes. Todos los niños que puedan estar ausentes del 
hogar asistiendo a establecimientos privados de edu- 
cación, serán incluidos por el Comisario del Censo 
Escolar del Distrito donde residan los padrea, tutores 
o guardianes, y no serán incluidos por el Comisario 
del Censo Escolar del Distrito donde los mencionados 
niños se encuentren; 

2^ Levantar en la misma época un censo de todos 
los niños blancos, negros, pardog e indios, especial- 
mente sexo y nacionalidad, de menos de 5 años, no- 
tando separadamente, siempre que sea posible^ los que 
haya entre 3 y 5 años; 

3*? Recoger los datos estadísticos que le sean pedi- 
dos por el Inspector Nacional de Educación, con arre- 
glo a las direcciones que le serán enviadas por él; 

AR Pasar un informe detallado el día 25 de noviem- 
bre de cada año, o antes, al Inspector Seccional de 
Educación, y otro sí le fuese pedido, al Secretario del 
Distrito. 

Arl. 50. — Los cargos de Secretario del Distrito, 
Tesorero del Distrito, Recaudador de la Contribución 
Escolar, y Comisario del Censo Escolar, pueden reunir- 
se en una misma persona, que goce de un solo sueldo 
o retribución. 

De los PepaxlBmexiiOfl* Secciones y Diaiziios 

ArL 5L — Cada uno de los Departamentos de la 
República formará un Departamento Escolar. 

Art» 52« — Cada ciudad, villa o pueblo de la Repú- 
blica, con su reepectivo ejido, formará una sola Sec- 



tlOB] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



ción Escolar: y en la campaña cada sección policial 
formará una Sección Escolar, 

Arl. 53« — Los Distritos Escolares se formarán del 
siguiente modo: 

1^ En la ciudad de Montevideo formará un Distrito 
Escolar toda área de terreno donde se hallen compren- 
didos no menos de 2.000 ni más de 4.000 habitantes. 

2^ En la ciudad de Paysandú formará un Distrito 
Escolar toda área de terreno donde se hallen com- 
prendidos no menos de I.OOO ni más de 2,000 habi- 
tantes. 

3^ En todas las otras ciudades, villas y pueblos de 
la República, formará un Distrito Escolar toda área 
de terreno donde se hallen comprendidos no menos de 
500 ni más de 1.000 habitantes. 

4? En las secciones de campaña formará un Dis- 
trito Escolar toda área de terreno donde se hallen com- 
prendidos no menos de 300 ni más de 500 habitantes, 

5^ Cuando el aumento de población haga necesaria 
la división de un Distrito ya establecido, dos de los 
electores del Distrito podrán solicitar esa división de 
la Comisión Departamental de Educación, y ésta de- 
berá acceder a la petición, fijando los límites del nue- 
vo Distrito y ordenando se proceda con arreglo al 
artículo 37. Las propiedades y valores escolares del 
Distrito se dividirán proporcionalmente al número de 
niños de 5 a 15 años, entre los Distritos que se for- 
men del antiguo Distrito, y de las obligaciones pen- 
dientes contraídas por éste serán responsables todos 
los nuevos Distritos como si la subdivisión no se hu- 
biese hecho. 



[109] 



JOSE PÜORO VÁRELA 



Dm lai Egcu e las 

Ari. 54. — Todos los Distritos escolares están obli* 
gados a fundar y sostener las escuelas necesarias para 
que reciban, cuando menos, la instrucción declarada 
obligatoria por el artículo 57, todos los niños de 5 a 
15 años que residan en el Distrito. 

Ari. 55. — Las escuelas deberán funcionar en los 
Distritos rurales cuando menos cuatro meses en el año, 
y en las ciudades, villas y pueblos, por lo menos seis 
meses en el año. 

AtU 56. — No podrán emplearse en las escuelas pu- 
blicas maestros que no tengan título, sea del Estado 

o sea del Departamento, y en todos los casos no em- 
pleando al maestro en una enseñanza superior al grado 
a que su título corresponda. 

Arl^ 57. — En todas las escuelas públicas las lec- 
ciones se darán en el Idioma nacional y comprende- 
rán cuando menos, un curso completo en Lectura, Es- 
critura, Ortografía, Composición, Aritmética, Princi- 
pios generales de Moral y Religión natural, Elementos 
de Historia Nacional, Constitución de la República, 
Fisiología e Higiene, y Ejercicios físicos o gimnasia 
de salón. 

Art» 58, — Las Comisiones de Distrito podrán en- 
sanchar libremente el programa de las escuelas públi<* 
cas, pero no de manera que se descuiden o excluyan 
las materias establecidas en el artículo anterior. 

Art, 59. — Es facultativo de la Comisión de Distrito 
establecer en la escuela o escuelas del Distrito la ense- 
ñanza de la Religión Católica Apostólica Romana o 
del Catecismo Católico» con arreglo a las disposicio- 
nes siguientes: 



[110] 



LA LEGISLACION ESCOLAS 



1^ Que la engeñanza religiosa no minore ni haga 
descuidar la de las materias establecidas en el artícu- 
lo 57; 

2^ Que sólo pueda darse fuera de las horas de clase, 
antes de empezar o después de concluir la escuela, en 
el caso de que cualquiera de los padres de los niños, 
sujetos a la obligación escolar^ residentes en el Distri- 
to, solicite por escrito de la Comisión de Distrito que 
la enseñanza de la Religión Católica o del Catecismo 
sea excluida de la escuela; 

3*** Que no podrá obligarse a ningún niño a que asis- 
ta a la enseñanza de la Religión Católica o del Cate- 
cismo contra la voluntad o sin el consentimiento de 
sus padres, tutores o guardianes; 

49 En el caso de que la Comisión de Distrito no 
cumpliese con lo dispuesto en los incisos anteriores, 
el padre o padres que hayan solicitado la supresión 
de la enseñanza de la Religión Católica o del Catecis- 
mo, podrá apelar para ante el Inspector Seccional de 
Educación y éste deberá compeler a la Comisión de 
Distrito a que lo haga. En el caso de que tampoco 
fuera atendido por el Inspector Seccional de Educa- 
ción, podrá apelar, acompañando los justificativos para 
ante el Inspector Departamental de Educación, quien 
deberá exigir del Inspector Seccional de Educación y 
de la Comisión de Distrito que haga cumplir y cum- 
pla lo dispuesto por esta ley ; y en el caso de que tam- 
poco hiciera lugar a su petición el Inspector Departa- 
mental de Educación, podrá apelar para ante el Ins- 
pector Nacional de Educación, quien deberá ordenar 
al Inspector Departamental, al Inspector Seccional y a 
la Comisión de Distrito que cumplan lo dispuesto por 
esta ley. La falta de cumplimiento de este inciso por 



[lU] 



JOSE PEDRO VABEIA 



parte del Inspector Nacional de Educación, da mérito 
a su destitución por la Asamblea Nacional ante quien 
puede apelar en definitiva el padre cuyos derechos 
hayan sido desconocidos, ^ 

Art. 60. — Con el objeto de proteger la salud de 
los niños queda expresamente prohibido mantener en 
la escuela más de cuatro horas poi día, excluyendo 
el descanso, a los niños menores de ocho años: y nin- 
guna escuela deberá prolongarse más de seis horas 
al día, excluyendo un descanso intermedio de un lar- 
go prudenciaL ^ 

De los DiscípuloB 

Arl. 61, — 1^ La escuela pública sera gratuita en 
todos sus grados; 

2^ Serán admitidos en ella todos los niños y niñaa 
residentes en el Distrito, que tengan de 5 a 15 años 
de edad, salvo las excepciones establecidas por el ar- 
tículo 66. 

3^ En los Distritos en que haya establecidos jardi- 
nes de infantes, las Comisiones de Distrito podrán 
fijar hasta la edad de siete años para la admisión de 
los niños en la escuela primaria pero en ese caso, sin 
perjuicio de admitir a los de menos edad, serán admi- 
tidos en el Jardín de Infantes todos los niños que ten- 
gan de cinco a siete años de edad. 

Art. 62, — Eg obligatorio para todos los niños y 
niñas de cinco a quince años de edad el aprender, 
cuando menos, las materias establecidas en el articu-' 
lo 5Z 



1. Véase el comentarlo en el Capitulo XVH. 

2, Véase el comentarlo en el Capitulo XVII« 



[112] 



LA LEGISLACIOK ESCOLAR 



Ari, 63. — Los niños y niñas que no concurran a 
las escuelas públicas podrán aprender esas materias 

sea en escuelas particulares, en su casa, o del modo 
que sus padres, tutores o guardianes estimen más con- 
veniente; pero todos los niños y niñas que no concu- 
rran a las escuelas públicas deberán someterse a un 
examen anual que se efectuará ante la Comisión de 
Distrito en la época y lugar designado por ésta. 

Art» 64. — Los padres^ tutores o guardianes de ni- 
ños en edad de escuela que no reciban la instrucción 
declaraíja obligatoria por esta ley, sufrirán una multa 
de 2 a 20 pesos por la primera vez, y en caso de re- 
incidencia serán suspendidos por dos años en el uso 
de sus derechos políticos, si son ciudadanos, y paga- 
rán una multa de 20 a 100 pesos si son extranjeros 
o mujeres, o naturales del país con la ciudadanía sus- 
pendida o perdida. La Comisión de Distrito integrada 
por dos habitantes de otro distrito nombrados por el 
Inspector Seccional de Educación resolverá en los ca- 
sos que se presenten y aplicará las multas, dando cuen- 
ta inmediatamente en cada caso a la Comisión Depar- 
tamental de Educación^ para ante quien podrá apelar 
el padre, tutor o guardián que haya sido condenado* 
El íaUo de la Comisión Departamental de Educación 
será definitivo* 

Art. 65. — La Comisión de Distrito podrá suspen» 
der temporalmente en la admisión a la escuela pública 
a los niños o niñas que por mala conducta contumaz 
se hagan acreedores a esa pena. 

Art, 66. — No serán admitidos en las escuelas pú* 
blicas los niños o niñas que tengan enfermedades con- 
tagiosas, o repugnantes a juicio de la Comisión de Dis- 
trito, ni loa que no hayan sido vacunados en lo» di«« 



JOSE PEDRO VARELA 



tritos o secciones donde se suministre gratuitamente la 
vacuna. 

Ari, 67, — Los padres, tutores o guardianes son 
responsables a la Comisión de Distrito de los perjui- 
cios causados por sus hijos o pupilos a la escuela, 
destruyendo, rompiendo, cortando o injuriando de 
cualquier modo, voluntariamente, la casa de escuela» 
o el menaje o propiedad escolar. 

D» loi Maestros 

Art. 68. — Cada maestro empleado en cualquier 
cuela publica deberá pasar un informe anual al Ins- 
pector Seccional de Educación el 20 de noviembre de 
cada año en la forma y njodo prescriptos por los mo- 
delos que le senin enviados por el Inspector Nacional 
de Educación; y siempre que el Secretario del Distrito 
lo solicite deberá pasarle una copia de ese Informe, 

Apí. 69. — Todo maestro que concluya cualquier 

término de escuela, antes de la fecha designada en el 
artículo anterior, deberá pasar al Inspector Seccional 
de Educación un Informe que comprenda el tiempo 
que haya durado el término; y todo maestro que pasa 
el informe anual el 20 de noviembre, deberá incluir 
los datos correspondientes a todo el año escolar, aun- 
que él u otro maestio haya pasíído anteriormente in- 
forraes parciales. 

Arl, 70. — Ningún Inspector Departamental de 
Educación, Inspector Seccional de Educación o Comi- 
sión de Distrito dará orden de pago o refrendará la 
orden correspondiente al último mes por sueldo de un 
maestro cualquiera, a meno$ que se hayan pasado y 



í 114] 



LA LIGISLACION ESCOLA» 



recibido los Infonnes requeridos por los artículos 68 
y 69- 

Arl. 71. — Cada maestro deberá llevar un Registro 

escolar del modo que sea establecido por el Inspector 
Nacional de Educación, y ningún Inspector Seccional 
refrendará la orden de pago por el último mes de 
. sueldo del maestro del término o año escolar» a menos 
de haber recibido certificado del Secretario del Distrito 
de que se ha llevado debidamente el Registro Escolar, 
o a menos que el Inspector Seccional de Educación 
lo haya constatado por inspección propia» 

Ari, 72. — Ningún maestro tendrá derecho a co- 
brar sueldo o retribución alguna de los dineros esco- 
lares a menos de que haya sido empleado por la ma- 
yoría de la Comisión autorizada para nombrarlo, o 
a menos de tener título legal del Estado, o del Depar- 
tamento en que se le emplee. 

Arí. 73« — En el caso de destitución de un maestro 
pór causa de incapacidad, incompetencia o violación 
de las reglas, antes de la conclusión de un contrato por 
escrito que haya sido formado entre ese maestro y la 
Comisión de Distrito, el maestro tendrá derecho de 
apelar para ante el Inspector Seccional de Educación, 
y si éste decide que la remoción ha sido hecha sin 
causa legítima, el maestro destituido volverá a la es* 
cuela y continuará hasta la terminación del contrato. 

Art. 74, — Cualquier maestro cuyo sueldo sea rete- 
nido, ten virtud de las disposiciones de esta ley, podrá 
apelar para ante el Inspector Nacional de Educación, 
cuya decisión será final* 

Art* 75« — Es deber de todos los maestros tratar de 
imprimir hondamente en el espíritu y en el corazón de 



[115] 



JOSE PEDRO VARELA 



SUS discíptJos los principios y sentimientos de mora- 
lidad, justicia^ verdad y patriotismo: enseñarles a huir 
de la pereza, de la mentira y de la profanación; ins- 
truirlos en los principios del gobierno libre y íormar- 
loé en la comprensión verdadera de los derechos, los 
deberes y la dignidad de la ciudadanía oriental. 

De la Efcuela Normal del Estado 

Art. 76. — Los miembros de la Comisión Nacional 
de Educación, con excepción del Director de la Es- 
cuela Normal del Estado, forman ex oficio, la Comi- 
sión Directiva de la Escuela Normal del Estado. 

Arí. 77* — La Comisión Directiva de la Escuela 
Normal del Estado tiene facultades y poderes: 

19 Para establecer, organizar y sostener una Escuela 
Normal del Estado en la ciudad de Montevideo, con 
el objeto de dar instrucción gratuitamente a aquellas 
personas residentes en la República que quieran dedi« 
carse a la enseñanza; 

2^ Para formular el programa de estudios y las re- 
glas para la admisión de los alumnos; 

3^ Para nombrar y destituir los profesores, señalán» 
doled el sueldo que deban gozar; 

4^ Para practicar todos los actos necesarios a la 
administración y dirección de la Escuela Normal del 
Estado, con las limitaciones expresamente establecidas 
por esta ley. 

Art» 78» — En el caso de que se resolviese estable- 
cer departamentos separados para ios hombres y las 
mujeres^ deberá darse la preferencia en la organiza* 
ción al de estas últimas; y en todoa loa casos la admi* 



[iiei 



IiA LEGISLACION ESCOLAR 



síón de loa alumnos a la Escuela Normal guardará, en 
cuanto sea posible, la proporción que tienen los De- 
partamentos en su representación en la Cámara de Re- 
presentantes, ^ 

Art. 79* — Son deberes del Director de la Escuela 

Normal del Estado: 

1^ Pasar anualmente, el 25 de noviembre, al Ins- 
pector Nacional de Educación un informe detallado 
del estado, condición y progresos de la Escuela Nor- 
mal en el año transcurrido, con especificación del 
sexo, edad, nacionalidad y residencia de los alumnos, 
ajustándose a las direcciones que le sean transmitidas 
por el Inspector Nacional de Educación ; 

2^ Comunicar al Inspector Nacional de Educación 
todos los informes y datos que éste pida sobre la Es- 
cuela Normal^ en cualquier época en que esos datos^ 
e informes sean pedidos. 

Art. 80. — La Comisión Directiva de la Escuela 
Normal del Estado podrá y deberá establecer una Es- 
cuela Modelo, anexa a la Nonnal, en la que aprendan 
la práctica de la enseñanza los discípulos de la Escuela 
Normal 

Art, 81. — Se destina al sostenimiento de la Es- 
cuela Normal la suma de 10.000 pesos anuales, que 
se pagarán de las «Rentas Generales de Educación»* 
Los saldos que puedan resultar en un año escolar se 
agregarán al año siguiente, y la Comisión Directiva 
podrá aplicarlos a la formación de una biblioteca es- 
pecial de Pedagogía, que se organizará como las bi- 
bliotecas escolares y populares de distrito. 



1. Véase el comentario en el Capitulo XVII. 



[U7] 



JOSK PEDRO VARBLA 



De las Bibliotecas Escolares y Populares de Distrito 

Art. 82. — Cada Tesorero Departamental separa- 
rá el 5 % de las cantidades con que el Estado contri- 
buya al sostenimiento de las escuelas en su respectivo 
Departamento, y proporcionalmente afectará ese 5 % 
a cada distrito como «Renta para las Bibliotecas Esco- 
lares y Populares de Distrito» ; no destinándose a otro 
objeto esas cantidades y no pudiendo la suma corres* 
pendiente a cualquier distrito exceder de 50 pesos en 
el año, cualquiera que sea la cantidad que al 5 % co- 
rrespondiere* 

Ari. 83» — Los Tesoreros de Distrito separarán 
también el 5% de las cantidades percibidas por contri- 
buciones locales para el sostenimiento de las escuelas, 
y lo afectarán a las bibliotecas escolares y populares 
de distrito, no pudiendo la suma afectada anualmente 
exceder de 50 pesos* 

Arl. 84, — La Comigión de Distrito ejercerá la 
misma vigilancia j*^ dirección en las bibliotecas escola- 
res y populares de distrito que en toda olra propiedad 
escolar, y nombrará al Maestro, al Secretario del Dis- 
trito o a cualquier otra persona, para que actúe como 
Bibliotecario: y siempre que sea posible la Biblioteca 
eslará en la casa de escuela. 

Arí. 85é — Será deber de la Comisión Nacional de 
Educación preparar una lista de libros adecuados para 

las Bibliotecas escolares y populares de distrito en la 
que no se incluyan libros de gecta ni dogmáticos: y 
dictar reglas generales para el gobierno y administra- 
ción de las bibliotecas escolares y populares de dis« 
trito. 

[111] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



ArL 86« — La Comi&ión de Distrito deberá velar 
por la conservación y buen arreglo de la Biblioteca y 
tendrá facultad para imponer y cobrar multa? a los 
socios y para diciar todas aquellas reglas y disposicio- 
nes que estime convenientes y que no contraríen las 
establecidas por la Comisión Nacional de Educación, 
debiendo informar anualmente al Inspector Nacional 
de Educación sobre el estado de la Biblioteca y sobre 
todos aquellos datos que le scjn pedidos en los mo- 
delos que remitirá el Inspector Nacional de Educación, 

Ari. 87. — La Conñííiün de Distrito puede solicitar 
y recibir donaciones de libros, siempre que éstos no 
sean dogmático*, ni de secta, estando autorizado el 
Inspector Seccional de Eduracion para exigir el retiro 
de todo libro dogmático o de secta, que indebidamente 
haya sido introducido en cualquier Biblioteca escolar 
y popular del Distrito. 

Arí. 88, — La Biblioteca escolar y popular del Dis- 
trito será gratuita para todos los niños y niñas de la 
escuela^ de una edad adecuada^ y cualquier persona 
residente en el Distrito podrá hacerse socio de ella, y 
adquirir los mismos privilei^io?, pagando una suscrip- 
ción o una cantidad que será fijada por la Comi&ión 
de Distrito con arreglo a las prescripciones establecí* 
das por la Comisión Nacional de Educación. 

De las Renias Generales de Educación 

Arí. 89, — Las Rentas Generales de Educación se 
formarán del modo ^guíente: 

1^ Del 2 %o de Contribución Directa en todo el terri- 
torio de la República; 



[119 1 



JOSE PUDRO VARELA 



2^ Del 10 % del valor de todas las tierras públicas 
que se vendan en adelante; 
3^ De las herencias por intestados que correspondan 

al Estado; 

4^ De las multas que se impongan por cualquier 
autoridad judicial o policial; 

5^ Del producto de los diplomas de maestros; 

6^ De las cantidades que en adelante puedan desti- 
narse a la educación pública, sea por leyes especiales 
o por donaciones particulares. 

Art. 80. — El 2 %c de Contribución Directa desti- 
nado a las Rentas Generales de Educación, se cobrará 
y percibirá del siguiente modo: 

1^ La Junta Económico-Administrativa del Depar- 
tamento de Montevideo, cobrará el 2 %o destinado a 
las Rentas Generales de Educación en la misma épo- 
ca en que cobre la Contribución Directa destinada a 
las Rentas Generales de la Nación, y entregará las 
sumas recaudadas, a medida que vaya percibiéndolas, 
al Tesorero Nacional de Educación, sin deducir can- 
tidad alguna por gastos de percepción o por cualquier 
otra causa. 

29 En los departamentos de campaña los Recauda- 
dores de Contribución Directa pasarán a la Comisión 
Departamental de Educación, en las épocas determina- 
das por la ley para el cobro de la Contribución Direc- 
ta destinada a las Rentas Generales de la Nación, una 
copia de las declaraciones hechas por los propietarios 
para el pago de la Contribución, y la Comisión Depar- 
tamental de Educación hará hacer por los Inspectores 
Seccionales o por la ComisiÓD de Distrito el cobro de 
la cuota correspondiente a cada contribuyente. 



[120] 



LA LEGISLACION ESCOLAB 



3^ En el caso de que por cualquier causa dejara de 
cobrarse en un año cualquiera, el todo o parte de la 
Contribución Directa destinada a las Rentas Genera- 
les de la Nación, en toda la República, o en cualquier 
parte de ella, las Comisiones Departamentales harán 
cobrar la destinada a lag Rentas Generales de Educa- 
ción, tomando por base para la fijación de la cuota las 
declaraciones que hayan servido en el año anterior 
para el cobro de la Contribución Directa. 

Art. 91, — El producido del 10 % del valor de las 
tierras públicas que se vendan, y de las multas, como 
de cualquier otro recurso destinado a la Educación 

para las Rentas Generales, será entregado por las res- 
pectivas autoridades o personas al Tesorero Departa- 
mental de Educación del respectivo departamento. 

Ari. 92. — En el caso de que las autoridades com- 
petentes o las personas que deban hacerlo, dejaran de 
cumplir con lo dispuesto en los artículos 90 y 91, los 
Tesoreros Departamentales deberán reclamar laa can- 
tidades que correspondan a la educación, siendo res- 
ponsables personal y civilmente los empleados públi- 
cos, cualesquiera que sean las funciones que desempe* 
ñen, en este como en todo otro caso, por los perjuicios 
que puedan resultar a cualquier Distrito» Sección o 
Departamento, o a cualquier empleado en la Educa- 
ción, por la falta voluntaria de cumplimiento a las dis- 
posiciones de esta ley, 

Art^ 93. — JjBi Comisión de cada Distrito Escolar 

deberá fijar y cobrar anualmente en los primeros diez 
días del mes de diciembre una Contribución Directa 
cuyo raáximun será de 2 %o sobre el valor de toda 
la propiedad imponible del Distrito y cuyo mínimum 
será de 3 pesos por cada niño o niña de 5 a 15 años 



tl21] 



JOS> PSDAO VAItXLA 



de edad que haya en el Distrito. Para la fijación de 
ese mínimum, la Comisión deberá ajustarse al censo 
escolar del Distrito, correspondiente al año en que va 
a levantarse la contribución. 

Arl. 94. — En el caso de que la Comi?ión de Dis- 
trito rehusara o descuidara fijar y cobrar la contri- 
bución escolar en el término establecido por esta ley, 
el Inspector Seccional de Educación fijará la cuota y 
ordenará el cobro de la contribución; y en el caso de 
que en lodo el mes de diciembre ni la Comisión de 
Distrito, ni el Inspector Seccional de Educación hu- 
biesen fijado la cuota y ordenado su cobro, la fijará 
y hará levantar el Inspector Departamental de Edu- 
cación, imponiendo una multa de 10 a 50 pesos al 
Inspector Seccional, y de 1 % sobre el total de la con- 
tribución cobrada^ al Distrito que dejó de cobrarla a 
su debido tiempo» 

De las contribuciones de Distrito 

Arl. 95, — La Comisión de Distrito, en cualquier 
Distrito, cuando lo conceptúe conveniente, puede con- 
vocar a todos los electores del Distrito para que resuel- 
van si debe levantarse una contribución extraordina- 
ria para dotar de nuevos aparatos y menaje o mejorar 
la escuela o escuelas; para mantenerla abierta durante 
más largo tiempo en el año; para construir una o más 
casas de escuela; para extender el programa de los 
estudios, o para doá o más de esos objetos a la vez. 

Arl. 96. — En los casos previstos por el artículo 
anterior, la Comisión de Distrito deberá ajustarse m 

las prescripciones siguientes; 

1^ Hacer la convocación por avisos, hechos públi- 



[122] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



eos por los medios adecuados lo menos desde veinte 
días antes de aquel en que la votación deba tener lugar; 

2*? Que se exprese en los avisos de la convocatoria 
el día, hora y local en que tendrá lugar la votación; 
la cantidad total que se quiere levantar, la cuota pro- 
porcional que corresponda a cada cien pesos de pro- 
piedad imponible, y el objeto a que se destina; 

3^ Que la Comisión de Distrito nombre previamente 
tres escrutadores, precediéndose en lo demás como en 
las elecciones anuales; 

4P Que la votación se haj^a por balotas en las que 
se escriban las palabras: «Contribución — sí» o «Con- 
tribución — no» y si la mayoría de las balotas dice: 
«Contribución — sí», los escrutadores certiíicarán el 
hecho y lo comunicarán por escrito a la Comisión de 
Distrito, la que procederá a cobrar la cuota corres- 
pondiente en la forma usual. 

Ari. 97. — La Comisión de Distrito, cuando lo esti* 

me conveniente, podrá convocar a los electores esco* 
lares del distrito para resolver si se ha de vender o 
permutar cualquier terreno o propiedad escolar del 
distrito, ei^tableciendo en los avisos de convocatoria 
cuál es la propiedad que se quiere vender o permutar, 
y la cantidad o !a cosa por qué se vende o permuta. 
En las balotas se pondrá en este caso las palabras: 
«Venta o permuta — sí» o «Venta o permuta — ^no», 
procediéndose en lo demás con arreglo a lo estableci- 
do en el articulo anterior. 

Art. 98. — La Comisión de Distrito cuando lo es- 
time conveniente, podrá convocar a los electores esco- 
lares del distrito para resolver si se ha de establecer 

uno o más Jardines de Infantes, estableciendo en los 
avisos de convocatoria la cantidad que será necesaria 



[123] 



JOSX PEDRO VARELA. 



para ese objeto, la cuota que corresponda a cada cien 
pesos de la propiedad imponible, y el número de niñas 
y niños de 3 a 5 años de edad residentes en el distrito* 
En las balotas se pondrán en este caso las palabras: 
«Jardín — sí» o «Jardín — ^no», procediendo en lo de- 
más con arreglo a lo establecido en el artículo 96. 

DispoeieioiiM Generales 

Arl* 99« — En todo Distrito donde haya seis o más 
adultos que soliciten de la Comisión de Distrito el es- 
tablecimiento de una escuela nocturna, la Comisión 
de Distrito deberá hacer que el maestro de la escuela 
pública u otro maestro autorizado por ella, dé una 
clase nocturna en la que sean admitidos todos los que 
voluntariamente quieran concurrir a eUa, siendo ma- 
yores de 16 anos de edad y residentes en el distrito* 
La clase nocturna deberá darse por lo menos tres días 
en la semana y durar por lo menos una hora, enseñán* 
dose en ella las materias establecidas en el artículo 57* 

Arí. 100, — Todos los empleados de educación que 
no sean nombrados por término fijo, o que no tengan 
contrato escrito que fije un término, serán removiblea 
a voluntad por la autoridad que los nombró. 

Arl* 101, — Todo empleado de educación es perso- 
nal y civilmente responsable por las violaciones de esta 
ley cometidas en el desempeño de sus funciones^ y po- 
drá traducirlo ante las autoridades competentes cual- 
quier elector escolar de su respectivo distrito, sección 
o deparlamento* 

Art* 102. — De las violaciones de esta ley cometi- 
das por la Comisión Nacional de Educación, o por 
la Comisión Departamental de Educación, o por la 



[124] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



Comisión de Distrito, son responsable» solidariamente 
todos los miembros respectivos, y la persona o perso- 
ñas que las traduzca ante las autoridades competenteSj 
podrá demandar a voluntad a todos los miembros de 
la Comisión o a aquel o aquellos que designe expre- 
samente. 

Ari* 103« — La propiedad escolar es libre de todo 
impuesto, contribución o gravamen, creado o por crear, 
pero no se considerarán tal propiedad escolar, hasta 
después de estar dentro del territorio de la República, 
los objetos o útiles de cualquier clase que las autori- 
dades escolares puedan introducir del extranjero. 

ArL 104. — En los casos de quiebra los créditos 
escolares tienen prelación sobre cualquier otro cré- 
dito, de cualquier naturaleza que sea. 

Art. IOS, — La casa de escuela, cuando es propie- 
dad del Distrito, el menaje y los útiles escolares, no 
pueden embargarse ni ejecutarse. 

Ari, 106. — Todas las diferencias sobre cuestiones 
escolares, no previstas expresamente por esta ley, y que 
no estén sometidas a la jurisdicción de los Tribunales 
ordinarios, pueden ser resueltas por el Inspector De- 
partamental de Educación, con apelación para ante el 
Inspector Nacional de Educación. 

Art- 107^ — El año escolar empezará el 1*? de di- 
ciembre de cada año y concluirá el 30 de noviembre 
del año siguiente. 

ArL 108« — Se declara libre la fundación de esta- 
blecimientos de educación privados^ en todo el territo- 
rio de la República, sin más limitaciones que las es- 
tablecidas por el articulo 31 inciso 10. 

ArL 109.' — Esta ley se conocerá y llamará con el 
nombre de c Ley de Educación Común», y toda refe- 



JOSE PEDRO VABMLX 



rcncin que se haga con ese nombre se entenderá que 
se refiere a ésta y no a ninguna otra ley de la Repu^ 
blica. 

Arí. 11 0, — Deróganse todas las leyes y disposicio- 
nes anteriores que ae opongan a la presente ley, 

DiiposicionM iranfiíoxiu 

ArL 111, — Por una sola vez y para poner en eje- 
cución la presente ley se procederá del modo siguiente: 

1*^ El Poder Ejecutivo dentro de los primeros diez 
días inmediatos siguientes a la promulgación de la 

presente ley nombrará el Inspector Nacional de Edu- 
cación y éste, tan pronto como estén nombrados los 
Inspectores Departamentales, procederá a instalar la 
Comisión Nacional de Educación; 

2^ Dentro de los treinta días inmediatos siguientes 
a la promulgación de la presente ley, las Comisiones 
Extraordinarias Administrativas nombrarán los Ins- 
pectores Departamentales y los Inspectores Seccionales 
de Educación, de sus respectivos Departamentos; 

3^ Hecho el nombramiento de los Inspectores Sec- 
cionales, las Comisiones Extraordinarias Administrati- 
vas constituirán las respectivas Comisiones Departa- 
mentales y éstas, auxiliadas por los Inspectores Sec- 
cionales, procederán a la demarcación de los distritos 
en que cada Sección deba dividirse y nombrarán las 
respectivas Comisiones de Distrito; 

4^ Una vez instaladas las Comisiones de Distrito, 
nombrarán los Comisarios del Censo Escolar respecti- 
vo y éstos levantarán el censo de sus respectivos dis- 
trito», tjando cuenta inmediatamente a la Comisión de 



[12fi] 



LA LJEGIflLACIOM ESCOLAS 



Distrito, al Inspector Seccional y al Inspector Nacional 
de Educación; 

5**^ Una vez levantado el censo la Comisión de Dis- 
trito fijará la cuota que debe pagar cada contribu- 
yente y procederá al cobro de la contribución, dando 
cuenta del resultado al Inspector Nacional y al Ins- 
pector Seccional. La contribución escolar que se cobre 
entonces será correspondiente al año escolar que em- 
pezará el 1^ de diciembre inmediato siguiente: 

6^ Para la duración en sus funciones el Inspector 
Nacional se considerará electo el 1^ de enero del año 
en que haya sido nombrado; y todos loa demás fun- 
cionarios se considerarán nombrados en la fecha in- 
mediata anterior, en la que con arreglo a esta ley de- 
bieron ser nombrados; 

7^ En la primera elección que ten^a lugar, la Co- 
misión de Distrito nombrada por la Comisión Depar- 
tamental de Educación será renovada totalmente y no 

por terceras partes; 

8^ Las contril)UCJones escolares hedías recaudar por 
las Comisiones de Distrito, nombradas por la Comi- 
sión Departamental de Educación, serán conservadas 
en depósito por los respectivos Tesoreros de Distrito 
para que, con arreglo a la ley, disponga de ellas la 
Comisión de Distrito que sea nombrada en la inme^ 
diata siguiente elección anual que tenga lugar; 

9"** Las funciones de las Comisiones de Distrito nom- 
bradas por la Comisión Departamental de Educación 
se limitarán al nombramiento del Comisario del censo 
escolar, y a la fijación y cobro de la contribución del 
distrito ; 

10* Las escuelas públicas sostenidas por las Juntas 
Económico-Administrativas continuarán, funcionando a 



[mi 



JOSE PEDRO VARELA 



cargo de éstas hasta el 1^ de diciembre inmediato si- 
guiente a la promulgación de la presente ley; y el 
saldo que en esa fecha pueda quedar sin haber sido 
empleado, de las cantidades destinadas para el sostén 
de la educación pública, será distribuido entre todos 
los distritos del departamento^ tomando por base para 
la proporcionalidad el número de niños en edad de 
escuela que haya en cada Distrito; 

11. Todo el menaje, útiles y demás de las escuelas 
públicas, actualmente establecidas, se considerará pro- 
piedad del Departamento donde se encuentren esas es* 
cuelas: y, previa tasación, su importe será distribuido 
proporcionalmente entre todos los Distritos. El Dis- 
trito donde la escuela se halle establecida puede que- 
darse con el todo o parte del menaje y útiles de la es- 
cuela^ abonando su importe al Tesorero Departamen* 
tal de Educación, deducción hecha de la parte que al 
mismo Distrito corresponda en el valor de todo el me- 
naje, útiles y demás de todas las escuelas públicas del 
departamento ; 

12. Los títulos de Maestro concedidos por autorida- 
des competentes de la República antes de la promul- 
gación de la presente ley, serán reconocidos como vá- 
lidoSj en la forma siguiente: 

Los de maestro de enseñanza primaria superior, co- 
mo títulos de maestro del Estado, de 2^ grado, válido 
por cuatro años. 

Los de maestro de enseñanza primaria inferior, co- 
mo títulos de maestro del Estado, de 3^^ grado, válido 
por dos años. 

Los de ayudante, como títulos de maestro del Esta- 
do de 4P gzado, válido por un año; 

13. En el intervalo que medie desde su instalación 
hasta el 1^ d^ diciembre inmediato siguiente, la Co- 



[128] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



misión Nacional de Educación y las Comisiones De- 
partamentales podrán conceder títulos de maestro; 

14. Los sueldos correspondientes al personal de ins- 
pección desde que sea nombrado hasta el 1^ de diciem- 
bre inmediato siguiente a la promulgación de la pre- 
sente ley, serán pagados por las Juntas Económico- 
Administrativas del respectivo departamento. La Junta 
EconómicO'Administrativa de Montevideo pagará tam- 
bién los sueldos correspondientes durante ese tiempo, 
a la Inspección Nacional de Educación; 

IS.. Los artículos 1 a 110 inclusive de esta ley em- 
pezarán a regir en toda su fuerza y vigor el 1? de 
diciembre de.,., cesando en sus efectos las disposi- 
ciones transitorias del articulo 111. 

FIN DEL PROYECTO DE LEY 

CAPITULO XVII 

Comentarios 

Antes de explicar las razones que nos han servido 
de base en la redacción de varios artículos de nues- 
tro proyecto, parécenos conveniente hacer algunas ob- 
servaciones generales con respecto a la forma que he- 
mos adoptado para la redacción de todo el proyecto. 
No es por falta de conocimiento de los preceptos de 
la retórica, sino deliberadamente^ que hemos sacrifi- 
cado, en muchos casos, la belleza y la armonía de la 
forma a la exactitud palmaria de los conceptos, y a 
la sencillez del lenguaje. Por una parte reconociéndose 
como principio admitido que la ignorancia de la ley 

[129] 



JOSE PEDRO VARELA 



no sutorisa ni Icgitimt sua violaciones, es necesario 
hacer que la ley «ea perfectamente inteligible para ú 
pueblo a quien rige; de ahí la necesidad de huir del 
lenguaje científico que sólo los hombrea versado» en 
la ciencia pueden compi'ender. A cada paso, en nuestra 
legislación civil y penal se encuentra uno con frases 
y palabras técnicas que no comprenden, no ya los ig* 
llorantes, sino aun los hombres ilustrados, pero que 
no son especialmente versados en lo que se llama estu- 
dio del derecho, aunque no con enlera exactitud. 

Las leyes destinadas a regir al pueblo están escritas 
en otro idioma distinto del que el pueblo habla y com- 
prende. No nos toca rebatir ese principio en su ten- 
dencia general, pero, sí, en su aplicación a una ley 
que organice un sistema de educación común en la Re- 
pública. Para conseguir ese resultado, para organizar 
un sistema de educación común en nuestro país, con 
éxito completo, es necesario el concurso activo de todos 
y la participación directa de una gran parte del pueblo. 
Necesario es, pues, que la ley que ha de fundar y regir 
ese sistema pueda ser y sea comprendida fácilmente 
por todos, y para esto es necesario que esté escrita en 
el idioma que todos hablan y todos comprenden* La 
terminología científica sólo serviría para hacer la ley 
incomprensible para todos aquellos que no conocen esa 
tenriinología : reconociendo esa sencilla verdad de sen- 
tido común, hemos tratado de evitar cuidadosamente 
el uso de voces técnicas o de palabras rebuscadas, y 
nos hemos preocupado, antes que todo, de hablar sen- 
•ciliamente y claro el lenguaje común que lodos ha- 
blan; ea la esperanza de que puedan comprender bien 
lo que cada articulo establece^ así los más ilustrados 
c<Hno ka znás ignorantes^ los que están habituados al 



[130] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



estudio de las leyes, como los que no conocen siquiera 
las más elementales fórmulas de la terminología legal. 

Respondiendo a ese mismo propósito de que la ley 
sea clara y perfectamente inteligible para todos, sin 
que, en ningún caso, deje lugar a dudas, es que hemos 
incurrido a veces en repeticiones que la retórica con- 
denaría y que bajo el punto de vista literario, están 
lejos de ser una recomendación. 

En el idioma castellano, como en todos los idiomas, 
el modo recto de expresar el pensamiento es siempre 
uno : con figuras retóricas, más o menos exactas, puede 
decirse de diverso modo una misma idea, pero obser- 
vando detenidamente se encontrará siempre que la ex- 
presión del pensamiento por medio de figuras retóri- 
cas, sacrifica algo de la exactitud a la belleza: en otras 
palabras, la forma regular de expresar el pensamien- 
to es siempre una, y las modificaciones, las figuras 
de retórica, sirven para expresar aproximadamente el 
mismo pensamiento, pero dicen siempre algo más o al- 
go menos, y, en el mejor de los casos, dejan lugar a du? 
das. En los elementos del lenguaje, en la palabra no 
hay absoluta y perfecta sinonimia, y en consecuencia, 
no la hay tampoco, en dos o más formas de expresar 
el mismo pensamiento. Una es la verdadera, la exacta; 
las otras son aproximadas, pero no reemplazan abso- 
lutamente a la verdadera. 

Hemos creído, pues, preferible sacrificar la belleza 
del lenguaje, e incurrir en frecuentes repeticiones en \ 
la frase, quitándole así toda la elegancia que hubiera 
podido darse a la forma, pero quitándole también to- 
da duda, expresando el pensamiento de la ley de ma- 
nera que no pueda desconocerse, que lo entiendan del 
mismo modo todos los que entienden el castellano, 
tal como se habla en nuestro país, ya que para núes- 



[1311 



JOSE PEDRO VARELA 



tro país, y no para España, es la ley, y que no doj6 
lugar a interpretaciones legales y científicas. 

«La primera interpretación extensiva más allá de la 
letra de un estatuto penal, es una ley retroactiva con 
respecto al delito que castiga, y una usurpación del 
poder legislativo, en cuanto a que crea una regla para 
las decisiones futuras»» Esto observa Livinsgton en su 
célebre Informe sobre el código criminal para la Loui- 
siana, y nosotros hemos creído que debía tenerse en 
cuenta la justicia de esa observación al redactar un 
proyecto de ley de^educación común, ya que ella puede 
aplicarse lo mismo que a la legislación penal, a todos 
los otros ramos de la legislación positiva. 

Nuestra aspiración, pues, al redactar el proyecto de 
ley de educación común, ha sido que todos puedan 
comprender bien cada uno de sus artículos, de manera 
que las dudas que puedan presentarse las resuelva el 
diccionario de la lengua, sin necesidad.de otra auto* 
ridad ni de otro criterio que el que sería necesario 
para explicar la misma frase que sugiera dudas, si se 
leyera un libro cualquiera o la pronunciara una per^ 
sona en la conversación. 

Reconocemos, pues, que está lejos de ser amena la 
forma que hemos adoptado en nuestro proyecto de 
ley, pero creemos que es clara; y a nuestro juicio si 
en el campo de la literatura la belleza de la forma y 
el concepto son condiciones esenciales, en la legisla* 
ción positiva la claridad es la condición esencial de la 
forma que deben revestir las leyes. Para nosotros, la 
regla que debe seguirse en la redacción de las leyes es 
llamar al «pan, pan, y al vino, vino», sin preocuparse 
de que no sea esa la forma más elegante ni más amena 
de expresar el pensamiento, ni aun la que más satisfa- 
ga las aspiraciones científicas del que la redacta. 



[132] 



I.A LEGISLACION ESCOIxAR 



A la verdad, no tendría importancia alguna esa re- 
gla si fuera nuestra; pero la tiene y no poca, porque 
es la que siguen la Inglaterra y los Estados Unidos 
en la redacción de sus leyes, monótonas, fatigosas^ lle- 
nas de repeticiones, pero claras e inteligibles para to- 
dos. 

Hechas estas ligeras consideraciones generales, va- 
mos a explicar las razones que nos han servido de base 
en la formación de varios artículos que, sin estas ex- 
plicaciones, podrían parecer extraños para muchas per- 
sonas, sobre todo de aquellas que no han prestado 
una atención especial a la cuestión importante de que 
nos ocupamos. 

De los lítulos de maestro 

(ARTICULOS 19 Y 22) 

Por los artículos 1^ y 22 se confiere a las Comi- 
siones Nacional y Departamentales, la facultad de con- 
ceder títulos de maestro. Hemos aceptado, sin embar- 
go, la graduación en los títulos de maestro, en vez 
de la uniformidad que hasta ahora había servido de 
regla en la República, porque creemos que este es un 
medio eficaz de estimular al maestro novel, y un modo 
indirecto de obligarlo a esforzarse constantemente pa- 
ra perfeccionar sus conocimientos y su habilidad. Es- 
tableciendo, como sucede entre nosotros, la uniformi- 
dad en el título, resulta que, o bien se baja demasiado 
el nivel de los conocimientos exigidos al maestro, y de 
ahí resulta que se fomenta el abandono y la dejadez, 
ya que no' sólo es necesario realizar pequeños esfuer- 
zos para obtener el título, sino que una vez adquirido 
se conserva toda la vida, sin que su conservación de- 



[133] 



JOSE PEDRO VARELA 



mande nuevos esfuerzos: o bien se eleva demasiado 

ese nivel y se cierra la puerta del magisterio a mucho» 
jóvenes que entrarían en él, si pudieran ganarse el 
sustento, a la vez que se perfeccionaran en sus cono- 
cimientos, y que no pueden hacerlo, si antes de obte- 
ner el título tienen que proseguir largos y dispendio- 
sos esludios. 

Además, estableciendo la graduación se reconoce, 
poT una parte, el mérito relativo de cada aspirante^ y 
se hace posible, por otra, responder a exigencias del 
momento, sin imponer a la enseñanza pública la cala- 
midad de tener que soportar por todo el largo de una 
vida, un maestro poco idóiieo. 

Supongamos que se necesitan maestros para proveer 
una o más escuelas, y que aquellos que se presentan 
a examen son poco idóneos: si se niega el título se hace 
un mal a la educación pública, puesto que se impide 
la fundación de escuelasí si por el contrario, se con- 
cede el título por toda la vida, se hace pesar por largo 
tiempo sobre la educación pública el grave mal de un 
maestro poco idóneo. Cuando se trata de abrir una 
escuela, es preferible elegir entre varios aspirantes 
que se presenten, el mejor, aun cuando no sea un 
buen maestro, a rechazarlos todos y dejar que la es- 
cuela no se abra ; pero es grave error conceder el título 
de maestro, por toda la vida, a aquel a quien sólo se 
ha aceptado como tal, cediendo a la ley de la necesi* 
dad. Concediendo el título por un corto plazo detrr« 
minado, el que quiere continuar en la carrera, necesita 
esforzarse para perfeccionar sus conocimientos y su 
habilidad, puesto que a la terminación del plazo de su 
título tendrá que sufrir un nuevo examen y la Conü» 
sión ante quien lo preste negará o concederá el títdb 
Mgún la» latitudes propias del aspirante y las mig^* 



LA LEGISLACION ESCX>LAR 



cias a que tenga que responder. Por otra parte, todo 
el que haya visitado, una vez siquiera, nuestras escue- 
las públicas, reconocerá que hay una evidente injusti- 
cia en que tengan el mismo titulo y los mismos dere> 
chos todos los maestros, cuando hay algunos tan supe- 
riores a otros; cuando se ven algunos que responden 
con tanta fidelidad a sus deberes, y otros que degra- 
dan y desnaturalizan la educación con la torpeza de 
su proceder. La graduación, pues, coloca a cada uno 
en su puesto, y deja a todos el campo abierto para 
estudiar y elevarse, adquiriendo un título superior que 
en la generalidad de los casos, hará al que lo tenga, 
acreedor a mayores consideraciones y más retribución. 

Al mismo propósito responde la autorización dada 
a las Comisiones Depsrtameníales para conceder títu- 
los de maestro; el título de maestro Departamental 
será inferior al de maestro del Estado, de manera que 
los que hayan llegado al último grado superior de los 
títulos departamentales aspirarán, naturalmeiite, a ad- 
quirir el título de maestros del Estado. Por otra parte, 
de ese modo se facilita la adquisición del título ha- 
ciendo posible que se llenen todas las necesidades, y 
dejando al buen criterio de las Comisiones Departa- 
mentales el ser más o menos exigentes, según que haya 
o no cómo dotar de buenos maestros a todas las escae* 
las. 

Hay que agregar a esto, que la moralidad y buena 
conducta son condiciones indispensables para ser 
maestro; y ¿quién podría afirmar que todos los aspi- 
rantes a maestros, que son hoy morales y tienen bue- 
na conducta, recibiendo el título por toda la vida, se- 
rán y procederán lo mismo dentro de áiez o veinte 
años? ¿Cuántos maestros hay en la República que eran 
moraks cundo recil»eron su titulo y qoa ao lo mm 

[1561 



I 



JOSE PEDRO VARELA 



hoy? En general son hombres jóvenes los que se pre* 

sentan como aspirantes al título de maestro: quédales, 
pues, una vida entera que recorrer: y en ese largo tra- 
yecto, algunos, no pocos tal vez, se extravian. Con la 
concesión del título por toda la vida, esa parte que es 
arrebatada por el torbellino de la inmoralidad y del 
mal, queda incrustada en el magisterio, gangrenando 
la educación pública: con el título renovable, esa par- 
te se separa voluntariamente, o es excluida en los nue* 
vos exámenes, libertando de esa manera a la educa- 
ción pública, de la terrible influencia que pueden ejer- 
cer los hombres inmorales y depravados, si a ellos se 
les confía la enseñanza y la dirección de la juventud. 

Por el inciso 4? del articulo 22 se establece que: 
«Al dorso de cada título deberá ir expresado el número 
a que haya alcanzado el maestro en cada materia y el 
número que sirva de tipo:*. Esta disposición tiene por 
objeto dar a las Comisiones de Distrito los medios de 
poder apreciar el valor relativo de cada maestro, según 
el criterio de la Comisión Departamental o nacionaL 
Supongamos que en una de las sesiones que tenga 
cualquiera de esas Comisiones para conceder títulos 
de maestro, se conceden veinte títulos. £n lugar de 
aprobar simplemente a los que hayan dado un examen 
satisfactorio, se establece un tipo en cada materia, has- 
ta el que se llega cuando se conoce perfectamente, y 
un término medio hasta el que debe llegarse para ser 
acreedor al título* La mesa examinadora fija el número 
hasta el cual ha alcanzado el aspirante en cada mate- 
ria, hace después la suma y ve si ha alcanzado al ter- 
mino medio exigido ; y por último, al conceder el títu- 
lo marca al dorso el resultado y el número que corres- 
ponde ni aspirante por el orden de perfección que haya 
alcanzado entre todos los que se examinaron en la mis- 



[ 13Í ] 



LA liEGISLACION ESCOLAB 



ma sesión. Para hacer esto más comprensible, creemos 

conveniente presentar un modelo de la manera cómo 
debería hacerse. Supongamos que son veinte los títulos 
que se han concedido en la misma sesión. En el an- 
verso se extiende el título, que supongamos es de l*^*" 
grado, en la íonna que se haya adoptado, y al dorso 
se fija el resultado del examen del siguiente modo: 

Tipo alcanzado en el examen 



Tipo al- Tipo de 
MATERIAS cnnzado perfección 



Aritmética 92 100 

Geografía 88 100 

Gramática 94 100 

Historia de la República 90 100 

Teoría y práctica de la enseñanza 95 100 

Lectura 48 50 

Definiciones 46 50 

Ortografía 42 50 

Composición 50 50 

Escritura ♦ . - 45 50 

Algebra 49 50 

Fisiología 41 50 

Higiene 41 50 

Constitución de la República .... 48 50 

Leyes sobre educación • 50 50 

1>Í9 IODO 

Materias extra 

Música vocal e instrumental 46 50 

Dibujo 44 50 

Experiencia en la enseñanza .... 48 50 



Totales 1057 1150 



[137] 



JOSE PEDBO VARELA 



Mínimum a que debe alcanzar por 

ciento * 80 

Tipo alcanzado 92 

Total de aspirantes examinados . . 20 
Número de orden por el resultado 

del examen , 3 



De esa manera con la sola inspección del título pue- 
den apreciarse los conocimientos demostrados en el 
examen por el maestro, y aun su mérito relativo, pues- 
to que en el ejemplo que hemos presentado se sabe 
que de veinte maestros que obtuvieron el título, este es 
el tercero en el orden de mérito. Está, pues, cada Co- 
líiisión de Distrito en aptitud de poder elegir conscien- 
^ teniente el maestro, sabiendo por el título cuál es el 
mérito del poseedor. Se evita así, por otra parte, el 
inconveniente, que antes hemos señalado, de conceder 
a todos un título igual, cuando en realidad no habrá 
dos aspirantes que al presentarse a examen demues- 
tren las mismas aptitudes y los mismos conocimientos. 
Se establece, pues, igualdad del título en cuanto a que 
todos los que lo tienen pueden ser empleados en la es- 
cuela pública, pero se consigna también el mérito re^ 
lativo de cada uno más allá del límite señalado como 
mínimum para la adquisición del titulo. 

Es también ese cometido asignado a la Comisión Na- 
cional y a las Comisiones Departamentales el que ex- 
plica por qué hemos establecido que sean miembros 
natos de la Comisión Nacional, el Inspector Nacional 
de Educación, el Director de la Escuela Normal, el 
Rector de la Universidad, y los Inspectores Depar- 
tamentales de Montevideo, Canelones y San José: y 
de las Comisiones Departamentales, el Inspector De- 



I1S8] 



LA UiGISLACIOVr ESCOLAR 



partamental Para conceder con criterio el título de 

maestro, y para apreciar a qué categoría pertenece el 
aspirante a maestro, son necesarios conocimientos pe- 
dagógicos que no eg de suponer se encuentren en las 
personas que no se octqian especialmente de la educa- 
ción. Hay, pues, evidente conveniencia en que las Co- 
misiones que conceden títulos de maestro haya un 
núcleo profesional que sea garantía eficaz de buen 
acierto en la concesión de los títulos. 

Por último, si de los Inspectores Departamentales 
hemos elegido para formar parte de la Comisión Na- 
cional de Educación a los de Montevideo, Canelones 
y San José, en vez de elegir los de otros departamen- 
tos, no es más que a causa de las mayores facilidades 
que tendrán aquéllos para poder concurrir a las sesio- 
nes de la Comisión Nacional de Educación, por la pro- 
ximidad en que sus respectivas localidades están de la 
Capital, donde aquélla se reunirá. 

De la creación de colegios 

{ARTICULO 23» INaSOS 1^ Y 2^) 

El objeto primordial de todo buen sistema de edu« 
cación común, no es dar instrucción esmerada a unos 
pocos, sino educar convenientemente a todos: en el 
caso de tener que optar entre la enseñanza primaria 
difundida a todos, y la enseñanza superior o secunda- 
ria dada a unos pocos^ éstos deben ceder el puesto a 
aquéllos. Es justamente esa primacía de todos sobra 
únos pocos, aunque éstos puedan ser en el porvenir 
grandes sabios, lo que constituye la verdadera demo- 
cracia aplicada a la educación. La idea de la educa- 
ción GOimáxi» de decir» de la educacióni igualmeDle di- 

![ IM] 



JOSS PEDRO VARELA 



fundida a todos, ea una conquista del espíritu moder- 
no: antes, doquiera, y aún hoy en no pocos de los 
pueblos de la Tierra, la preocupación de los gobiernos 
y de las personas ilustradas, era formar grandes hom- 
bres: crear esas célebres instituciones de instrucción 
donde algunos escogidos van a formarse en el estudio 
profundo de las ciencias, para convertirse en lumbre- 
ras de todos y especialmente de la nación a que per- 
tenecen. ¿Qué importa, se dice, que haya centenares 
de miles de .seres humanos que formen parte de la na- 
ción y no se distingan de los irracionales más que en 
la estructura, si tenemos en cambio nuestros grandes 
sabios, nuestros grandes genios, nuestros grandes hom- 
bres, cuyo reducido número se compensa largamente 
por la inmensa altura a que consiguen alcanzar? Par- 
tiendo de esa base se sacrifican los intereses de la co- 
munidad en favor de unos pocos elegidos y se consti- 
tuye la arislocracia del saber y de la fortuna, ya que 
es ésta condición indispensable, en la situación actual 
de las sociedades humanas, para llegar a un grado 
muy elevado de conocimientos. Así, pues, son los gran- 
des hombres lo que se anhela, son los grandes genios 
lo que se quiere formar, cuando se realizan grandes 
sacrificios para crear esas instituciones de instrucción 
superior, a las que sólo un reducido número puede 
concurrir. 

El propósito de todo buen sistema de educación 
común, debe ser formar no grandes hombres, sino 
grandes pueblos: y serán más grandes, más prósperas 
y más felices las naciones cuanto más educada e ilus- 
trada sea la masa total de sus pobladores y no cuanto 
más elevado sea el nivel de sus grandes hombres. 

Son estas ideas fundamentales y esenciales las que 
nos han inducido a establecer por el inciso 1^ del ar- 



[140] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



tículo 23, que sólo puedan fundarse escuelas de ense- 
ñanza secundaria o colegios después que haya estable* 
cido un número bastante de escuelas primarias para 
que todos los niños puedan recibir la instrucción obli- 
gatoria. Los colegios, por mucho que sea el interés 
del pueblo por la educación, responderán siempre a 
las exigencias de un número reducido: para disponer 
del tiempo que demanda la prosecución de estudios 
secundarios, es necesario hallarse en condiciones de 
fortuna, en las que no se encuentra la mayoría de los 
habitantes de un país, por rico que sea. Parécenos in- 
necesario observar que entendemos por colegios los 
establecimientos de enseñanza secundaria verdadera, y 
no los que, muy a menudo, se llaman colegios entre 
nosotros. En nuestro sentir al menos, el programa en 
las escuelas de enseñanza primaria superior comprende 
estudios más avanzados que aquellos que se dan en la 
mayoría de nuestros mejores colegios* Nos referimos, 
pues, a la verdadera enseñanza secundaria, la que 
comprende estudios superiores preparatorios, puesto 
que todo lo demás se halla comprendido en el progra- 
ma de las escuelas comunes, cuando abraza todos sus 
grados. 

Si, pues, hay evidente conveniencia y necesidad de 
fundar establecimientos de enseñanza secundaria, en 
los que vaya a perfeccionar y extender sus estudios el 
mayor número posible, mayor y más apremiante es la 
necesidad de hacer que no haya uno solo de los hijos 
de la República que no reciba educación. 

Es también esa razón la que nos ha inducido a esta- 
blecer en el inciso 2^ del artículo 23 que para el esta- 
blecimiento de cada colegio sea necesaria una resolu- 
ción tomada por la mayoría de los distritos del depar- 
tamento; y en el caso de que se resuelva establecer uno 



[141] 



JOSE PEDRO VAHELA 



O más colegio», que ara una convencióii de delegado» 
de cada distrito la que designe el lugar donde el cole- 
gio o colegios hayan de instalarse* Ea antigua práctica 
entre nosotros, y tan errónea como antigua, el que 
sean siempre las localidades más favorecidas y más 
ricas aquellas donde deban establecerse las institucio* 
nes públicas importantes: asi, por ejemplo, al resol* 
verse por la Asamblea que se establecieran en los de- 
partamentos escuelas de enseñanza primaria superior, 
fijóse para lugar de la escuela los pueblos de cabeza 
de departamento. Hemos creído que debía reaccionarse 
contra esa mala práctica, dejando a los distritos que» 
por medio de delegados, sefialen el punto donde el co- 
legio ha de establecerse. De ese modo se consultan la« 
necesidades y las conveniencias de la educación y no 
la inveterada preocupación y el erróneo principio cen- 
tralista, de que todo lo mejor ha d^ estar en la Ca- 
pital, si es departamental del departamento, y si es 
nacional de la Nación. 



D» las Comisiones de Distrito ftn acftfalbi 

(ARTICULO 31, INCISOS 39 Y 4^) 

Podrá parecer que es excesiva la facultad que se 
concede a las Comisiones Departamentales autorizán- 
dolas e imponiéndoles que nombren la Comisión de 
Distrito cuando los electores de un Distrito cualquiera 
hayan dejado de hacerlo en la época establecida por 
la ley, y a los Inspectores Seccionales^ para que fijen 
y hagan cobrar la contribución escolar, cuando la Co- 
misión haya dejado de hacerlo en la época fijada; pero 
es ese el medio más adecuado y conveniente de impe- 
dir loa males que resultarían de la acefalía de autori* 



[1421 



LA IiEGISLACION ESCOUR 



dades en algunos Distrito^. Dado el estado de nuestro 
país, la indiferencia por la cosa pública que tan a 
menudo se encuentra, y más aún la indiferencia por 
la educación del pueblo, es natural suponer, que, en 
los primeros tiempos sobré todo, se presentará más 
de un caso en que los electores de un Distrito no nom- 
bren la Comisión respectiva, o en que ésta deje de co- 
brar en tiempo la contribución escolar: de ahí resul- 
taría el abandono o la suspensión de la escuela^ y por 
la fuerza natural del ejemplo el mal iría cundiendo 
hasta nulificar todo el sistema: mientras que por el 
contrario, encargando a las Comisiones Departamen- 
tales del nombramiento de las Comisiones de Distrito 
cuando los electores no lo hagan, y a los Inspectores 
Seccionales del cobro de las contribuciones cuando !a 
Comisión no las cobre, hay la seguridad de que todo 
el sistema funcionará regularmente sin que se produz- 
ca la acefalía en un Distrito cualquiera o sin que un 
Distrito deje de pagar la contribución que le corres- 
ponda. 

Da la expulsión de los niños incoiregibles 

(ARTICULO 48, INaSO 3°) 

En Estados Unidos, en la generalidad de los Esta- 
dos, y entre nosotros también si mal no recordamos, 
las Comisiones de Educación o el maestro tienen fa- 
cultad de expulsar de la escuela al niño que es decía* 
rado incorregible. Hemos creído que, mientras la expe- 
riencia no demuestre que es imprescindible, no debe 
concederse entre nosotros tan lata facultad a las Co- 
misiones de Distrito^ y hemos limitado aquélla a la de 
suspender temporalmente la asistencia a la escuela del 



[143] 



JOSE PEDRO VARELA 



niño que por un mal proceder continuado se haca 
acreedor a esa grave pena. Dejamos así en suspenso 
para ser resuelta después esta cuestiónj teóricamente 
grave, pero que en la práctica tiene poca importancia, 
porque son muy raros los casos que se presentan de 
niños que sean verdaderamente incorregibles. 

A nuestro juicio, y teóricamente considerada, esta 
cuestión no puede ser resuelta por el Estado con la 
simple expulsión del niño declarado incorregible. Para 
la mejor organización de la escuela basta con la ex- 
pulsión; pero no sucede lo mismo para los intereses 
de la sociedad. Expulsar al niño de la escuela equivale 
a condenarlo a la ignorancia, y condenar a la igno- 
rancia al niño que es declarado incorregible, es decir, 
que demuestra mal carácter, contumaz y hábitos inve- 
terados de mal hacer, es condenarlo a que, cuando 
hombre, sea vicioso y probablemente criminal. Preci- 
samente sobre los niños malos, es que más necesario 
se hace ejercer activamente la acción regeneradora déla 
educación: y^ a nuestro juicio, la buena doctrina seria 
aquella que aconsejase en vez de expulsar al niño in- 
corregible, redoblar los esfuerzos para corregirlo. 

Acaso podría sostenerse con fundamento que el niño 
declarado incorregible en la escuela pública, entra en 
la categoría de un criminal especial, y debe hallarse 
sometido a la acción de las leyes correccionales; es 
decir, que nosotros estableceríamos, en el caso de 
aceptar la expulsión, que los niños declarados inco* 
rregibles, fueran sometidos a un régimen severo en 
establecimientos de educación correccionales, destina- 
dos a reformar los niños que la escuela pública declara 
incorregibles en ella. De ese modo no se trabaría la 
marcha regular de la escuela pública obligándola a 
conservar un niño incorregible, ni se contrariarían los 



[144] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



más vitales intereses de la sociedad condenando a la 
ignorancia y al mal a los caracteres que desde la in- 
fancia se muestran rebeldes. No creemos, sin embargo, 
que sea de imperiosa necesidad el resolver inmediata- 
mente esta cuestión. En Estados Unidos son rarísimos 
los casos de expulsión que se presentan: es de suponer 
que entre nosotros suceda lo mismo, y, si así fuese, 
bastaría para el objeto la autorización conferida a las 
Comisiones de Distrito por el inciso 3^ del artículo 43* 

Del caiecismo en la escuela 

(ARTICULO 59, INCISO 49) 

La historia de todos los pueblos y de todos loa dias 
nos enseña que en ninguna materia se sienten más 
dispuestos a abusar, generalmente, los hombres que 
en lo que se relaciona con las creencias religiosas. 

Concediendo, pues, a las Comisiones de Distrito la 
facultad de establecer, en determinadas condiciones, 
la enseñanza católica o del catecismo en la escuela 
pública, es necesario a la vez dar las mayores garan- 
tías a los disidentes de que será respetado su derecho: 
de otro modo el abuso no tardaría en presentarse. 
Esas garantías hemos creído dejarlas bien establecidas 
acordando a los padres y tutores el derecho de apelar 
sucesivamente ante las autoridades inmediatas supe- 
riores, del proceder abusivo de las inferiores. Se puede 
suponer que una Comisión de Distrito se negara a re- 
conocer el derecho de un disidente; y aun, que para 
hacerlo, se confabulase con el Inspector Seccional; 
pero es difícil suponer que se confabulara también 
con ellos el Inspector Departamental, j más difícil 

[ 145 ] 

10" 



JOSE PEDRO VARELA 



aún» que sucedido esto, tomara parte también en la 
confabulación el Inspector Nacional: por último, salva 

todos los b'mites de lo racional, el suponer que esa 
confabulación atentatoria de todas las autoridades es- 
colares, fuera tolerada y patrocinada por la Asamblea. 
Están, pues^ plenamente garantidos los derechos de 
los disidentes, al menos hasta donde es posible hacerlo, 
ya que si contra toda previsión llegara el caso de que 
la Comisión de Distrito, el Inspector Seccional, el lns« 
pector Departamental y el Inspector Nacional se con- 
fabularan para atacar el derecho de un disidente y 
la Asamblea legitimara ese ataque, sería prueba de 
que el abuso se había elevado a la categoría de verdad 
en el espíritu de todos, y entonces nada habría que 
hacer en el terreno de los hechos. Cuando la mayoría 
de los habitantes del país quiere abusar y abusa de su 
poder, ¿ante quién apelaría la minoría agredida? 

Aquí creemos conveniente hacer una ligera explica- 
ción, contestando anticipadamente a críticas que, des- 
de ya presentimos, han de formularse contra el ar* 
ticulo 59, Ya que se acepta la doctrina, podría decirse» 
de que se enseñe en la escuela pública el dogma o el 
catecismo, debía aceptarse el principio general, pr©« 
ceptuando que la Comisión de Distrito pudiera esta* 
blecer en la escuela la enseñanza de la religión posi- 
tiva que profesaran los habitantes de ese Distrito, fuera 
o no la católica; pero el articulo 59 establece una ex- 
cepción en favor de la Religión Católica, que anula 
el principio, erigiendo en su lugar, como regla, un 
privilegio abusivo. 

Es exacta esta observación; pero tiene una explica- 
ción sencilla para todos aquellos que creen más conve- 
niente transar con las preocupaciones, para destruirlas 
poco a poco, que aplazar indefinidamente el triunfo 



tuej 



LA lyECaSLAClQK ESCOLAR 



de las buenos ideaj por la> rigidez de loe procederee, 
y que aceptarán difícilmeotc los que creen que el aím-* 
bolo mi» fiel de um 4octoiiui cualquiera es una baim 
de acero. 

Como principio, nosotros creemos que es errÓBeo 
el que aconseja la enseñanza dogmática o del catecis- 
mo en la escuela^ de cualquiera de las religiones posi- 
tivas que s/c trate: y en consecuencia, no lo aceptamos 
como doctrina, ni al redactar el artículo 59 nos han 
servido de base nuestras opiniones doctrinales sobre 
la materia. Nuestro razonamiento ha sido este: la ma- 
yoría de los habitantes de la República profesa la Re- 
legión Católica^ y cree que la escuela es hereje cuando 
en ella no se enseña el catecismo: si, pues, se establece 
preceptivamente que el catecismo no ha de enseñarse 
en la escuela, se encontrarán^ sin duda alguna, gran^ 
des resistencias en los católicos para el establecimiento 
del sistema de educación común; mientras que, por 
el contrario, si se acuerda a las Comisiones de Distrito 
la facultad de establecer en la escuela la enseñanza 
del catecismo con ciertas restrícciones, los católicos 
no tendrán causa para rechazar el sistema de educar 
ción común. Ahora bien: aun cuando nosotros crea^ 
mos que es mejor la escuela publica en que no se en* 
seña religión positiva alguna, creemos también que 
entre la escuela con catecismo y la carencia de escuela, 
es mejor lo primero que lo último. Acatamos, pues, el 
hecho que se produce, sin reconocer la exactitud de la 
doctrina, y, haciéndolo, creemos seguir las inspiracio- 
nes del buen sentido que aconsejan, en la confección 
de las leyes, establecer lo mejor pasible^, aunque no 
sea lo mejor. 

Si nos hubiéramos propuesto formular un proyecto 
de ley para la repúbtica ideal qne^ en sus horas d& 

lUB] 



JOSS PEDRO VARELA 



solaz, suele forjar también nuestra imaginación, ho^ 
bríamos suprimido el artículo 59 y algunos otros: for* 
mulando una ley para nuestro país, que está lejos, y 
no poco, de ser una república ideal, hemos establecido 
lo que nos parece mejor en el terreno de lo posible, 
para el estado en que se encuentra actualmente. 

Y por la misma razón de que, acatando el hecho, 
no aceptamos la exactitud de la doctrina, es que aólo 
damos a las Comisiones de Distrito la facultad de es- 
tablecer la enseñanza <le la Religión Católica, y no- de 
otra cualquiera de las religiones positivas. Conceder 
esa facultad para todas las religiones, hacerla general, 
importaría reconocer la doctrina en que se apoya, y 
esto sería erróneo a nuestro juicio, ya que considera- 
mos errónea esa doctrina: reconocer esa facultad, apli* 
cándela exclusivamente a la Religión Católica, es ple- 
garse a las exigencias de un hecho que se produce,, a 
despecho de lo que nosotros conceptuamos teórícamento 
cierto. 

Para nosotros, y no nos cansaremos de repetirlo, la 

ley no puede ajustarse estrictamente a los principios 
teóricos que profesa el que la redacta o aquellos que 
la sancionan ; tiene, para ser eficaz, posible y realizable, 
que tomar también en cuenta, el estado de la sociedad 
para la cual se legisla y los hechos que en ella se pro* 
ducen. Antes de que la escuela laica, en su expresión 
genuina, sea la escuela pública legal, es necesario que 
se forme en la conciencia del pueblo el convencimiento 
de que la escuela debe ser laica. 

De otro modo ¿qué sucedería? Si se suprimiera do 
nuestro proyecto de ley el artículo 59, ¿qué resultados 
se obtendrían ? Podemos suponerlo, recordando lo acae- 
cido con motivo del proyecto de ley de Educación pre- 
sentado a la Cámara de Representantes por el señor 

[148] 



I 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



don Agustín de Vedia en 1873. El señor Vedia esta- 
blecía en el artículo 74 de su proyecto que no se daria 
enseñanza de ninguna religión positiva en las escuelas 
públicas sostenidas por el Estado. Era la consignación 
de la buena doctrina en toda su pureza: pero también 
ese solo articulo levantó una tempestad entre los que 
son religiosos y los que aparentan serlo, que bastaba 
por sí sola para que pudieran abrigarse temores res- 
pecto a la eficacia que tendría, llevada a la práctica, 
una ley que tan hondas resistencias levantaba cuando 
apenas se había publicado en proyecto. A pesar de la 
importancia de la materia^ del mérito del proyecto, de 
la simpática acogida que encontró en una no pequeña 
fracción de la Cámara, y de las relevantes dotes del 
autor, el proyecto durmió y continúa durmiendo en las 
carpetas de la Comisión de Legislación, y a nadie se 
oculta que si hubiera sido puesto en discusión habría 
sido causa de inmensa agitación en el país: y aún, pro- 
bablemente, el malhadado artículo 74 habría dado mé- 
rito, sea a que se rechazara todo el proyecto, sea a 
que se le deformara pretendiendo reformarlo» 

Cuando se legisla, cuando se toca tierra, hay que 
tomar en cuenta las sinuosidades y las asperezas del 
camino. Estrictamente considerado es mejor vehículo 
un carro montado sobre elásticos que una carreta de 
bueyes: pero el que, con arreglo a ese criterio, prefiera 
el carro a la carreta para conducir cargas en la cam- 
paña oriental, es más que probable que no pudiera lie- 
gar ni siquiera hasta Santa Lucía. La razón es sencilla: 
los carros con elásticos son mejores, en los caminos 
buenos. Lo mismo puede decirse respecto a la enseñan- 
za de la religión positiva en la escuela: la mejor ley 
es la que establece que la escuela pública sea laica, 
cuando la mayoría no es católica e ignorante, Pero en 



JOSE FEMO VAR&LA 



e«te ákittio cmo^ hgy ^tie adoptar la carreta de bueyM, 
8i 1» quiere s^ir adelante; es deeir» que transar con 
la realidad por ménoe agradaUe y menos racional que 
nos paresea: -mejorando progresivamente las condicio* 
'nes del camino, para poder mejorar las condiciones del 
vehículo, elevando la conciencia pública para poder 
elevar la ley qne la refleja. 

AI menos» esto es lo qüe aconseja el buen sentido, 
eée gtan legislador que tanto consultan los pueblos 
qüe^ como Inglaterra y los Estados Unidos, dictan i 
leyes párb cumplírias; y que tonto desdeñan las nació* 
nes qüe, eórao las Repúblicas sudamericanas, pamen 
complacerse en dictar leyes de lujo, muy bonitas, muy 
perfectas, muy ajustadas a los principios más avanza- 
dos de la ciencia, que parecen cada una un tratado de 
metafísica, y que por lo mismo nadie cumple ni hace 
cumplir, nadie respeta ni hace respetar, ya que ae 
buscan en vabo en la vida regular del pueblo, porque 
sólo figuran en las colecciones de leyes, o en los dis^ 
cursos de los oradoree parlamentarios. 

Reconocemos, pues, que el artículo 59 no se ajusta 
a la buena doctrina con respecto a la organización teó- 
rica de la escuela pública; pero creemos que sirve 
para dar satisfacción, hasta donde es posible, a las as- 
piraciones, en nuestro juicio individual equivocadas, 
de la mayoría de nuestro país; y lo conceptuamos como 
indispensable para hacer posible actualmente, en la 
práctica, el sistema de educación común que deaen- 
vUelve nuestro proyecto de ley. 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



la Escuela Normal de mujeres 

(ARTICULO 7B) 

En el Capitulo XXXIX de La Educación del Pueblo 
hemo& indicado ligeramente algunas de las razones 
que aconsejan prestar mayor atención entre nosotros 
a la Escuela Normal de mujeres que a la de varones: 
creemos^ sin embargo, conveniente aducir algunas otras 
consideraciones en apoyo de lo establecido en el articu- 
lo 78. 

No faltan autoridades competentes que sostengan que 
la mujer tiene condiciones superiores a las del hom- 
bre, para la enseñanza de la niñez, sobre todo en la 
escuela primaria: pero aun sin resolver esa cuestión, 
basta afirmar lo que es indudable, que la mujer es 
tan capaz como el hombre para el desempeño de las fun- 
ciones de maestro primario. Ahora bien: en igualdad 
de circunstancias, las condiciones actuales de nuestro 
país, y aun, pudiera agregarse, las condiciones actua- 
les de las sociedades humanas, hacen que deba darse la 
preferencia a la Escuela Normal de mujeres. En primer 
lugar, los conocimientos que se adquieren en la Escue- 
la Normal colocan a los hombres que en ella se edu- 
can en condicÍ9nes de poder aspirar a muchas posicio- 
nes más provechosas que la de maestro: además de la 
escuela habrá mil otras ocupaciones que soliciten al 
joven maestro ofreciéndole satisfacciones de dinero, de 
posición, de poder, de amor propio, bastante poderosas 
para que, en muchos casos, abandone el profesorado» 
El hecho se ha producido ya en la provincia de Buenos 
Aires, cuya Escuela Normal de varones no ha dado, 
ni cerca, los resultados que eran de esperarse. Por idén- 
ticas razones el maestro exigirá siempre mayor retri- 



tl511 



JOSE PEDRO VARELA 



bucíón que la maestrap en igualdad de condicionea j 

de circunstancias. 

La mujer que se agita siempre en más reducida es* 
fera, y mucho más aún en nuestro país, encontraría en 
la enseñanza una carrera honrosa, accesible para ella 
y Util, a la que podría dedicarse* Al salir de ella, las 
que se educaran en la Escuela Normal, no encontrarían 
fácilmente otras ocupaciones que les ofrecieran mayo- 
res ventajas, sean morales o materiales, que la de 
maestras. Es de suponer, pues, que al contrario de lo 
que sucedería con los hombres, la gran mayoría de las 
mujeres que asistieran a los cursos de la Escuela Nor- 
mal, seguirían la carrera de la enseñanza. Si esto se 
consiguiera, cuánto aumentaría el capital social, las 
fuerzas vivas de la Nación, con ese empleo inteligente 
de la mujer, reemplazando al hombre, y en consecuen- 
cia dejándolo a éste expedito para ejercitar su actividad 
en otras esferas: agreguemos a esto, para aumentar 
los resultados, que la enseñanza dada por la mujer es 
menos costosa que la dada por el hombre. 

Si se organizase, pues, debidam.ente la Escuela Nor- 
mal, dando preferente atención a la sección de mu je* 
res, en el caso de que no se hiciera de ella una escuela 
mixta, podríamos Uegar en pocos años a resultados se- 
mejantes a los obtenidos por algunos Estados de la 
Unión Americana, en los que las escuelas primarias, 
casi en su totalidad, están confiadas a maestras, mien* 
tras que sólo la dirección de las escuelas superiores y 
de los colegios está a cargo de profesores. 



[152] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



De los libros para las Bíblioloeas escblaxes 

(ARTICULO 85) 

Las condiciones especiales de las Bibliotecas Esco- 
lares y Populares de Distrito autorizan a imponer la 
restricción establecida por el artículo 85, que confía 
a la Comisión Nacional de Educación el cuidado de 
formar una lista de libros entre los cuales deberán ele- 
gir las Comisiones de Distrito aquellos que hayan de 
componer la Biblioteca del respectivo Distrito. 

Si las Bibliotecas fueran exclusivamente populares, 
esa restricción sería inconveniente y abusiva. Tratán- 
dose de adultos, el pueblo mismo es el mejor juez de 
lo que le conviene. 

Pero es sólo para hacerlas más útiles que esas biblio* 
tecas son también populares: su objeto primordial es 
servir a la escuela de manera que desde los primeros 
años, los niños adquieran el hábito de leer: y ese obje- 
to primordial de las Bibliotecas Escolares y Populares 
de Distrito es el que explica y autoriza la facultad 
concedida por el artículo 85 a la Comisión Nacional 
de Educación; militando también en favor de esa fa- 
cultad las mismas razones que nos han servido de base 
para establecer que sea la Comisión Nacional de Edu- 
cación la que apruebe y adopte los textos que han de 
usarse en las escuelas públicas. 

De los xacaudadoios do las rentas de oducadón 

(ARTICULO 92) 

Como la parte con que el Estado debe concurrir a 
la formación de las Rentas Generales de Educación, 



[1531 



JOSE PEDRO VARELA 



será recaudada en parte por autoridades públicas de- 
pendientes del Poder Ejecutivo, o que forman parte 
de la administración ordinaria de la Nación, mientra» 
que la responsabilidad del debido empleo de esas can* 
tidades pesará sobre los respectivos empleados de edu- 
cación, justo es establecer que los Tesoreros Departa* 
mentales pueden compeler a los empleados ordinarios 
para que cumplan con sus deberes, haciéndolos perso- 
nalmente responsables en el caso de violaciones de la 
ley. De ese modo se evitarán los tropiezos y males que 
pudieran resultar de la divergencia de atribuciones y 
de la diferencia de responsabilidades que habría, si 
no se estableciese el artículo 92# 

Del modo de poner en práctica la ley 

(ARTICULO 111) 

Toda innovación que se quiera llevar a la práctica 
encuentra naturales resistencias en el viejo sistema es* 
tablecido^ y en la inexperiencia de los encargados de 
poner en ejecución el nuevo sistema. Esta verdad, apli- 
cable a todo, será más sensible, se presentará con más 
evidencia, cuando se trate de poner en ejecución nues- 
tro Proyecto de Ley, Para hacerlo será necesario orga« 
ni2ar toda la República, desde el punto de vista del 
sistema de educación común que va a seguirse, puesto 
que todo está por hacerse. No tenemos un censo exac- 
to que nos permita conocer cuál es el total verdadero 
de la población de la República, y cómo se distribuye 
esa población en cada localidad determinada. £1 tra- 
bajo más reciente y acabado que hay a este respecto 
es la obra del señor Vaillant, y aun éste procede por 
cálculos, más o menos exactos, apreciando sólo el con* 



[154] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



junto y algunos de los principales* No tenemos tam- 
poco datos estadísticos precisos respecto al valor de la 
propiedad imponible en la República, y en cada loca- 
lidad determinada: ni tenemos, por ultimo, autoridades 
existentes ya, que pudieran hacer los trabajos previos 
que son indispensables para poner en ejecución la ley 
de educación común. Si, pues, se quiere proceder con 
método, y de un modo que pueda dar resultados, hay 
que preparar anticipadamente los elementos necesarios 
para llevar a la práctica el nuevo sistema^ A ese fin 
responde el articulo 111 del Proyecto, 

Según él, el Poder Ejecutivo nombra por la prime- 
ra vez el Inspector Nacional de Educación que sirva 
para estimular a todas las autoridades inferiores y 
para mostrar al pueblo las ventajas de la nueva ley; las 
Juntas Económico-Administrativas, autoridades cons* 
tituidas y que funcionan ya, nombran los Inspectores 
Departamentales, que en espacio más reducido, y obran- 
do sobre localidades determinadas, desempeñan funcio- 
nes semejantes a las del Inspector Nacional; las mis- 
mas Juntas nombran también los Inspectores Seccio- 
nales, que continúan la obra de los Inspectores Depar- 
tamentales y Nacional, y constituyen la Comisión De- 
partamental: ésta, auxiliada por los Inspectores Sec- 
cionales, señala los limites de cada uno de los Distritos 
en que ha de dividirse cada Sección. Hecho esto, nom- 
brado el personal de inspección y hecha la demarcación 
de los Distritos, la Comisión Departamental nombra la 
Comisión de cada DislritOj y ésta designa el Comisario 
del Censo Escolar, quien procede inmediatamente a 
levantar el censo. Levantado el Censo Escolar, se tiene 
ya la base: se rectifica la demarcación de los Distritos 
y la Comisión de Distrito procede a fijar la cuota que 
debe pagar cada contribuyente, y hace cobrar la con- 



tl55J 



JOSE PEDRO VARELA 



cribución. Así se tienen ya todos loa elementos indis* 
pensables para poner en ejecución la ley. 

Las Comisiones de Distrito y los Inspectores Scc* 
cionales, nombrados por la Comisión Departamental, 
cesan en sus funciones el 1^ de diciembre inmediato 
siguiente a la promulgación de la ley, siendo reempla* 
zados por las Comisiones de Distrito y los Inspectores 
Seccionales que sean electos con arreglo a las disposi- 
ciones permanentes de la ley. La nueva Comisión al 
instalarse encuentra formado ya el censo escolar y co* 
brada la contribución: no tiene que luchar, pues, con 
la dificultad de ignorar cuál será el número de niños 
que deberán educarse, y cuáles los recursos de que 
se podrá disponer: se ocupa exclusivamente de la fun- 
dación y organización de la escuela, adoptando el pro* 
grama, eligiendo el maestro, designando el local, etc. 
Además, en esa tarea se encuentra favorecida porque 
la época en que entra al desempeño de sus funciones 
es aquella en que, generalmente, los niños están en 
vacaciones. Tiene, pues, uno o dos meses para ocuparse 
de preparar los elementos necesarios a la instalación 
de la escuela, sin que sufra por eso la educación pu- 
blica. 

En tanto, los Inspectores Departamentales y el Ins- 
pector Nacional, así como los nuevos Inspectores Sec- 
cionales, continúan su obra, ilustrando la conciencia 
pública y la de las Comisiones de Distrito con respecto 
a la nueva ley y al mejor medio de ponerla en práctica. 
Están previstos, pues, y destruidos de antemano, mu- 
chos de los inconvenientes que naturalmente han de 
encontrarse para el pasaje del antiguo al nuevo sistema. 

En realidad, el artículo 111 no hace más que montar 
provisoriamente la máquina, haciéndola funcionar sola, 
para acostumbrar al pueblo y a los obreros que en ella 



[156] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



han de trabajar; porque, es necesario notar que laa 

Comisiones de Distrito nombradas por las Comisiones 
Departamentales, no establecerán escuelas, ni ejercerán 
las otras funciones propiamente escolares de las Co- 
misiones de Distrito. No sirven más que para preparar 
el terreno a la ley que ha de ponerse en ejecución en 
la época prefijada. 

Ahora bien, ¿qué sucedería si en vez de esto se 
pusiera inmediatamente en ejecución la ley de educa- 
ción común? Habría, en primer lugar, dificultades, y 
no pequeñas, para nombrar y constituir las Comisio^ 
nes de Distrito: éstas se sentirían trabadas por falta 
del censo, y tendrían que levantarlo primero, para co- 
brar después la contribución y ocuparse en seguida 
de la organización de la escuela. En esas condiciones 
se puede afirmar desde ya, que pasaría el primer año 
sin que ni siquiera la mitad de los Distritos escolares 
se hubieran organizado debidamente: y aun cuando 
esos inconvenientes podrían hacerse desaparecer con 
el tiempo, y con esfuerzos continuados, es indudable 
que hay una gran verdad encerrada en el dicho de 
nuestros paisanos: «Es malo salir con el paso ¿rabao»« 

Por el contrario, procediendo con arreglo a lo esta- 
blecido en el artículo 111, irían venciéndose las difi- 
cultades antea de que la ley estuviera en plena ejecu- 
ción, sin que sufriera la educación pública; y pudiendo 
servir eficaz y activamente para ese objeto todo el per- 
sonal de Inspección y todas las Comisiones de Educa- 
ción que sólo deberían ocuparse de preparar el terreno 
para que, sin tropiezos, pudiera empezar a funcionar 
regularmente todo el sistema. Así, no habría que temer 
tamporü las impaciencias, que podrían producir malos 
resultados, si laa Comisiones provisorias de Distrito 
se empeuaran en establecer escuelai, y en organizar loa 



[IIT] 



JQS£ PEDRO VARELA 



Distritos, sin tener antes la base sólida de conocer los 
recurso8 con que contara el Distrito y el número de ni- 
ños que debiera educan Así también todas las Comi« 
síones de Educación y todos los Inspectores hariaD el 
trabajo de propaganda indispensable para dar asiento 
firme a la nueva ley. 

Rara vez dan buenos resultados prácticos las leyes 
que son una sorpresa para el espíritu público, porque 
éste no las comprende bien, no las abarca en todo su 
alcance, ni se da cuenta exacta de su eficacia. Mientras 
que, por el contrario, si se da previamente el impulso, 
la ley llegará a hacerse efectiva cuando sea ya para 
todos un huésped conocido y esperado. 

No se pierde, pues, el tiempo que se demora en po- 
nerla en ejecución: se aprovecha y mucho, en bien de 
la educación y del pueblo, procediendo con orden y 
método, esos dos inseparables compañeros de todo tra- 
bajo proficuo y de todo sistema llamado a producir 
los resultados apetecidos. 

CAPITULO XVIII 

P^actlcBbÜidad de la I07 

Toda innovación que se trata de introducir, especial- 
mente si es de un carácter general, encuentra resisten- 
cias en dos categorías de opositores: una, la de aque- 
llos que por carácter, por orden de ideas y por tempe* 
ramento se sienten dispuestos a combatir toda modi* 
ficación que se quiere hacer en el orden de cosas que 
están acostumbrados a ver desarrollarse ante sus ojos: 
forman esta categoría los rutineros, que están siem* 
pre satisfechos con lo que existe, aunque sea pésimo, 
y que parecen modelados por el aistemA de educación 



[188] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



que ha hecho de la China una nación donde indefini- 
damente Be reproduce siempre un mismo tipo. Esos 
opositores a toda innovacióiij que son entre nosotros 
más numerosos de lo que generalmente se cree, invo- 
can siempre la impracticabilidad de lo que se quiere 
introducir, tengan o no razón para ello, y lo combaten 
porque es nuevo; no discuten si la idea es buena o 
mala, y si daría o no resultados fecundos: afirman 
autoritariamente que no es practicable y, en conse- 
cuencia, la rechazan, sin preocuparse de averiguar si- 
quiera si será útil en otros países que en otras condi- 
ciones se encuentren. 

Esta categoría de hombres, que se llaman a si mis- 
mos prácticos, porque no se animan a llamarse ruti- 
neros, forma el extremo opuesto de los utopistas, que 
aceptan como buena y realizable toda innovación, cual- 
quiera que ella sea: a éstos, que tampoco escasean en 
la República, sobre todo entre los miembros de las 
profesiones que se llaman a sí mismas liberales, como 
resultado natural del método seguido en la instrucción 
superior, hay que atribuir en gran parte el despresti- 
gio en que se encuentran entre nosotros muchas bue- 
nas ideas y muchas cosas útiles. Partiendo de la base de 
que toda innovación es buena y fecunda, y de que todo 
lo que es bueno y fecundo, es realizable, báseles visto, 
en muchos casos, pretendiendo vestir a nuestro país 
un traje que ni por la estatura, ni por la estructura, 
ni por las condiciones del suelo y del clima, ni por las 
exigencias múltiples de la vida, podría aplicársele. De 
ahí ha resultado naturalmente que se sientan fuertes 
los que a toda mejora se oponen: el ejemplo de una 
innovación irrealizable, y por irrealizable nociva, sír- 
veles de base para condenar igualmente toda innova- 



C159] 



JOSE PEDHO VARELA 



ción. Es una ley física que se cuniple: toda acción pro- 
duce una reacción correspondiente. 

Entre esas dos extremidades hay un término medio, 
que forma el grupo de aquellos que aceptan las inno- 
vaciones, pero bajo inventario: es decir que creen que 
no por ser vieja una idea ha de ser mala, ni ha de ser 
buena por ser nueva; y descendiendo de la doctrina 
a la aplicación que las innovaciones buenas deben 
aceptarse y sostenerse^ entendiéndose por innovación 
buena la que responde a una idea verdadera, aplica- 
ble actualmente a la sociedad donde se quiere innovar, 

A éstos hay que convencerlos, pues, no sólo de que 
tal o cual doctrina es exacta, sino también de que es 
practicable, para que acepten la innovación que ella 
engendra: mientras que combaten como nocivas las 
doctrinas que son erróneas, y las que son, en la actúa* 
lidad, impracticables; las primeras intrínsecamente, las 
segundas en determinadas circunstancias* 

Nuestro proyecto de ley de educación común puedo 
encontrar, pues, dos clases de opositores: unos que lo 
combatirán, porque es una innovación, afirmando 
como sólido argumento que no es realizable en el esta^ 
do actual de nuestro país; otros que se opondrían a 
él mientras no se demuestre que puede ponerse en 
práctica, con ventaja, aduciendo como poderosa razón 
que no basta que la doctrina sea verdadera, si no en* 
cuadra bien en la actualidad de nuestro país. A éstOB y 
a aquéllos vamos a tratar de demostrarles que el siste* 
ma de educación común que desenvuelve nuestro pro* 
yecto puede establecerse actualmente en la República, 
que es practicable. 

Si hubiera un censo exacto y datos estadísticos pre« 
cisos, se habría facilitado grandemente nuestro traba- 
jo, y hecho más evidentes nuestras demostraciones^ 



CALIFORNIA— 1867 

CIUDADES Y PUEBLOS 



Número de 
nlfios de 
menos de 
IS años 


Población 


o*. / LV 




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5,983 








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900 


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266 


888 


262 


873 




840 


245 


816 


242 


806 


242 


806 


240 


800 


237 


790 


230 


766 


223 


740 


219 


730 


154 


500 


71.133 


236.730 



REPUBLICA ORIENTAL • 1876 

CIUDADES Y PUEBLOS 



San Francisco 

Sacramento 

San José 

Los Angeles . , . « . 

Stocton , 

Oackland , 

Graa Valley . . . » , 

Marysvillc 

Santa Bárbara . . . 

Nevada 

Petaluina 

VaUcjo 

Santa Cruz 

Sonora 

Placcrville , 

Santa Clara 

Watzonville , 

Columbia 

Monterey 

Napa 

Brookiin 

San Luis Obiepo . 
CopperopolÍB , . , < 

Santa Rosa 

Benicia » , • , , 

San Bemardino . 
Eureka .......... 

Healdsburg 

Red BIqÍÍ 

South San Juan , 

Dotch Fiat 

Chico 

Ireka , 

Sutter Creek , ^ . . 

Oroville 

Woodland 

Hornitas 

Downicville ...... 

Golfax 

Muxphys 

Folson , 

Redwood City . . , 

Sonoma 

San Andrés 

Jackaon 

Fairfiel y Suisun 

Ukiah 

Mokelune hUl ... 

Anaheim 

Shasta 

Mariposa 

Wcaverville 

Crescent City 

Pacheco 

Georgetown 

Martínez 

North San Juan . 
Aubum 

Colasa 

Susan , . , 

Totales 



Montevideo, Cordón y Aguada 

Paysandú 

Salto 

Unión y su distrito 

Carmelo 

Rocha 

Minas 

Mercedes i. 

Fray Rentos 

Colonia , 

Cerro Largo , 

San Carlos 

Porongos 

Mal dona do 

Rosario 

Canelones 

Santa Lucía 

El Cerro de Montevideo 

Santa Rosa (Salto) 

Dolores . .- 

Treinta y Tres 

Nueva Palmira 

San Ramón 

San Vicente (Castillos) 

Artigas 

La Faz 

Faltan datoi solm 

Paso del Molino 

Villa Victoria 

Villa Colón 

Tala 

Pando 

Piedras 

Sauce 

Migues * - . . • 

San Eugenio 

Belén , 

Constitución , 

La Paz (Colonia) 

La Unión (Idem) , 

San José 

Tacuarembó 

Rivera 

Atahualpa 

Florida 

25 de Agosto 

25 de Mayo 

Durazno 

Lavalleja 

San Gregorio (San José) .... 
San Gregorio (Tacuarembó) . 

Tapes 

Sarandt 

Chamiso^ 





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960 


3.2CH 


900 


3.0CX 


900 


3.00< 


883 


2.91 


855 


2.851 


840 


2.801 


660 


2.201 


645 


2.151 


450 


1.501 


387 


1.29( 


360 


L20C 


294 


981 



1. Como se ve, nos faltan datos con respecto a mucho» de los pueblos do la Kepúbllca, lo que hace que nuestro 
cuadro quede incompleto. Los datos que nos han servido loa debemos a la bondad del señor don Adolfo Vaillant, 
Jefe de la Mesa de Estadística, a quien nos dirigimos pidiendo informes sobre la población de las ciudades y pueblos 
de la República, y quien tuvo la deferencia de enviarnos los que publicamos en seguida» en la seguridad de que mien- 
tras no se haga el censo de la República* los informes y cálculos del señor Vaillant, son los que más pueden aprosd- 
marse a la verdad, no sólo por el puesto que el señor Vaillant desempeña, sino porque desde años atrás viene ocupán- 
dose con recomendable celo e inteligencia de todo lo relativo a la estadística nacional. He aqui ahora los Informes 
que hemos recibido, tales como nos los ha enviado el seflor Vaillant, con cuya autorización los publicamos, agradecién- 
dole nuevamente su deferencia. 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



porque habríamos dividido la República en Distritos, 
señalado el área de cada Distrito, su población, el nii* 
mero de niños, el valor de la propiedad imponible y la 
contribución que debiera pagar; y con esos elementos 
nos hubiera sido fácil probar de una manera incon^ 
testablc que es posible establecer el sistema de educa^ 
ción común, tal como lo desenvuelve nuestro proyecto. 
No existiendo ese censo, ni teniendo datos estadísticos 
bastante minuciosos, tenemos que proceder por com« 
par ación. Para hacerlo, no buscaremos, como punto 
de comparación, los países que se encuentran en dis- 
tintas condiciones que el nuestro, por su población, 
por su riqueza, por lo antiguo de su sociedad, por su 
extensión o por cualquier otra causa: no, hemos creídp 
que lo más conveniente seria buscar otro país que se 
halle casi en las mismas condiciones que el nuestro, 
para venir a parar después a esta conclusión: «Lo que 
allí se hace puede hacerse aquí». 

£1 país que nos servirá de punto de comparación 
es la California; uno de los muchos Estados que for- 
man la confederación de los Estados Unidos. Lo que 
tenemos que hacer, pues, es demostrar que el Estado 
de California se encuentra, o se encontraba, en condi- 
ciones semejantes a las nuestras, o en otras palabras: 
que la República Oriental tiene las mismas ventajas, 
si no mayores, y los mismos inconvenientes que tenía 
el Estado de California en 1867, y que en consecuen- 
cia puede hacer lo que ese Estado hizo entonces. 

Sentemos las bases: la población de la República 
Oriental podía calcularse en 1872, sin exageración, 
según el señor Vaillant, en 450.000 habitantes; según 
el mismo señor había aumentado en ciento por ciento 
en doce años en los Departamentos, y 120 por ciento 
en la Capital: es decir que, en proporción igual, debe 



[161] 



JOSE PEDRO VABELA 



haber aumentado más de un 25 por ciento en los tres 
añoB que hau transcurrido desde aquella fecha hasta 
hoy: y según esos cálculos la República debe tener 
hoy, aproximadamente, 560.000 habitantes. No es du- 
doso, sin embargo^ que ese cálculo seria exagerado, 
puesto que entre los tres últimos años hay que contar 
el 75/ que está muy lejos de ser un año de progreso, 
y aun de aumento en la población. A pesar de todo^ 
venimos a parar a esta conclusión: no hay exagera- 
ción alguna en calcular que la República Oriental tiene 
hoy de 480 a 500.000 habitantes. El valor de la pro- 
piedad personarse elevaba eñ 1872, según cálculos he- 
chos también por el señor Vaillant, a la suma de 360 
millones de pesos. Queremos creer, aun cuando sea 
difícil aceptarlo, que haya permanecido estacionario 
desde entonces, el valor de la propiedad personal, a 
causa de la guerra y de la crisis del año 75. Aceptadas 
esas bases, tendremos que; 

La República Oriental tiene en 1876: 63.322 mi- 
llas geográficas de extensión: 300^000 . habitantes y 
360.000.000 de pesos como valor total de la propiedad 
personal* 

El Estado de California tenía en 1867: 188*981 mi- 
llas cuadradas de extensión: 498.140 habitantes, y el 
valor de toda la propiedad imponible se elevaba a 
200.000.000 de pesos. 

Tenía, pues, la misma población que nosotros, tres 
veces más extensión territorial, es decir, el triple más 
de dificultades derivadas de la despoblación y del de- 
sierto: y el valor de toda su propiedad imponible era 
mucho menor que el nuestro: tenía, pues^ menos ca- 
pital. 

La California fue originariamente colonizada por 
españolea y sólo entró a formar parte de la Unión 



tl«2] 



LA LEGISI^dON ESCOLAR 



Americana; como uno de 8iu Estados, »n 1850: tiem^ 
pues^ el mismo origen que nosotros^ y las modificir 
clones que posteriormente ha sufrido son, como lat 

nuestras, derivadas de la inmigración extranjera. 

En los últimos años, el crecimiento de la población 
en la República ha sido más rápido que el crecimiento 
de la población en Caliíomia. Esta tenia en 1860, 
398.000 habitantes, y en 1867, 498.000: o 25 por ciento 
de aumento en siete años. La República Oriental tenía 
en 1860, según el censo de entonces, 221.000 habitan* 
tes, y en 1876, según nuestros cálculos anterioreSi 
500.000 habitantes: o 126 por ciento de aumento en 
quince años: es más del doble de la progresión seguida 
por la California. Además en laa ciudades y pueblos, 
la. población se agrupa de una manera semejante en 
los dos países, como lo demuestra el cuadro siguiente; 



Población de la República Orienlal del Uruguaf 

(CALCULOS APROXLMATIVOS) 
19 DEPARTAMENTO DE MONTEVIDEO 

Habitantes 

La ciudad con el Cordón y la Agua- 
da 95.172 

Villa de la Unión y su distrito • • , 8.590 

Paso del Molino, Reducto y su dis- 
trito a092 

El Cerro y su distrito 2.946 114.800 

29 DEPABTAMENTO DE CANELONES 

La Villa 3.000 

Su distrito 5.000 

Santa Lucía 3.000 



JOSE PEDRO VARELA 



Habitantes 

Su distrito 4.500 

San Ramón 1,500 

Tala y su distrito 8.000 

Pando, Las Piedras, La Paz, Sauce, 

Migues, Santa Rosa, Cerrillos y 

sus distritos 15.000 40.000 



Z9 DEPARTAMENTO DE PAYSANDTJ 



La ciudad y su ^jido ♦ ♦ • . . 15.000 

Fray Bentos y su distrito 6.000 

Las secciones de campaña 15«000 36.000 



49 DEPARTAMENTO DEL SALTO 



La ciudad, su ejido y suburbios . • 10.650 

Santa Rosa y su ejido 2.850 

Las secciones de campaña 22.500 36.000 



5-? DEPARTAMENTO DE CERRO LARGO 

La Villa incluso las chacras 5.600 

Treinta y Tres 2.200 

Artigas 1.200 

Las secciones de^campaña , , 24.000 33«000 



6? DEPARTAMENTO DE MALDONADO 

La Villa y su ejido, chacras, 

Laguna y Seibos 3.420 

Pan de Azúcar y Sauce .... 1.540 

Mataojo, Canapé y Guarda 

vieja 1.710 

Solís Grande - 1.494 8.164 



[164] 



LA LEGISLACION ESCOLAK 



Habitantes 

San Carlos con su ejido y 

chacias 4.080 

José Ignacio y Garzón 1.991 

Valle Aiguá y Alférez .... 1.640 7.711 

Rocha, su ejido^ chacras y 

valizas 6.611 

India Muerta 1.310 

San Vicente (Caslillos) 1.290 

Tres Islas, Alférez arriba, Ce- 

bollatí 1.433 

Santa Teresa, Chuy, San Luis 1.339 11.988 27.863 

7« DEPARTAMENTO DE SORIANO 

La Villa 1.200 

Dolores 2.800 

Mercedes 6.300 

La campaña 15.300 25.600 

89 DEPARTAMENTO DE LA COLONIA 

La Villa y su distrito 5.800 

Carmelo y au distrito 7.000 

El Rosario 3.200 

Las Colonias Suizas 5.200 8.400 

Nueva Palmira 2.150 23.350 

99 DEPARTAMENTO DE SAN JOSE 

San José y la campaña 18.500 

Trinidad (Porongos) 4.000 22.500 



[165 3 



JOSE PEDRO VARELA 



Habitantes 

109 DEPARTAIIENTO DE TACUAREMBO 

Eln todo el departamento 22.000 



119 DEPARTAMEZ^O DE MINAS 

El pueblo y su ejido 6.500 

En la campaña 15.000 21*500 



ÍZ9 DEPARTAMENTO DE LA FLORIDA 

En todo el departamento 21.500 

13í DEPARTAMENTO DEL DURAZNO 

En todo el departamento 20.500 

Total 444.613 

Tales son los guarismoa que resultan de los datos 
que me fueron suministrados, directa o indirectamente. 

En 1873, calculé la población de la República en 
450.000 aimas; desde luego el total de 444.513 viene 
á corroborar una vez más mi cálculo. 

Desde fines del año 1874, la inmigración disminuyó 
mucho, y poco después la emigración empezó a maní* 
festarse. 

El crecimiento natural habido en el exceso de los 
nacimientos sobre las defunciones y que puede calcu- 
larse más o menos en 25.000 almas, agregado a la di« 
ferencia de 5.000 que se encuentra entre el total de 
1873 y el de este año, hace subir, pues, a 30.000 el 
uumero de habitantes que emigraron y abandonaron 
el pois «n d tranecurso de doe años. 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



Pero estos cálculos, vuelTO a repetirlo» no son mis 

que aproximativos. 

En adelante, merced a las disposiciones tomadas por 
la Comisión de investigación de Aduana y aprobadas 
por el Gobierno, la Mesa de Estadística tendrá datos 
fijos acerca de la entrada y salida de pasajeros, por 
mar, cuyo movimiento exacto, se ha ignorado hasta 
hoy. 

Montevideor mayo 23 d« 1876. 

A. Vaiüaju. 

Así, pues, la población en las ciudadea y pueblos es 
en ambos países aproximadamente la misma, y en 
consecuencia es también aproximadamente la misma 
en las secciones rurales. Las dificultades que resultan 
de la despoblación son mayores en California que en- 
tre nosotros: puesto que tiene mayor extensión territo- 
rial, con igual número de habitantes distribuidos apro- 
ximadamente del mismo modo: y el capital nacional^ 
representado por el valor total de la propiedad persO' 
nal, es allí menos que entre nosotros, agregándose a 
todo esto que el desarrollo de nuestra población ha sido 
mayor que el de la California en los últimos diez años, 
lo que demuestra que no es menos la fuerza impulsiva 
que nos arrastra. Veamos, pues, lo que hacía el Estado 
de California, con respecto a la educación común, el 
año 1867, cuando se hallaba en condiciones semejan- 
tes, pero menos favorables que las nuestras, y contes* 
tando de paso a la observación que, estamos seguros, 
no dejará de hacerse, de que el estado a que en ma- 
teria de educación había llegado la California, era re- 
sultado de continuados esfuerzos sucesivoS| dejemos 
establecido que el total de los recursos destinados a la 
educación en 1862 solo se elevó a 497.000 pesoi» poco 



JOSE PEDRO VAFJ5LA 



más de lo que la Nación emplea hoy entre nosotros, 

y en 1867, tres anos después, ese tolal elevóse a un 
millón doscientos ochenta mil pesos, o sea cerca de 
tres veces más que en 1862, 

He aquí ahora lo que hacía el Estado de California 
en 1867, en favor de la educación común: 

Número total de niños de 5 a 15 años 94.349 

Idem ídem inscriptos en las escuelas 
públicas 61.227 

Idem ídem ídem en las escuelas pri- 
vadas 14.026 75.253 

Total de niños que no asistían a la 
escuela 19.096 



Así, pues, el número total de niños que concurrían 
a las escuelas era de 75.253, y, a pesar de eso, queda- 
ban sin recibir educación 19.09Ó niños. Con una po- 
blación aproximada sólo asisten a las escuelas de la 
República Oriental, gegún nuestros cálculos, poco más 
de 18.000 niños; calculando, pues, que haya 95.000 
niños en toda la República^ quedarían sin recibir edu' 
cación no menos de setenta y seis mil niños: es el 
ochenta por ciento de las nuevas generaciones cre- 
ciendo en la ignorancia. ¿Por qué extrañar entonces 
la vida que llevamos como nación? 

Según los cálculos del señor Vaillant, el número to- 
tal de las escuelas era en 1872 de 245, para toda la 
República. 

En California en 18Ó7, las escuelas alcanzaban al 
número de 1.083« 



tl68] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



Escuelas de 1^ grado 168 

» 2^ » 425 

» 3*^ > 471 

No graduadas 18 1.083 

Número de casas de escuela construidas 

de material 58 

Número de casas de escuela construidas 

de madera 821 

Numero de casas construidas en el año 

1867 106 

El Estado se hallaba organizado y esa organización 
funcionaba^ según lo que revelan las siguientes cifras; 

Número total de Condados^ 50 

» > » Distritos 981 

» » > las visitas hechas a 
las escuelas por los Inspectores de 
Condados 2,775 

Idem ídem por las Comisiones de Dis- 
trito 6.574 

Idem ídem por otras personas 39.185 

Número total de maestros empleados en 
el año 616 

Numero total de maestras empleadas en 
el año 773 

Total de ambos sexos 1.389 



Pero, podrá obser\'ar5e por algunos, el sueldo de 
los maestros y el costo total de la educación será en 



1. Los Condados corresponden a las Secciones de nuestro 
Proyecto: y los Inspectores de Condado a los Inspectores 
Seccionales. 

[169] 



JOSE PEDRO VARELA 



California mucho menos que en la República Oriental, 
para que haya podido emplearse tan vasto personal 
de enseñanza y educar a tan crecido número de niños. 
Muy lejos de eso: el término medio del sueldo mensual 
de los maestros era de 77 pesos y el de las maestras de 
64 pesos, mientras que entre nosotros, según el pre- 
supuesto de 1876, el término medio del sueldo de los 
maestros y maestras es de 62 pesos, sin deducir el mon- 
tepío, que reduciría ese término medio a poco menos 
de 60 pesos mensuales. Había, sin embargo, en Califor- 
nia una gradación en los sueldos de maestros que 
puede apreciarse por el siguiente extracto de los suel- 
dos más elevados de que gozaban los maestros y maes- 
tras en 1867: 



El Superintendente de San 

Francisco ^ $ 4«000 anuales 

El Director del Instituto de ciegos, 

sordos y mudos > 3.000 » 

Dos Directores de escuelas superio- 
res, c/u » 2.500 » 

Un ídem ídem ídem > 2,100 » 

Un maestro recibe » 2.400 * 

Nueve ídem ídem, cada uno . * . , » 2.100 » 

Tres ídem ídem » 2.000 » 

Un ídem ídem ídem , . . , , > 1.900 > 

Tres ídem ídem » 1.800 > 

Trece ídem ídem » 1.500 » 

Dos ídem ídem » 1.400 » 

Una maestra > 1.380 > 

Una ídem » 1.300 » 

Ocho maestros y trece maestraa . » . » 1.200 » 



1. CoxTMponde «1 Inapeetor Departuxurntal át Mionttvldm. 



[ITO] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



Cuatro maestros reciben cada uno $ 1.080 anuaks 

Treinta y dos maestros y doce 

maestras » 1.000 

Seis maestros > 960 

Seis maestros y cuatro maestras . • > 900 

Setenta y una maestras > 810 

Tres maestros y seis maestras ... » 800 

Tres maestros > 750 

Siete ídem » 600 



Así, pues, no sólo el término medio del sueldo de 
los maestros es superior en California, sino que la 
carrera ofrece allí un porvenir halagüeño a los maes- 
tros que por su inteligencia e ilustración sepan distin- 
guirse. Confirma esta demostración de lo elevado de 
los sueldos de los maestros el total empleado en ese 
rubro^ que figura en el siguiente Balance de las entra- 
das y gastos de la educación en 1867: 

RECURSOS 

Saldo del año anterior $ 

Total del fondo escolar recibido del 

Estado » 

Idem Sdem ídem ídem 

de contribuciones 

de condado ^ . . . . % 302.945.36 
Idem ídem ídem de 

ciudad » 292,773 » 



71.279.92 

268.910.84 

595.718.36 



}. Las contrlbuelones de condado y de ciudad^ corresponden 
A las contribuciones de Distrito destinadas a Bentaa Oenera- 
I« 3Bducaci6n en nuestro Proyecto, 



[171] 



JOSS PEDRO VARELA 



Total del fondo de distrito ^ $ 58.954.74 

Idem ídem ídem de variag fuentes ^ > 210,857.81 
Idem ídem ídem pupilaje y suscrip- 
ciones^ » 81.966.31 



Total de recursos S 1:287.687.98 



GASTOS 

Sueldos de maestros $ 696.110.28 

Terrenos, construcciones^ refaccio- 
nes, etc » 238.010.64 

Alquileres, combustible y útiles . . > 213.610.96 

Bibliotecas escolares > 10.125.10 

Aparatos escolares » 5.431.83 

Institutos de maestros» etc > 5.294.60 

Total de gastos hechos $ 1:168.583.41 

Saldo que queda para el año si- 
guiente » 124.339.98 



No tenemos cómo fijar las cantidades correspon- 
dientes en la República respecto a los recursos, por- 
que éslos se reciben del Presupuesto General de la Na- 
ción. En cuanto a los gastos y a los sueldos de los 
maestros, suponiendo que se ajusten estrictamente al 
Presupuesto sancionado para 1876, todas las Juntas 
Económico Administrativas, el personal de maestros de 



1. Las Contribuciones de Distrito corresponden a las con- 
tribuciones extraordinarias levantadas por los Distritos para 
construcción de casas, mejoras, etc., etc. 

2. Esta partida es tan crecida porque iigura en ella una 
cantidad de 190 995 pesos de bonos emitidos por la ciudad de 
San Francisco para gastos de construcción de nuevas escuelas. 

3. El pupilaje que se cobraba antes en California ha sido 
completamente abolido desde 1667 y ahora todas las escuela;^ 
son gratuitas. 



[172] 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



ta República, con sueldos, y todos los gastos hechos 
en la enseñanza primaria pública, serán en 1876: 

GASTOS 

2 Maestros» a $ 1.500 en el año $ 3.000 

10 * » » * 1.200 » » • » 12.000 

103 » » 960 »» * * 98.880 

2 » » » 840 » > » * 1.680 

158 » > » 600 * » 94.800 

22 Maestros a • . • . $ 480 en el año » 10.560 

1 » 360 » » » > 360 



298 maestros y maestras que reciben , » $ 221.280 

1 Inspector en Montevideo $ 1.800 

1 Secretario , , » 1,500 

1 Auxiliar » 600 > 3,900 



Alquileres de casas» textos y útiles ^ , . » 96.390 
Total de lo presupuestado en 1876 S 321.570 



1. Habriamos deseado establecer separadamente lo que se 
dedica a alquileres de casa, y lo que se emplea en útiles, tex- 
tos y menaje; pero sólo en el presupuesto de las Juntas del 
Montevideo y Soriano, figuran partidas separadas para esos 
dos rubros. — Ellas son: 

Montevideo.'-'Alquüeres de casa $ 58.500 

» útiles » 10,000 

Sorlano. — Alquileres de casa > 1.030 

» útiles > 400 

Tomando, pues, por base el término medio de la proporción 
que hay en esos dos Departamentos entre lo que se dedica 
a alquileres y lo que se emplea en útiles, y aplicándolo al 
total que figura en el Presupuesto de ia76> tendríamos que 
ese total ee descompondría del siguiente modo: 

Alquileres de casa $ 82.065 

Utiles y textos » 14.325 

Total $ 96.390 

Este cálculo es completamente engañoso, porque le sirve de 
base principal \o que se gasta en Montevideo, en donde se 
paga mucho más, relativamente, por los alquileres de casa« que 
en los otros puntos de la República, 

[173] 



JOSE PEDRO ViOUSLA 



Pot último, hemo» visto qtie «egúii los cálculo» del 
señor VaiUant, el gasto de la enseñanza de cada niño 
en las escuelas públicas es de 18 pesos al año. El gas- 
to en California es de 18 peso» 85 centesimos al año, 
o sea un poco más aún que entre nosotros, debiendo 
notarse además que había en California casas de ea* 
cuela por valor de 1:703.250 pesos, mientras que no 
hay en la República más propiedad escolar que el me- 
naje de las escuelas: lo que quiere decir que más de 
18 pesos 85 centésimog hubiera costado en Califomia 
la enseñanza de cada niño, si hubieran tenido que pa- 
gar alquileres como lo hacemos nosotros, por todas las 
casas que ocupan las escuelas públicas. 

Establecidog esos hechos que demuestran, no lo que 
hubiera podido hacer, sino lo que hizo el Estado de 
California en 1867, y demostrado por la comparación 
de cifras que la República Oriental tiene^ por lo menos, 
tantos elementos y recursos como ese Estado, llegamos 
a esta conclusión general; 

En las riberas del Pacífico hay un país joven, que 
ta crecido con extraordinaria rapidez en los últimos 
años; que tiene una extensión territorial de 188.000 
millas cuadradas, con 498.000 habitantes, y cuya pro- 
piedad personal representa un total de 200,000,000 de 
pesos: ese país emplea al año 1.389 maestros, mantiene 
1.083 escuelas, educa 75,253 niños y gasta 1:118.583 
pesos, obteniendo de diversas fuentes recursos que se 
elevan a 1:287.687 pesos; poniendo en práctica para 
obtener esos resultados un sistema de educación común, 
que ha dividido el país en 981 Distritos y 50 condados, 
con sus respectivas Comisiones e Inspectores, con su 
Comisión Central y su Inspector General. 

En las riberas del Atlántico, a la embocadura del 
Plata, hay un país joven también, que ha crecido con 



[174] 



LA UCGISLACIOK ESCOLAK 



más extraordinaria rapidec, que sólo ttene áe extensivo 
63.322 millas cuadradas^ con no menos de 500.000 ha- 
bitante y elevándose el valor de su propiedad terríto* 
rial a más de 300:000.000 de pesos. 

¿Por quéj entonces, no podría hacer el país que está 
en las riberas del Atlántico, lo que hizo el que está en 
las riberas del Pacifico? ¿Por qué no podría hacer la 
República Oriental en el año 1876 lo que hizo la Cali- 
fornia en 1867? Y sobre todo, si tenemos como garan- 
tía de éxito lo que ha hecho otro país que se encuentra 
en condiciones casi iguales al nuestro, ¿por qué no 
ensayaríamos nosotros el hacerlo también? 

No es con una pregunta que queremos terminar este 
libro, y menos aún, cuando esa interrogación puede 
hacer suponer, que, pagando exagerado tributo a la 
elocuencia de las cifras, estamos dispuestos a creer que 
nos bastaría quererlo para hacer surgir en la Repúbli- 
ca, como por encanto, un sistema perfecto de educa- 
ción común y un pueblo tan educado como el suizo, 
el alemán o el norteamericano. No; nuestro propósito 
al presentar estos ejemplos es sólo demostrar que es 
posible la realización de la obra que indicamos con 
nuestro proyecto de ley; peto, teniendo que pasar, na- 
turalmente, por un noviciado en el que mucho habrá 
de inexperto, de defectuoso^ de susceptible de ser me- 
jorado. 

Ni es posible suponer que se llegue desde el primer 
momento a una organización acabada, ni aspiramos 
nosotros a que sea perfecto el Proyecto de Ley de Edu- 
cación Común que presentamos. Líbrenos Dios de aque- 
lla suposición que seria errónea» y de .esta pretensión 
que sería ridicula. 

Si se adoptara el sistema, no llegaría a funcionar 
con entera regularidad sino después de algunos años 



[IW] 



JOSE PEDHO VAHELA 



de experiencia: cuando el pueblo que debe teijer en él 
una gran participaciónj se hubiese acostumbrado, y 
cuando se hubiera formado un personal competente 
para servir de núcleo, de cuadro veterano, a la orga- 
nización de esas legiones encargadas de transformar 
en un corlo lapso de tiempo la fisonomía social y po- 
lítica de la República. 

En cuanto al proyecto, sería un deseo enfermo aspi- 
rar a hacerlo perfecto: tiene que adolecer, forzosa- 
mente, cuando menos de los inconvenientes que acom- 
pañan a toda innovación llamada a ser puesta en prác- 
tica por la masa general de los hombres; y para adap- 
tarse bien a las exigencias peculiares de nuestro país, 
y aun a los progresos de la época en que vivimos, ten- 
drá que ir sufriendo constantes transformaciones. Des- 
conocen la ley de la perfectibilidad sucesiva de las 
sociedades humanas los que, en la legislación positiva^ 
aspiran a formular leyes inalterables, inmutables, eter- 
nas. No nos contamos nosotros entre ese número. No 
tenemos una confianza tan ilimitada en nuestras fuer- 
zas, ni en nuestros estudios, para aspirar a dar forma 
definitiva a las exigencias en materia de educación 
de nuestro país, y apenas si aspiramos a que nuestro 
Proyecto de Ley sirva de punto de partida y de centro 
que atraiga, después de convertido en ley de la Repú- 
blica, las miradas de todos los hijos del pueblo para 
irlo mejorando sucesiva y constantemente, a medida 
que se presenten nuevas exigencias a las que deba darse 
satisfacción, o nuevos inconvenientes que la ley no 
haya sabido evitar. Es así, transformándose^ corri- 
giéndose, amoldándose a las exigencias de cada época, 
que las leyes pueden tener vida activa, expresando con 
fidelidad las aspiraciones populares. Las leyes inmu- 
tables sólo sirven para figurar en los anales de la le- 



[1761 



LA LEGISLACION ESCOLAR 



gislación, ó para regir a puebloB también inmutablei; 
ésl09 están por crearse aún^ y si se crean no serán 

compuesto» de seres humanos, que tengan al menos 
las condiciones generales que distinguen a nuestra 
ra2a: el ser humano en su individualidad y en sus 
agregaciones, se agita, se transfoima, avanza, y aban- 
dona sucesivamente como inútiles los instrumentos que 
ayer le sirvieron y que hoy, por toscos e imperfectos, 
no se adaptan a las nuevas y crecientes exigencias de 
más civilizados procederes* 

No aspiramos, pues, a realizar un trabajo perfecto; 
muy lejos de eso: presentamos nuestro Proyecto de 
Ley de Educación Común, como resultado de algunos 
años, y no pocos, consagrados al estudio de las diver- 
sas cuestiones que se relacionan con la educación del 
pueblo, creyendo que ese proyecto es el que mejor 
puede aplicarse y con más ventajas a la actualidad de 
la República. 

Que así lo crean también los hombres públicos que 
dirigen los destinos de mi país y que en la práctica 
los hechos confirmen esa creencia, es el deseo más ve- 
hemente que puedo abrigar y que abrigo, como amigo 
de la educación del pueblo y como ciudadano orientaL 

FIN 



[1771 



APÉNDICE 



Cuando ya estaba en prensa este libro^ ae ha pu* 

blicado el Presupuesto de Gastos que ha puesto en 
vigencia para 1876 el Gobierno del coronel Latorre. 
Hemos creído conveniente condensar, en el cuadro 
que publicamos al fin de este volumen» las cifras que 
el Presupuesto destina a la instrucción pública. 

Resulta de ese resumen^ que sí los gastos se ajustan 
estrictamente a lo presupuestado, se empleará como 
total: 

En escuelas primarias $ 321,570 

Universidad » 22,200 

Biblioteca y Museo » 6,130 

Educandos por cuenta de la Nación en 
Europa, Brasil y Santa Fe . • . . > 5,280 

Total general .... $ 355,180 

El orden de los Departamentos en cuanto a la po« 
blación, queda establecido en el cuadro que publica- 
mos. En cuanto al número de niños en edad de es- 
cuela que hay para cada escuela presupuesta, el or- 
den de los Departamentos es el siguiente; 

1 Colonia 291 niños para cada escuela 

2 Canelones 296 » » » > 

3 Montevideo 342 » > » » 

4 Soriano 393 » » » > 

5 Maldonado 398 » » » ^ 

6 San José 409 » » > » 



JOSE PEDRO VARELA 



7 Tacuarembó 440 niiioa para cada escuela 

8 , Minas 477 > » í^ 

9 Florida 477 »» » 

10 Salto 554 »» » 

11 Durazno 585 > » » 

12 Cerro Largo 942 » » » 

13 Paysandú 1,028 * > 

Tomando por base los cálculos publicados por el 
señor Vaillant en 1872, la superíicíe territorial de cada 
Departamento y la densidad de población sería: 



1 


Montevideo 


772 kms.» 


148 hab. por km. 


2 


Canelones 


5,521 




7.24 


» > » 


3 


Colonia 


6,602 




3.53 


» > » 


4 


Soriano 


10,717 




2.38 


» » » 


5 


San José 


13,340 


> 


1,68 


» > » 


6 


Florida 


14,067 




1.52 


» P 3» 


7 


Durazno 


16,632 




1.23 


» » » 


8 


Minas 


17,102 




1.25 


> » > 


9 


Maldonado 


17,661 




1.57 


» » > 


10 


Paysandú 


25^40 




1.42 


» » > 


11 


Cerro Largo 


25,833 




1.27 


> » » 


12 


Salto 


27,863 




1.29 


> » > 


13 


Tacuarembó 


35,837 


» 


0.61 


» » > 



Suponiendo que la población se distribuyera exac- 
tamente con arreglo a la extensión territorial y que 
las escuelas se establecieran para responder por igual 
a todas las necesidades, los Departamentos seguirán 

el orden siguiente: 

1 Montevideo 1 escuela para 11.20 kms. 

2 Canelones 1 » » 20448 » 

3 Colonia 1 > » 412.62 » 



tlW] 



I«A LEGISLACION ESCOLAR 



4 Soriano 

5 San José 

6 Maldonado 

7 Florida 

8 Minas 

9 Salto 

10 Durazno 

11 Tacuarembó 

12 Faysandú 

13 Cerro Largo 



escuela para 



824.38 
1,212.72 
1,261.50 
1,563 
1,900,20 
2,143.30 
2,376 
3,583.70 
3,605.70 
3,690.42 



kms. 



Dadas estas cifras, es difícil averiguar a qué regla 
responde entre nosotros la formación de los presupues-* 
tos de educación. ¿Por qué, departamentos que son 
de log más ricos de la República, como Paysandú y 
Cerro Largo, de los más poblados y de los más ex- 
tensos, son, sin embargo, aquellos en que hay menos 
escuelas y en los que menos se gasta en la educación? 

Si en toda la República se gastara proporcional* 
mente a lo que se gasta en Montevideo, el total em- 
pleado en instrucción pública se elevaría a cerca de 
700,000 anuales; mientras que si se gastara en pro* 
porción de lo que se gasta en Cerro Largo, ese total 
descendería para toda la República a la miserable ci- 
fra de 88,000 pesos: la mitad de lo que se emplea hoy 
en el solo Departamento de Montevideo! 

¿Por qué se favorece a unos departamentos y se 
descuidan otros? ¿Por qué hay más escuelas aquí 
que allí, cuando es lo contrario lo que debiera suce- 
der? ¿Por qué Minas con 21,500 habitantes tiene 9 
escuelas, y Paysandú con 36,000 no tiene más que 7? 
¿Por qué Durazno con 20,500 habitantes tiene 7 es- 
cuelas y Cerro Largo con 33,000 no tiene más que 7 
también? 



I 181 j 



JOSE PEDRO VARELA 



Eatae cifras sirven» a nuestro juicio, para confirmar 
los opiniones que hemos emitido respecto a la inefi- 
cacia del sistema que, con respecto a la instrucción 
pública, rige actualmente en la República. 

Y no se crea que en la formación del Presupuesto 
de 1876 hay nada que sea digno de censura, por ser 
excepcional; muy lejos de eso; hay en ese Presu- 
puesto la misma falta de criterio, o más bien dicho, 
el mismo descuido en la distribución de las sumas que 
a la instrucción pública se dedican, que ha habido 
siempre. El mal no está en el Ministro que formó ese 
presupuesto, quien se ha' mostrado en otros casos ce- 
loso por la educación; está en nuestro sistema y en 
nuestros hábitos. 

No queremos concluir este apéndice que hemos 
agregado a nuestro libro, porque parécenos que han 
de ofrecer algún interés las cifras que presentamos, 
sin llamar la atención de los espíritus reflexivos hacia 
este hecho. 

Según el Presupuesto de 1876, y hace muchos años 
que sucede lo mismo, se gasta anualmente en educar 
en Europa y Santa Fe a diez o quince jóvenes, la suma 
de 5.280 pesos*, mientras que no se destinan más que 
6,720 pesos a la instrucción de 6.600 niños que hay 
en Cerro Largo: y se dedica anualmente al sostén de 
la Universidad, una suma que iguala a lo que se em- 
plea en instrucción en los tres departamentos reunidos 
de Minas, Durazno y Cerro Largo: es decir, que se 
gasta en dar los medios de adquirir grfituitamente 
una profesión lucrativa a 200 ó 300 jóvenes que son 
los que concurren a la Universidad, lo mismo que se 
gasta para responder a las necesidades de cultura y 
de instrucción de 15,000 niños! 



LA LEGISLACION MCOLAB 



Se cuentan por decenas y centenas los privilegia* 
do&: y se cuentan por millares j por decenas de mi- 
llares loa desheredados! 



FIN 



[1631 



oyiu epea 


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r^COi^C^i-lCs|C4M040(|Me^i-H 


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1-1 


321.570 


JOd SOIJTU 


^ lA co co ^ ^ 0\ o i/i 


1 






§ 1 


9p ojauiTi^" 


342 
296 
1.028 
554 
942 
398 
393 
291 
409 
440 
477 
477 
585 






VOCM rH ,-HrHr-irHr-, 


O 


9p IBlOi 


W CO C^' SO « ITS ^ '«f ^ 


88.922 




114.800 
40.000 
36,000 
36.000 
33.000 
27.863 
25.600 
23,S50 
22.500 
22.000 
21.500 
21.500 
20.500 


444.613 



co 
o 

H 
2